Pido la palabra: Libertades en ascuas

Por: Antonio José Monagas…

Al autoritarismo, no le conviene que niños y adolescentes aprendan a criticar. Entre sus intereses, está el de cercenar tantas libertades como sea posible restringirlas.

Deseducar inculcando miedo

Cualquier tiranía que abusivamente se arrogue “legitimidad de ejercicio y de origen, puede hundir las realidades en una oscura, pestilente y anegada fosa. Ello hace que los derechos humanos se conviertan en consideraciones riesgosas. Peor aún, peligrosas. Algunos refieren estos problemas como “deportes de riesgo”.

Aquellos preceptos que declaran la obligación de todo Estado democrático de garantizar a toda persona la libertad necesaria y suficiente para disfrutar de los derechos a los cuales pueda, necesite y guste acceder, parecen ignorarse. O que la persona que por oficio o por necesidad busque expresarse, sería acusada de perniciosa. Incluso, de perjudicial ante las instancias representativas de intereses gubernamentales. O de servicios sociales, políticos, culturales o económicos.

La libertad en la cultura política

A decir del matiz que los últimos tiempos vienen adquiriendo realidades regadas en el planeta, el derecho que supuestamente tiene toda persona “(…) a expresarse libremente de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión (…)” dejó de tener vigencia. Su disfrute resulta inconveniente a los ojos y entendimiento de muchos. 

Este problema, induce a que el miedo se haya tornado en el canal común mediante el cual las cosas tienden a verse peor de lo que son. Tanto así, que del miedo se ha hablado y escrito mucho. Por ejemplo, para el escritor irlandés, George Bernard Shaw, “el miedo puede llevar a los hombres a cualquier extremo’’. Para el poeta griego, Sófocles, “para quien tiene miedo, todo suena ruidoso y escandaloso’’.

No hay duda que en medio de las realidades políticas bajo las cuales muchos viven, el miedo provocado por el autoritarismo hegemónico que ejercen gobiernos en distintos países, ha logrado sembrar un pavoroso temor a la represión. Sin que ello pueda remediarlo la praxis de valores que históricamente se encuentran a lo interno de la ética y moralidad del individuo.

Otro lado del problema

El temor a que esas personas lleguen a ver reducido sus proyectos de vida, las ha convertido en individuos vulnerables a las intimidaciones infundidas mediante amenazas manipulables. O de coerción, según explicó el sociólogo y jurista alemán Max Weber.

Pero esta situación no se queda ahí. Esto significa que el miedo alcanza también a quien lo provoca. Porque el miedo, al igual que la Matemática, se rige por las propiedades de la suma toda vez que permite ciertas transmutaciones de rigor. Es el caso específico de que al miedo lo condiciona la propiedad asociativa y distributiva. Además, la propiedad conmutativa. O sea, aquella que explica que, si (A) es igual a (B), entonces (B) es igual a (A). Y esta correlación, aplica para referir al miedo que viven las partes implicadas en toda crisis.

Esto significa que todo poder que genera miedo, es afectado por sus mismas secuelas. Por tal razón, el provocador o agresor acude al uso de discursos de odio arrogándose de esa forma el derecho a ofender. Para ello utiliza arengas cuales canales de privilegio, de impunidad e inmunidad. Así se permite abusar del poder que en él despierta la apetencia, la envidia o el egoísmo. Además, sin moderación alguna.

El miedo en ambos actores

El recién fallecido economista español, José Luis Sampedro, infería que “gobernar creando miedo, es eficaz. Si usted amenaza a la gente con que los va a degollar, luego no los degüella, pero los explota, los engancha a un carretón, entonces pensarán: bueno, al menos no nos degollaron’’. Y si bien, esta situación induce alguna tranquilidad en el oprimido, igualmente está animando la sumisión. Y dicha sumisión se traduce en un tipo de gratitud, aunque viciado por la resignación que surge al asumirse la misma como subordinación condicionada por el miedo que genera.

En el fragor de los problemas que provoca el miedo, debe considerarse una ventaja muchas veces obviada.  Y es que quien lo padece, generalmente tiene a su favor el beneficio de alguna información que bien puede manejar en descargo del oponente o agresor. La misma, está basada en sus experiencias de vida como “individuo político o profesional’’. Y esa condición, otorga a la persona un poder. Pero que por culpa del miedo que padece, tiende a descartarla.

De hecho, esos condicionamientos forman parte de la formación que imparte la escuela, los liceos y hasta universidades sometidas y no-críticas. Es la vía por donde se hace posible inculcar el miedo al individuo. Por supuesto, como parte de la educación que recibe a través de procesos convencionales de educación, ya que es objetivo que persigue el autoritarismo cuando reforma programas de enseñanza-aprendizaje arbitrariamente. 

Deseducar inculcando miedo

No conviene a dirigentes empoderados que poco creen en la democracia, que la gente piense. Menos que se exprese con libertad. Menos aún, que escriba sin temor o en contrario a la censura limitante.

En fin, al autoritarismo, no le interesa que niños y adolescentes aprendan a criticar. Que cuestionen realidades que los afectará en sus vidas de adultos. Por tanto, puede inferirse que, a juicio de deformaciones como estas, no hay vía libre expedita en lo inmediato para escapar de las limitaciones que la opresión impone.

Sin negar que se tienen múltiples formas de expresión que reproducen y escalan ofensivas discriminaciones, tampoco luce plausible que el poder político, el cual no da por descontado el suficiente abuso para amenazar y reprimir, no reconozca su responsabilidad en lidiar con la complejidad que caracteriza tal situación. 

En conclusión

Los derechos a la libertad de expresión y a la no-discriminación asociados con la inclusión toda vez que se acoge al concepto de libertad, son razones que no forman parte del ejercicio político del autoritarismo y de los gobiernos que alcanzan a estructurar. 

Acá surgen dificultades y tensiones que enrarecen importantes principios que hablan en nombre de los derechos humanos y de las libertades. Precisamente, constituyen la razón del problema que se explica al dar cuenta que hay libertades atadas de pies y manos. Además, amordazadas. De ahí es fácil advertir que, bajo tan enrarecidas situaciones, deja verse el agudo y contradictorio problema al vivenciar libertades en ascuas.

“La libertad para el ser humano, es el disfrute que brinda el placer de vivir exento de angustias que inhiban el vuelo libre del pensamiento y la expresión”

AJMonagas