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lunes, junio 15, 2026

Pido la palabra: Nieves de infame Carmesí

Por: Antonio José Monagas…

La deserción del ex fiscal Nieves, es la apología de todo cuanto acontece al interior de un gobierno cuya revolución sólo ha servido para deshonrar la institucionalidad que manifiesta la normativa constitucional

 Una alud de nieve no sólo es la descarga de sedimentos en el curso de una pendiente por acción de la gravedad. Sus consecuencias, muchas veces, equivalen a las de una tragedia de impredecibles efectos. Pero también, su significación tiene acepciones que consiguen en la política un rico aluvión de interpretaciones una de las cuales alcanza a compararse con la hecatombe que ocurre como resultado de alguna decisión tomada al azar o por vía de razones absurdamente ideológicas que en nada se corresponden con valores morales. O con principios de Justicia y de Derecho que exhorten derechos humanos, actitudes éticas y reivindicaciones que afiancen el pluralismo político.

 El caso representado por la deserción del ex fiscal del Ministerio Público, Franklin Nieves, es la apología de todo cuanto acontece al interior de un gobierno cuya revolución sólo ha servido para deshonrar mediante acciones de vulgar corrupción, chantaje e impúdica malversación de los dineros públicos, la institucionalidad que manifiesta la normativa constitucional en términos de las atribuciones que por ley se confiere a organismos del Estado venezolano y a quienes lo representan en el plano económico y político.

 La intempestiva salida del abogado Nieves hacia tierras yanquis, si bien es expresión del remordimiento que tocó sus fibras más sentidas, toda vez que su capacidad de aguante alcanzó un nivel crítico que lo llevó al punto de inflexión inmediato al umbral de su resistencia emocional, igualmente su reacción responde a un estado de consciencia crítica al cual llegó luego de comprender finalmente la condición de asfixia política a la cual se ha sometido al país en razón del cuadro de anomia que está desatando graves revuelos al interior del oficialismo y en la militancia del propio partido de gobierno. Asimismo, en lo más recóndito de la sociedad venezolana puesto que dicha acción estremeció de molestia e indignación a quienes, convencidos del daño que estos cómplices de injusticias hacen a la praxis de la civilidad y moralidad, se enteraron del extemporáneo cometido. Sobre todo, de aquellos que viven en el exilio por causas enteramente políticas.

 Para el momento en que todo ello se produjo, el mal ya estaba hecho. El régimen había logrado su perseguido y malsano efecto. Y es que no sólo se trataba de la ignominiosa detención del dirigente político de oposición, Leopoldo López y los nefastos resultados alcanzados nacional e internacionalmente tanto a nivel político, como de índole social. Incluso, de razón económica. También se trataba de encubrir la desmedida corrupción que ha venido azotando al país, tanto como el nivel de violencia e inseguridad cuyo control escapó de las manos del régimen toda vez que, en principio, lo consintió al confundir importantes postulados de teoría económica. Particularmente, cuando no ha sabido comprender que el Estado ciertamente es un facilitador del desarrollo económico que procura crear condiciones que aseguren oportunidades de trabajo. Mientras que el mercado, confinado por políticas económicas asfixiantes, no tiene la capacidad de garantizar una distribución equitativa de algunos bienes y servicios esenciales para el desarrollo nacional. Es decir, en el fragor de esa crisis, resultó bloqueada la complementariedad entre Estado y mercado. De manera que en medio de tan profunda confusión, propia del populismo demagógico, no hay mercado que resista los embates de problemas inducidos por las equivocaciones declaradas y las carencias demostradas por el mismo gobierno.

 Luce pues un tanto contradictorio reconocer de primera mano que la pretensión del ex fiscal pueda tener el valor de un acto de constricción que se constituya en paradigma ante la política revolucionaria sitiada por intereses de perturbada pretensión. Más, cuando ésta sólo se plantea retrotraer al país a condiciones socioeconómicas y sociopolíticas que permitan el oscurantismo necesario a la movilidad de una revolución anacrónica. La deserción de este abogado, violador de derechos humanos, puede verse como el caso de una amarga novela negra intitulada: Nieves de infame carmesí.

“No siempre el fracaso de una ideología política, sabe enseñar a un pueblo a transitar por la senda de las libertades. Muchas veces, ni se entera del desastre. Debe entonces caer de nuevo para comprender que es tiempo de cambiar el rumbo”

AJMonagas

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