Por: Antonio José Monagas…
Toda realidad vive bajo los efectos de continuos cambios. El problema lo representa el carácter azaroso de los cambios que, de modo permanente, están dándose.
La situación mundial está en continuo cambio. No hay duda alguna de la veracidad de tan categórica afirmación. Lo que preocupa, no son exactamente las variaciones que las correspondientes movilizaciones inducen en los terrenos donde las mismas operan.
El problema lo representa el carácter azaroso, propio de los susodichos cambios. Particularmente, toda vez que los mismos degradaron el concepto de “desarrollo” tan profusamente pretendido. No sólo por causa de la dinámica política. Igualmente, por la movilidad que ejerce la economía. Pero también es por el clamor social acostumbrado a estremecer la naturaleza donde la política y la economía actúan de modo sostenido. Aunque en confabulación permanente.
La disposición de cada uno de dichos ámbitos, sólo puede posibilitarse en la medida en que la educación alcanza sus trascendentes objetivos. De manera que, luego de estimarse las dificultades que dicho proceso acarrea, resulta fácil inferir el grado de la importancia de la educación.
Una mirada holística a la situación
Los problemas que en ese trance se suscitan, comprometen la política. Incluso, mucho más que las implicaciones de la economía al mostrar su habilidad para integrarse a las competencias que exige la educación. Justo, es ahí donde la política exhibe su habilidad para ajustar los procesos educacionales a intereses políticos capaces de transfigurarse o enmascararse con los fines que impone una escuela adoctrinada. Así se posibilita una educación forjada por políticas ocasionales o improvisadas.
Tan urdido procedimiento, requiere de la capacidad de convocatoria y arreglo de las circunstancias inmediatas y mediatas al meollo del asunto tras el cual la política apuesta sus energías y malicias de todo género. Es el momento exacto para abordar un proceso enseñanza-aprendizaje complejo. Ya que, al auscultar las realidades sobre las cuales emergen las condiciones que afianzan procesos de desarrollo económico, político y social que tienden a comprometer el discurrir de sociedades enteras, tocan los problemas que obstaculizan la necesidad de concienciar el concepto y metodología de desarrollo. Este, entendido como fundamento de crecimiento y progreso.
Es justo acá donde se precisa comprender la impertinencia de supuestos compromisos de toda índole, por cuanto dificultan los objetivos trazados a instancia de los lineamientos de desarrollo establecidos políticamente. Es ahí cuando surgen problemas como los que esta lección política, busca analizar.
Problemas estos que desdibujan los esfuerzos que competen a las necesidades que invocan las premisas teóricas de “cultura política”. Aunque la brevedad propia de la disertación, sólo permitirá considerar los problemas que representan el conformismo y la humillación como atolladeros culturales que en efecto son. Además de la insidia que se da en medio de tan críticos atascos. Particularmente, ante intenciones políticas asumidas desde modelos de desarrollo inspirados en la contracción manipulada de una conciencia política que sería de necesario aporte al crecimiento y progreso de las realidades vigentes
Del conformismo y humillación
Segunda lección (De conformismo y humillación) Sobre conformismo podría decirse que sus consecuencias actúan en craso perjuicio de la libertad, como asidero de vida. Asimismo, la legitimidad. Esta, entendida como fundamento de la moralidad, del buen juicio y de honestidad. Es así que, si bien la libertad y la legitimidad funcionan como antítesis de la conformidad, sus condiciones se convierten en razones enemigas de sistemas políticos antidemocráticos. De ahí que todo sistema político que opere en contrario a las libertades y derechos fundamentales, está buscando premiar la conformidad. Pues en ella, consigue el mutismo necesario y la condescendencia forzosa, toda vez que fungen de cómplices de la intolerancia, del sectarismo y de la omisión que facilita la opresión propia de regímenes despóticos.
Es conocido que toda autocracia, dado su afán de sobreponerse a las circunstancias, indistintamente si lucen conciliadoras o resistentes a la opresión inducida mediante tácticas intimidatorias o represivas, es porque siempre anda en busca de la aprobación o asentimiento de esas facciones al momento en que actúan con desvergonzada sumisión. Por eso, muestran comportamientos resignados y pacientes ante las adversidades. Pero es como conviene a sistemas políticos autoritarios, pues en el conformismo hallan la subordinación requerida ante el descalabro causado por desarreglos reconocidos como mansos. Y que, por el apaciguado conformismo que exhiben, son aceptados dichos desarreglos.
De ahí la importancia del conformismo. Más, cuando persigue que muchos logren identificarse con la causa política cuestionada. Por eso, su manejo lleva a proyectar una imagen de una realidad con ínfulas seductoras. Aunque dicha imagen, percibida desde un horizonte cándido, pasará por admisible propiciando opiniones benignas e incapaces de asomar alguna sospecha de los problemas asfixiantes que oculta.
Razón tuvo Santa Catalina de Siena, para manifestar ante el conformismo de quienes, por mostrar una actitud conformista, debían arrastrarse pues así llegaban más lejos que los otros. Profería Santa Catalina: “¡Basta de silencios! ¡Gritad con todo gañote! Porque por haber callado, es que el mundo está podrido”
En otro orden de ideas, para hablar de humillación en esta segunda lección política, podrá comenzarse diciendo que es un modo bastante usual (sobre todo en política) de pisotear la moralidad del adversario.
Pero con el estruendo de la procacidad. Desde luego, sumada al maltrato que incita el despotismo aliado con el cinismo. No obstante, la humillación puede desafiarse o afrontarse sujetándose a la dignidad. Igualmente, aferrándose a la honra de sentirse actuando apegado a la honestidad. Más, cuando esta unión permite contagiarse de la humildad vista como que en ella encarna la verdadera grandeza.
El problema que padece quien humilla, es no comprender que tan vulgar actitud no lo hace más poderoso. Ser portador de un poder político sólido, no lo excusa de verse descubierto del carácter miserable que personifica. Menos aún lo exalta, como quien jamás podrá ser: o sea como centro del universo.
A modo de conclusión
Esta Segunda Lección Política busca poner a prueba de los lectores-asistentes a la lección la capacidad de conducirse entre los avatares de la política. Especialmente, entre las diferencias políticas incitadas por el poder dominante, indistintamente de la postura asumida al momento de reivindicar la ideología cursante, a fin de hundirlos en el más próximo barrial.
La presente Segunda Lección Política, trató las circunstancias en que se desenvuelven ciertas conductas políticas marcadas por el conformismo y la humillación. Como recursos narrativos, hay quienes buscan violentar toda oportunidad que permita favorecer opiniones que avalen posturas del poder dominante. Es un poco el ejercicio político del desprecio aplaudido sin razón alguna. Para ello, se apoyan en el rudimentario principio medieval que reza así: “Quien no piense como quien así lo presume mediante la ofensa dirigida, corre el riesgo de verse apaleado”. Hasta acá, esta Segunda Lección Política realizada a manera de reflexión. Por eso se intitula: lección política (conformismo y humillación)
“Cualquier evento forjado de alguna contingencia, pudiera convertirse en una lección capaz de desmontar alguna hipótesis «traviesa» elaborada sin el cuidado propio que debe revestir un hecho de trascendente magnitud. O de construir un postulado”
AJMonagas
15-12-2024
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