Pido la palabra: No murió en vano…

Por: Antonio José Monagas…

El recuerdo de Oscar Pérez quedará cual símbolo de perseverancia que en adelante comenzará a fraguarse en la conciencia de venezolanos también valerosos como ciertamente existen en toda la extensión de la Patria grande.

La condición política del hombre lo lleva siempre a superarse ante cualquier contingencia que se interponga en su tránsito por las circunstancias que la vida le trace. A pesar de la dificultades que allanan cada situación, esa capacidad humana se impone por encima de las realidades. Incluso, muchas veces, por encima de la razón. Sobre todo, cuando la persistencia domina sobre la necesidad lo cual es propio de la dinámica que se da en medio de una civilización no sólo en tiempos de crisis. Igualmente, en tiempos de cambios.

Sin embargo, lo más importante que de situaciones así puede devenir, sucede al momento en que se conciencia la trascendencia de lo que las mismas pueden dar como resultado. Entendido lo que de ello resulta, como componente de un proceso de transformación política, o de un proceso completo de adecuación social. Así suelen tamizarse o realizarse resultados de este género de eventos por cuanto salidas y posibilidades, se dan permanentemente frente a las coyunturas toda vez que se lucen como oportunidades capaces de sobreponerse a las susodichas situaciones. O igualmente capaces de aprovecharse en términos de los valores implícitos que inducen o estimulan.

Estas realidades, inexorables como todas, estremecen la vida misma pues en su naturaleza existen las fuerzas que pueden transformar las circunstancias en condiciones que persisten en el tiempo y en el espacio donde el hombre social y político suscribe sus acciones. Y exactamente, el ejemplo que de esta situación puede erigirse es el que dejó verse en la actitud de un hombre cuya edad ni siquiera superó la barrera de la segunda juventud.

La perseverancia de quien aprendió a rebatir las mentiras de un tirano y a combatir la brutalidad de un dictador, hizo que su vida marcara un rumbo hacia las realidades que ansían las libertades y los derechos a vivir según los postulados de la democracia.

Al mismo tiempo que cae Oscar Pérez herido de muerte por las balas de indecentes venezolanos facultados por la infamia de gobernantes embutidos en la crueldad y en la indolencia, expiraba su último aliento de valentía. Pero no así, sucedía con aquel pueblo que vivió, segundo a segundo, las inclemencias de tan sanguinario momento. Ese mismo pueblo ha adquirido el valor de la tenacidad para adoptar las ideas que movieron a Oscar a enfrentar a un régimen oprobioso.

En adelante, surgirán otros que al seguir las huellas de Oscar Pérez, sabrán hallar derroteros en cuyas rutas podrán dilucidar las obscuridades que han empañado las luces de un país anhelante de desarrollo, progreso y unidad. Y aunque otros sigan viviendo resignados y subordinados a las migajas de un socialismo embustero y rapaz, otros continuaran sus luchas por derechos y libertades. Derechos y libertades éstos conculcados por la maldad de un régimen que esconde su indignidad al reverso del ideario del Libertador Simón Bolívar.

A sabiendas de vivir en una Venezuela bajo absurdas contradicciones que la aproximan a convertirse en un país bizarro, las esperanzas de recuperar lo perdido configuran el fulgurante horizonte cuya visual permite otear las potencialidades que hacen del país un compromiso de desarrollo económico y social. Justamente ante lo que significa un país pletórico de fortalezas y oportunidades, particularmente, el recuerdo de Oscar Pérez quedará cual símbolo de perseverancia que en adelante comenzará a fraguarse en la conciencia de venezolanos también valerosos como ciertamente existen en toda la extensión de la patria.

Si bien no será nada fácil emular la capacidad de resistencia, tanto como la integridad, valentía y coraje de Oscar Pérez, no será entonces nada difícil asir a su recuerdo el sentido de entrega que supo brindarle a Venezuela en momentos en que las instancias de poder gubernamental revisten al país de luto, dolor, atraso, despojos y miseria. De manera que deberá reconocerse que Oscar Pérez no murió en vano…

“No muere en vano quien bien aprendió a vivir. O porque comprendió que las verdades del tiempo, constituyen los secretos bajo los cuales la tierra presta sus espacios para que cada quien cultive sus ideas y procure acciones que cimenten libertades y garanticen sana y estable paz»

AJMonagas