Por: Antonio José Monagas…
Hay consideraciones que llevan a comprender la “política” en un sentido desfigurado. Aunque inmoderado, según lo que su exacta esencia exige.
Comprender la frase: “sin concepto no hay política”, obliga a internarse en la epistemología de la política. Aunque en principio, la idea resumida en la locución “sin concepto no hay política”, busca poner de bulto la fatuidad demostrada por instancias gubernamentales elegidas por aproximación o por error. Estas, sin mayor conocimiento de lo que envuelve el concepto de “política”, no dejan de incurrir en seguidos errores y omisiones que solamente hacen que otras decisiones se desvíen del rumbo formulado o pronunciado.
Eso sucede porque en la oscuridad de la ignorancia y apelando a la inminencia de evitar una confrontación político-partidista que siendo “cuchillo para su garganta”, termine sancionando decisiones equivocadas y aparatosas. Particularmente, presumiendo actuar bajo el principio de ecuanimidad, valores de moralidad, ética política y criterios democráticos.
Lo que sí resulta perfecto, es cuando la sumisión y subordinación que vergonzosamente caracteriza el discurrir o decisiones políticas elaboradas bajo improvisación funcional, la hacen blandir con la mayor hipocresía ante “símbolos patrios”. También bajo latosos argumentos. Así los integrantes de las mismas, se empeñan en continuar manipulando con medidas presuntamente democráticas. Pero encubriéndose bajo el propósito de seguir sintiéndose inamovibles del poder. Por consiguiente, permitir manejar realidades a sus anchas. Tener sometido a grupos y colectividades enteras, mediante la validación de estupideces y arbitrariedades de toda índole.
Ejemplos de tan desvergonzadas decisiones, dan curso a rimbombantes desviaciones. En consecuencia, se encandila la visual adoptada al momento de otear realidades políticas acercándose al peligroso punto de inflexión hacia donde, reflexiones políticas pronunciadas al azar, tuercen el rumbo del país político.
Objetivo a disertar
El problema que esta disertación busca revelar, es de catastrófica magnitud. Más aún, luego de dar cuenta de actuar sin advertir que la política -generalmente- se realiza a instancia de decisiones tomadas sin una exacta consideración de las causas que luego provocan situaciones calamitosas que afectan el desarrollo económico y social en el contexto público. Así es el problema que reviste la política en su comprensión y praxis.
El ejercicio de la política, no es tan sencillo como pudiera parecer. La política no debe obedecer al dictado de las emociones. Tampoco, a meras intuiciones. Mucho menos, a presunciones autoritarias o totalitarias inspiradas en un pensamiento militar o policial. Aunque por momentos, las contradicciones suelen reproducir las líneas asumidas equivocadamente por tan cuestionada manera de entender la política.
Estas dificultades, han llevado a numerosos gobiernos a ver cuánto golpean las crisis. Especialmente, toda vez que sofocan realidades políticas, económicas y sociales. El hecho de presumir el oficio militar tal como lo indican las leyes y principios políticos, cívicos y morales, no garantiza ningún mecanismo cuyos efectos permitan ordenar los problemas que comprometen el desarrollo de una nación. Menos, si alguna de tan zarandeadas naciones es víctima de opresión militar o policial.
Estas realidades que, de modo apesadumbrado, atraviesan diversas realidades, dan cuenta de un comportamiento social cuya razón política, responde a lo que en teoría política se conoce como “política en un sentido conflictivo”. Es decir, la política ejercida como “actividad conflictiva”. Tal cual ocurre en múltiples sitios. Habida cuenta de que, en medio de tan controversiales situaciones, los ciudadanos ajustan (a “contramarcha”) sus vidas políticas. Es lo que ha permitido interpretar la cultura política.
Insuficiencias en el concepto de “política”
Esa comprensión de política, ha animado un comportamiento social asociado al poder. Es decir, una conducta animada por la posibilidad personal de actuar a instancia de determinaciones asociadas a lo emocional. Dicha reacción, asumida como respuesta individual ante una situación que requiere una acción categórica e inminente basada en el poder y en la razón, complica el concepto de política. No sólo al constreñirlo. Igual, porque -sin duda- lo debilita. Especialmente, al relacionarse con significados ambiguos de “cohesión”. Asimismo, de “consideración”, “solidaridad”, “respeto”. O sea, deriva un concepto que poco o nada resalta el “consenso o cooperación”. Lejos de considerar la inclusión. Incluso, en la realidad, la política no se advierte cómo debería ser.
Todo ello, hace comprender “política” en un sentido desfigurado. Aunque inmoderado, según lo que su exacta esencia concibe. O considerando la pluralidad humana como factor de inspiración. Así se asienta, la obligación de considerar el conflicto de acuerdo a cómo y cuánto perjudica los intereses públicos.
La naturaleza de esta interpretación, exige al ejercicio de la política una ineludible vinculación entre lo político y lo público.
Sin embargo, esta comprensión de la política pareciera desconocer los límites establecidos por valores en los que descansan derechos y libertades. Por eso, no es sencillo ejercer la política al margen de reconocer la diferencia entre individuos. Sus implicaciones. Aunque acá debe contarse la participación como conditio sine quo non de la política (Hannah Arendt)
¿Escapar de limitaciones que confinan la política?
Pero aún así, las realidades a que incita el oscurantismo político y países apegados a culturas militaristas o policiales, motivan contradicciones que hacen confuso el ejercicio de la política. Problemas, particularmente, que ocurren cuando se disponen relaciones de poder que avivan medidas que engrosan o exageran relaciones de mando y obediencia. Específicamente, en el terreno en que se establecen conflictos entre grupos sociales. Mayormente, por causa de bienes colectivos escasamente reconocidos. Además, que el desconocimiento que se tiene de los mismos, dificulta la posibilidad de cultivar valores que tiendan a hacer de estos bienes, fundamentos de política en el pensamiento del colectivo nacional.
Estas insuficiencias dificultan un ejercicio del poder carente de un debido sentido de moralidad, ética y dignidad. No obstante, podría preguntarse si quienes detentan el poder, ¿están en capacidad y a conciencia de ejercerlo, procurando siempre un ejercicio de política acorde con lo que concierne al concepto de pluralismo humano?
De manera que, al revisar el ejercicio político sujeto a concepciones militaristas o policiales, hace que la idea de esta disertación conduzca a dar cuenta de controversias y desafíos derivados de un ejercicio de política desfigurado en su esencia. Esto ha sido un problema mayúsculo, amparándose en imposiciones que desvirtúan su capacidad de motivar libertades. Por eso oye decirse que hacer política sin la reflexión que es necesaria a su comprensión, no edifica. Sólo constriñe y destruye. De ahí que cabe el aforismo popular que reza: “sin concepto no hay política”.
“El concepto de política ha sido muy zarandeado dado el infinito número de concepciones. Muchas provocadas al voleo. Y es donde, las realidades se tornan confusas”
AJMonagas
08-03-2026
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