Por Antonio José Monagas…
El francés Dumas, afirmaba que “por bien que uno hable, si habla en demasía acabará diciendo alguna necedad”.
Animado por la defensa de una tesis de moral social el novelista y dramaturgo francés, Alejandro Dumas, afirmaba que “por bien que uno hable, si habla en demasía acabará diciendo alguna necedad”. Tan rigurosa consideración, luce oportuna para aludir a un agobiante verbo político, propio de todo politiquero, casi siempre, construido sobre alabanzas a la gestión realizada. Pero parado en infamias e insolencias a sus opositores. De resto, “palabras van y mentiras vienen” como enamorando a una mujer que perdió su credulidad y confianza en su compañero por los desengaños sufridos y los maltratos padecidos. Particularmente, por culpa de un verbo nauseabundo y la acción violenta incitada por el osado “galán”.
En lo político-electoral
En el ámbito político, no podía ser de otra manera. Quizás con un toque de exageración deliberado. Pues la gestión de gobierno que cualquier politiquero habría procurado, a partir de desvergonzadas improvisaciones y atrevidas decisiones, habrían conducido escasamente a paliar problemas en medio de críticas situaciones que por doquier existen.
Porque entre problemas mal definidos y conflictos malentendidos, se desvanecen los esfuerzos aludidos como parte de un proyecto de gestión política que, en el plano electoral, apenas pudo haber servido para convocar la voluntad de una comunidad que dejó manipularse por “cantos de sirena” que pretendieron justificar, mediante groseras perturbaciones, el vigente Estado de Derecho. Más aún, un Estado de Derecho entendido como la base fundamental de una sociedad “democrática” que pretendió actuar con base en lograr y rendir una activa participación.
El problema en el curso de las actuales realidades
La arenga presidencial de las últimas presentaciones y declaraciones de prensa, ha estado repleta de manifiestos indecentes. Tan atropellada oratoria, derivó en un proceso de regresión política por el cual se retrajeron las esperanzas de quienes, en anteriores sufragios, argumentando la potestad que la soberanía popular concede, le brindaron el apoyo al régimen a través del “único” mecanismo directo de participación política. Tal como es el voto.
Todo ello, ha sucedido en Venezuela pese a haber sido dicha situación objeto vulgarizado de repugnantes manipulaciones que insólitamente acomodaron a quienes se aprovecharon del poder en beneficio personal. Ello así ocurrió, lejos de quienes en verdad llegaron a necesitar justificadamente el apoyo económico necesario para resarcir serios problemas.
Por dentro del gobierno, desorden y conflicto
El “populacherismo” que ha caracterizado la actual gestión de gobierno, por más “revolucionario” que haya pretendido ser, ha buscado acicalar una veleidosa convergencia entre el poder militar y el poder civil. No obstante, su riesgo –más allá de la ideología “bolivariana” que pudo sustentar el moribundo proyecto político de la grotesca V República, contribuyó a generar un inmenso temor hacia afuera y una desesperación hacia adentro del gobierno, que apenas permitió un menguado ingreso de capitales al país en comparación con la legítima transferencia de divisas de otrora. Pero que hoy, castiga a una economía de infundados criterios y volubles decisiones.
En conclusión
La efervescencia de un populismo acentuado por efecto de una extraña “globalización” política, y por el ascenso al poder político de una cerrada clase de (ex) militares afectos al Ejecutivo Nacional, más por razones afectivas que de razón, desvirtuaron la palabra empeñada.
Tanto fue así, que no se respetó “ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario” Como refiere el léxico popular. Sobre todo, cuando ganar genuina adhesión no ha significa alcanzar compromiso alguno capaz de apuntalar una capacidad de gobierno con el suficiente empeño para evitar que el país se haya ido por el despeñadero más cercano.
Más ahora, cuando las realidades electorales que circunscriben el evento político-electoral anunciado para Julio próximo, de no ganar la fuerza de la verdad representada por quien arrasó en la elección primaria de octubre 2023, demostrarán nuevamente cómo funciona el burdo criterio populista de cómo “palabra, mata voto”.
Especialmente en el fragor de procesos electorales donde para resarcir el rostro al país, aunque por algunas horas, de seguro habrá logrado imbuir al país en escenarios que se caracterizan por la cruda realidad en la que “palabras vienen y mentiras también”.
“La praxis política en lo que refiere el proselitismo, invita a utilizar un lenguaje que poco es representativo de un verbo depurado. Como si de esa manera se conquistan mayores espacios políticos”
AJMonagas
17-03-2024



