Pido la palabra: ¿Quién sale perdiendo?

Por Antonio José Monagas…

Acá explosiona el problema que evidencia el exceso de poder que pone al descubierto el perverso manejo de intereses que busca favorecer los intereses de la cúpula del régimen.

Cuando el poder se ejerce con odio, se pierde la objetividad entendida como capacidad para buscar el equilibrio entre la causa y la razón. Decía Alice Herz Sommer, profesora de música académica, que “el odio se come el alma del que odia, no del odiado”. Lo mismo sucede con la violencia. Aunque ésta embiste y devasta todo cuanto se ha construido en pos de la dignidad y la libertad del hombre. Es un problema que lo origina cuando el poder que se detenta, está impregnado del abuso que le es propio a su ejercicio desmedido. 

Es el problema que caracteriza toda situación gobernada por la avaricia que contiene el poder. Sobre todo, por el poder entendido como conspiración contra la moralidad y los valores políticos. Y cuya manipulación, hace que la vida se convierta en un lugar de dolor.

Es peligroso estar próximo al poder cuando es pésimamente encausado. Es el mismo problema que vive Venezuela a consecuencia de las medidas que pretende el régimen aplicar. Ello con el objetivo de torcer el rumbo de la democracia. Y abombar el ejercicio de la política en función de umbrosos y tenebrosos intereses. 

Lo acaecido por causa de los excesos cometidos en algunas alcabalas controladas por efectivos de la Guardia Nacional “Bolivariana”, en el curso de los acontecimientos que vistieron de tragedia importantes zonas del Valle del Mocotíes del Estado Mérida, es demostrativo del poder constituido en actos de violencia. Sostenidos estos, en la hegemonía ejercida a través de las decisiones adoptadas por el régimen político. 

Las torrenciales lluvias caídas a consecuencia del mal tiempo originado por inesperadas inclemencias atmosféricas en la región, hizo que la geografía del referido Valle, que asienta a Tovar, Santa Cruz de Mora y poblaciones  aledañas, se viera estremecida. Fue así como caudalosos caudales de crudos torrentes de agua, golpearon la placidez andina. El deslave provocado provocó serios daños de todo tipo. Particularmente orográfico, habitacional, familiar y personal.

Inmediatamente, la solidaridad de la población se volcó a apoyar el llamado de auxilio de la población afectada. La labor de la Iglesia Católica, respondió de primero al invitar al país a  brindar la pertinente ayuda humanitaria que a bien fue emprendida a nivel del territorio nacional. Aunque la sociedad civil igualmente se organizó junto a empresas privadas nacionales e internacionales. La organización CÁRITAS, de la Iglesia Católica, se abocó diligentemente a recabar la ayuda humanitaria necesaria. Debe reconocerse que el país completo respondió al llamado de la Iglesia. Incluso, la respuesta sobrepasó las expectativas. 

Dicha ayuda debió obedecer una logística que requirió de manos solidarias encabezadas por algunos obispos, sacerdotes católicos y líderes sociales. 

Precisamente, acá explosiona el problema que evidencia el exceso de poder que pone al descubierto el perverso manejo de intereses que busca favorecer los intereses de la cúpula del régimen. Más, por el hecho que (equivocadamente) representa el acercamiento de un proceso político-electoral convocado para Noviembre próximo.

Es cuando, al momento de franquear las caravanas con la ayuda humanitaria, las alcabalas administradas de manera envalentonada por personal militar, surge al problema que dispara las alarmas sociales, religiosas y culturales del país. La ayuda humanitaria es retenida e impedido su paso hacia las zonas del desastre. La notica se riega velozmente haciendo que la población se enardezca ante el atropello cometido contra las caravanas lideradas por la Iglesia Católica.

El régimen se hace de oídos sordos ante las protestas que las redes sociales dejaron ver en su momento. Sin embargo algunos militares, sesgados por falsas lealtades pretenden entender que organizar cualquier ayuda de razón humanitaria es un asunto exclusivo del poder político. Pero siguen sin advertir que su presencia en problemas de orden civil, es razón que sigue anudando el desprestigio ganado al confundir el honor como divisa con el terror como recurso de represión. Además, sembrada bajo amenazas, garrotazos y disparos (al aire de los pulmones). 

A todas estas, vale preguntarse ¿quién habrá perdido más? Si acaso es la trinchera que abriga las arbitrariedades de un régimen acobardado ante su incapacidad. O es la conciencia de venezolanos que, desde donde se encuentren, responden con humanidad y solidaridad el llamado de los suyos. Al final, saben que hay un lazo de sociabilidad que al vincularlos a todos, está convirtiéndose en el factor social-político-cultural sobre el cual se deparará la consolidación de una Venezuela más democrática. Y de esta lucha de apreciaciones cabe la interrogante, de todo este entuerto político que acarrea graves tambaleos a nivel nacional, ¿quién sale perdiendo?

“Cuando la solución está por detrás del problema, cualquier intento de resolverlo deberá situarse antes que el problema tome otra forma y oculte lo que podría estar a la vista”

AJMonagas

19-09-2021