Pido la palabra: Merideña triunfadora

Por Antonio José Monagas…

La Biblia apunta que “hay un tiempo para cada cosa y un momento para hacerla bajo el cielo” (Eclesiatés, 3:1) Si bien esta reflexión invita a pensar que la vanidad en el ser humano conduce a olvidar la falta de sentido de su vida, también podría motivar a considerar que donde vive alguna ilusión o anhelo hay abierto -en alguna parte- un registro donde el tiempo se inscribe para luego suscribir los hechos.

Esta tesis merecería fundamentarse en la expresión de Tertuliano, padre de la Teología Cristiana latina, quien refirió que “el tiempo todo lo descubre”. Y en verdad, no hay otra apreciación que supere su razonamiento. Ahí cabría lo que sentencia Eclesistés cuando más adelante, en el mismo capítulo, versículo 7, describe “hay un tiempo para rasgar y otro para coser; un tiempo para callar y otro para hablar”.

De esta forma, adquiere sentido implicar a la mujer, como lo expresó Johann Wolfgang von Goethe, el más grande hombre de letras alemán. Dijo que la mujer “es la única ánfora que aún nos queda donde verter nuestro idealismo”. Pero también, para inspirar el recorrido de la vida en ellas.

Este breve preámbulo, vale exactamente para valorar la mujer que envolvió el pensamiento, las manos y la visión de vida de quien fuera “MamaDulce”, mi santa mamaíta, quien recién se despidió de este mundo, a los 94 años de sano ejercicio de vida. Partió, luego de haberse impregnado de pueblo a través del arte de sus telas coloreadas con sus hilos y fieltros. Y recubrir su corazón con la energía que exhalaban sus alumnos de preescolar. De ahí se ganó el hermoso nombre que siempre la caracterizó. El de “MamaDulce”.

De su apego al arte y al magisterio

Para parafrasear a José Miguel Monagas, su amado esposo, excelso maestro y profesor universitario, “MamaDulce” no aró en el mar. En el arte, consiguió convertir su pensamiento y voluntad en mensaje de optimismo. En realización de sus sentimientos y  espiritualidad. En expresión de cultura. Su vida la construyó en la transparencia que dejó ver a través de sus ideas apegadas al amor por la libertad, la justicia, la igualdad y el saber.

En el magisterio, “MamaDulce” suscribió la coherencia de la cual pendió su postura ante la vida. Desde el aula de clase, el Kínder “Tío Conejo” fungió como su templo docente. Fue su espacio durante más de treinta y cinco años. Desde ahí, se permitió exponer sus potencialidades contentivas de un hondo contenido social. Por eso, puede decirse que “MamaDulce” actuó como un activo agente de mejoramiento social y cultural. Entendía que la educación preescolar podía verse como la palanca capaz de afianzar valores en el plano de la preservación y mejoramiento de la sociedad.

Tan profundas cualidades, hicieron de “MamaDulce” una mujer de autenticidad única. Auténtica a carta cabal. De extraordinaria ternura. Su capacidad de cooperación le hacía exaltar virtudes que iban desde el cariño con el cual envolvía sus palabras, hasta el abnegado espíritu de trabajo por el bien común.

Su talante de maestra, afloró en “MamaDulce” una sorprendente condición de líder que aprovechó para inducir en quienes se acercaban a ella, la pedagogía del ejemplo. Así, pudo lograr el difícil equilibrio entre fragilidad y fortaleza para actuar en aras de darle el justo lugar a la función docente ejercida ante los numerosos niños de preescolar que fueron sus alumnos. Pero también, para con sus hijos, sobrinos y nietos.

Siempre fue detrás de sus sueños. Por muy alta que fuera la montaña que configuran las realidades, “MamaDulce” alcanzó la cima. Sabía encaminarse por la ruta que lleva a la cumbre. De esa forma, comprendió que sin oscuridad no se brilla.

De la resiliencia, obtuvo la ventaja que le permitió superar reveses y dificultades. Y es, lo que hoy le vale los méritos suficientes para reconocerla desde distintos horizontes. Especialmente, el que realza su criterio interpretativo con el cual le imprime sentido a sus telas de ensueño cuyos hilos y fieltros traducen de manera sencilla la compleja problemática contemporánea.

Cual estrella de fulgurante y propio brillo

Estas líneas transcritas con base en el amor filial, dan cuenta de la luz que la hizo brillar. Y de ahora en adelante, esa luz resplandecerá por siempre.

Que estas palabras infundan en la evocación de “MamaDulce”, la luminosidad que representa su ejemplo como educadora venezolana. Pero también, como mujer merideña. O como José Miguel Monagas la refirió. Exaltando su labor pedagógica en el aula o en el taller de costura lo cual hizo verla: “(…) como un trozo del alma de Mérida”.

Sus atributos como consagrada pedagoga de la vida, recalcan en “MamaDulce” la dimensión que mejor manifiesta la visión y condición que siempre exteriorizó. Es decir, una mujer profundamente en correspondencia con el devenir social y humanista de Venezuela. Del país que enfoca su historia en la atención de las libertades, la justicia, la tolerancia y la solidaridad.

Su actitud, sin duda, hace considerarla una merideña de especial significación para el pueblo de Mérida. Incluso, más allá de las fronteras andinas. Sus manifestaciones de vida como educadora, hacen verla como un referente para la educación preescolar venezolana. Un valor propio de estimarse en quien supo dignificar y reivindicar el papel de la mujer ante la convulsiva sociedad actual. Su vida implicó un mensaje que no muchos han entendido. Pues en él, reúne el sentimiento y la idea como blasón de crecimiento personal.

Sembrada en semillas de pueblo, ideas y corazón

“MamaDulce” asumió perfectamente el legado intelectual y emocional de su esposo José Miguel Monagas. Aunque pudiera pensarse que “MamaDulce” fue profusa fuente de inspiración del Maestro Monagas. No puede negarse que su palabra y su ejercicio de vida, fueron expresión pedagógica cónsona con estos tiempos marcados por la expansión avasallante del conocimiento y del saber relacionado con las presentes realidades.

En medio de tan exigentes contextos, donde coexisten necesidades e intereses con recursos, capacidades y compromisos, despunta la importancia de valorar la ética como la razón que fundamenta la idoneidad como factor edificante sobre el cual se acrecienta el ser humano.

En este sentido, debe reconocerse que “MamaDulce” bien se sembró como lo describió su esposo cuando aduce que “no ara en el mar, quien se siembra en semillas de pueblo, ideas y corazón”. Sin embargo, vale agregar que irradió su visión de vida en sus telas de sueño. En su labor educativa llevada a cabo en el  Kínder “Tío Conejo”. En el recuerdo que de ella albergará en sus alumnos. Y en la admiración de su familia. No hay duda que de “MamaDulce”, habrá mucho que escribir y pronunciar su papel de gran venezolana luchadora. O como exactamente fue. Toda una merideña triunfadora

“Cada vez que un maestro pone a prueba su pasión por formar actitudes de humanidad en el alumno, hace ver que su acción es un triunfo de la educación”

AJMonagas

21-10-2022