Pido la palabra: Patriotismo de “puro cuento”

Por Antonio José Monagas…

Alejarse de quienes emplean el tiempo en repetir que son “patriotas, es preciso. Pues son aquellos que viven del patriotismo, asumido como consigna sin fondo, pero a sabiendas que reporta lucrativos beneficios.

El concepto de “patriotismo” se ha prestado para interpretaciones que denigran del significado que lo asocia con emociones, sentimientos y actitudes que no siempre se corresponden con el contenido particularmente político que su acepción envuelve. Su definición se ha tornado manipulable, dado el juego de consideraciones en que ha sido comprometido.

Y no es para menos. Fundamentalmente, debido a la frivolidad de la cual la narrativa política se ha valido para seducir ilusos vacíos en el fondo de la teoría política. Pero que son convertidos   en operadores furibundos de ideologías que sirven de vehículo y recurso complaciente al manejo de intereses políticos coyunturales.

De manera que no exageran quienes hablan de un “falso patriotismo” o patrioterismo, expresión ésta que adquiere sentido cuando intereses políticos buscan allanar el espacio que sus apetencias y voracidades plantean como objetivos a ser alcanzados a como dé lugar.

De ahí que del concepto de “patriotismo” se escuchen decir, y con alguna razón, frases críticas que, desde luego, suenan duras. Por ejemplo, del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, se recoge aquella que dice: “todo imbécil que no tiene en el mundo nada de lo que pueda enorgullecerse, se refugia en el patriotismo (…)”.

Quizás, tan categórica expresión conmovió a Constancio Vigil, escritor y periodista uruguayo, para afirmar que había que alejarse presurosamente de quienes emplean el tiempo en repetir que son “patriotas”. Pero que finalmente viven del patriotismo de los demás.

¿Qué oculta el patriotismo?

Pocos han reconocido que debajo de tan manidas situaciones, el autoritarismo gobernante busca controlar al colectivo gobernado mediante tácticas masivas tendentes a reorganizar y manipular los sentimientos y conductas de la población. Para ello, las direcciones de esos regímenes tiránicos plantean una especie de acoso intimidante del cual se valen para reprimir silenciosa y encubiertamente. Por lo tanto, se permiten actuar con la misma crueldad que la procurada mediante métodos ortodoxos: con violencia de por medio.

Al final, la población se entrega sumisamente a las disposiciones del tirano las cuales acoge sin mayor resistencia. Aun cuando, luego de algunos escarceos, esa población logra alcanzar ciertas victorias. Pero son tan mínimas, que no son advertidas a los ojos de la colectividad. Mucho menos al pensamiento y razonamiento del resto de la población. Sobre todo, de la población de mayor deficiencia política, o de menos cultura política.

Este resultado, equivale a la anulación de la conciencia en quienes lucen más vulnerables a las amenazas del tirano. Es un tipo de crimen modernizado que, según el Estatuto de Roma, en su artículo 7º, califica como crimen de “lesa humanidad” por cuanto califica como “persecución” pero realizada con tecnología social de la más novedosa generación.

Es descrita, como “privación intencional y grave de derechos fundamentales en contravención del derecho internacional en razón de la identidad del grupo o de la colectividad”. (Véase artículo 6º, Estatuto Roma). Aunque es toda una población la que resulta abatida por tan despiadada práctica. Y la misma, se llama “genocidio”.

¿Qué decir de Venezuela?

Tan horrenda intención, en cuanto a lo que respecta Venezuela, atenta contra el derecho de toda persona “a la libertad de conciencia y manifestarla (…)” (Artículo 61 constitucional) Igualmente, al derecho constitucional de expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz o por escrito (…)” (Artículo 58).

De tal forma que la propia Carta Magna venezolana, establece preceptos que, a pesar de las contradicciones protagonizadas por la conducta del régimen político, son indicativos del propósito de incitar una convivencia en libertad que coadyuve al logro de un equilibrio entre razones políticas, sociales y culturales. Pero eso queda en meras palabras.

El régimen venezolano no ha abandonado la intención de intervenir la actitud del venezolano para así afectar su espíritu y pensamiento mediante un patrón solapado de perniciosas acciones. De ello puede deducirse, que el régimen se ha preparado para actuar en la vía de tan siniestra dirección. En consecuencia, se hizo de un paquete ideológico de mecanismos que pretenden la perversión del venezolano en provecho de ideales sectarios, egoístas y funestos. Es la base procedimental del “socialismo del siglo XXI”. Así funciona.

Se tiene pues que la ridícula idea de haberle dado forma electoral a un Referéndum Consultivo dirigido a “contrariar lo contrario” con eso de “reafirmar lo afirmado” en el plano histórico, deja desnudo al régimen en su pretensión de llenarse de razones y valores que, moral y políticamente, no las ha tenido. Ni ahora, ni antes.

¿Entonces?

De modo que cualquier excusa del régimen venezolano para recobrar un derecho perdido por causa del error político de presumir de ecuánime, magnánimo y espléndido, pisoteando la soberanía que según el artículo 5º constitucional, “(…) reside intransferiblemente en el pueblo el cual la ejerce directamente en la forma prevista en la Constitución y en la ley (…)”. O sea, supeditada al ejercicio democrático. Lo contrario, no tiene sentido ni consistencia alguna. Ni tampoco, armando una absurda componenda a instancia unilateral. Además, toda Venezuela sabe que la intención del régimen apunta a otra dirección.

Entonces, ni modo. ¿O se retrocede el tiempo cronológico? ¿O se piensa en una decisión favorable sancionada y respaldada por la Corte Internacional de Justicia? ¿O acaso el problema ciertamente es otra expresión del grado de degradación y desvergüenza a lo que los personajes del régimen oprobioso, advenedizo y usurpador, han llevado a Venezuela?

No hay otra manera de asentir tan patética situación con la claridad que las alcahueterías lo han permitido. Lo absolutamente evidente, es exactamente que la realidad nacional protagonizada por el resentimiento de sus personajes y el afán de ocultar su hipocresía, es que el país está ante un disfrazado, iluso y, sobre todo un patriotismo de puro cuento.  

“Toda práctica de autoritarismo, busca seducir actitudes y razones del gobernado

con narrativas políticas que terminan siendo meras sandeces.

El patriotismo, es una de ellas”

17-12-23