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lunes, junio 15, 2026

Pido la palabra: «País fuera de servicio»

Por: Antonio José Monagas…

La movilidad de un país es producto de la dinámica que logre su economía en virtud de las variables que sus factores lleguen a pulsar e impulsar.

La movilidad de un país no se mide por el tamaño de sus organizaciones. Tampoco se infiere por su música, Menos, por el proceso de elaboración y toma de decisiones que sigue el alto gobierno para demostrar su fuerza y grado de injerencia. Mucho menos, por la envergadura que alcanza la sociedad que lo configura. O por alguna otra manifestación propia de su contextura meramente social o cultural. Incluso, geográfica. La movilidad de un país es producto de la dinámica que logre su economía en virtud de las variables que sus factores lleguen a pulsar e impulsar. Tanto que, mientras su desarrollo económico tienda a rezagarse se verá impedido de enfrentar los más acuciosos desafíos que pueda plantearle la competitividad que los países tienen por delante en términos de su significación como razón de acicate y de aliciente ante realidades de naturaleza tanto exógena como endógena. De situaciones así, surgen los principales obstáculos para organizarse de cara a las necesidades de crecimiento, así como para articular sus expectativas desde el diseños de acertadas políticas públicas que conduzcan a prácticas consistentes dirigidas a fomentar un desarrollo económico coherente y sólido.

El dinamismo de una nación se encuentra marcado por causales determinadas por la sofisticación del mercado financiero y la consistencia que resulta del comportamiento macroeconómico. Al mismo tiempo, cabe considerar la eficiencia del mercado de bienes y del mercado laboral. Asimismo, la educación en todos sus niveles, tanto como la preparación tecnológica que reposa en manos de su sector industrial. Y por supuesto, la salud necesaria que estimule en su población la creatividad y la innovación como elementos de alzada de la economía de un país. De lo contrario, no vale discurso que pretenda vender una imagen de país que diste de sus realidades.

Venezuela, ya no es el país que una vez fue: un país reconocido y referido internacionalmente por organizaciones e instituciones dedicadas a observar actuaciones coincidentes o aproximadas a valores aceptados por niveladores de desarrollo económico. El socialismo intentado como sistema político y económico, condujo a agravar problemas, potenciarlos, encubrirlos y hasta distorsionarlos mediante insubstanciales cambios de denominación que sólo llevaron a obscurecer posibilidades y alternativas que pudieron servir a los fines de revertir el deterioro causado a consecuencia de las improvisaciones asumidas como criterio de gobierno.

El alto gobierno ha querido valerse de confusas excusas, con infundados argumentos, para fundamentar sus hipótesis elaboradas alrededor de una absurda “guerra económica” que ni siquiera alcanzó la categoría de “guerrilla” por lo trivial de su explicación. Siempre, elucubrada mediáticamente. Todo ello incitó a que la crisis se metiera, sin permiso alguno, en el hogar del venezolano. Indistintamente de su posición ideológica o del tamaño o forma de la vivienda.

A decir por investigaciones académicas, la población nunca ha creído que el tormentoso desabastecimiento, la vulgarizada inflación o la palpable escasez, son recursos de la oposición para derrocar al gobierno. Por lo contrario, ha comprendido que la causa de tal desastre es el modelo económico empleado bajo el mantra de la maltrecha “revolución bolivariana”. El ajado control de cambios, sólo ha sido útil para asfixiar a la economía nacional. Al extremo que el esquema cambiario establecido por el régimen a manera de solapada intervención, además aducido como única fórmula de finanzas pública capaz de seguir permitiendo la preservación del poder, devino en el mayor obstáculo al funcionamiento equilibrado de la economía nacional.

En consecuencia, el ingreso de la población se redujo con tal grosería, que la calidad de vida pasó a ser un problema de cruenta factura, cuya repercusión comenzó a demoler libertades y derechos humanos. Las fallas de una economía deprimida emergen por todos lados. Hoy, no queda un ápice de las realidades sin verse imbuido en la crisis que consume abominablemente a Venezuela. Por tal razón, puede decirse que ahora los venezolanos viven en un país “fuera de servicio”.

 

“Si el ejercicio de gobierno desatiende la demanda de factores políticos asociados a la dinámica de la economía nacional, corre el grave riesgo de distanciarse de objetivos

encaminados a cimentar la gestión pública sobre fundamentos capaces

de lidiar con la agobiante y aviesa incertidumbre causante

de serios golpes contra la gobernabilidad”

AJMonagas

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