Pido la palabra: Tiempo de vida

Por Antonio José Monagas…

(In memoriam del Profesor-ULA, Armando Rondón Rangel)

Y como quiera que la tristeza suele ser pasajera, aun cuando deja una huella indeleble, despedir de la vida -a quienes se marchan- es como abrazarse al recuerdo que suscribe la amistad, el compañerismo o la consanguinidad.

Todo ser humano llega al mundo a pendular sobre el prodigioso espacio que la vida le concede. Como bien refirió la voraz pluma del filósofo, historiador y ensayista británico, Thomas Carlyle, quien fuera rector de la Universidad de Edimburgo (Escocia), en su obra: la Teoría del Gran Hombre, “(…) la historia del mundo no es más que la biografía de los grandes hombres”.

Y como quiera que la tristeza suele ser pasajera, aun cuando deja una huella indeleble, despedir de la vida a quienes se marchan es como abrazarse al recuerdo que suscribe la unión que establece la amistad, el compañerismo o la consanguinidad. Sobre todo, cuando el eco de un “adiós” sigue resonando en los sentimientos y emociones que habitan en los profundos parajes donde reposa la intimidad humana.

Un testimonio que habla del difícil momento que se siente cuando el ciclo de vida de un ser apreciado culmina su recorrido, es el tributo que se rinde -indistintamente- de la forma realizada. Al final de todo, la tristeza se convierte en un trozo de poesía que, en la interioridad del alma, pone de relieve la gratitud que cada palabra condensa y refleja como si fuera una bendición.

José Armando Rondón Rangel, escritor y artista

Vale este prolegómeno para apuntar la figura del amigo de muchos: José Armando Rondón Rangel, quien de súbito se despidió de esta vida luego de pernoctar días y noches, entre sueños e insomnios, proyectos y realizaciones, escritos y pinturas, cuentos y relatos, crónicas y anécdotas, los maravillosos instantes que plasmaron su vida personal, familiar, social y académica.

Describir aquellos momentos de conversación con Armando Rondón, era como pasearse por la placidez de un mundo fantasioso que sólo su capacidad de enhebrar pasajes de vida, podía destacar. Aunque algunos tópicos lucían entretejidos en la jovialidad que su sonrisa reflejaba. Escuchar cada relato que salía de la boca de José Armando Rondón Rangel era descubrir en él la singularidad que su origen de recio merideño, dispuso la naturaleza.

Incluso, bastaba con leer algunos de sus escritos o análisis que su sapiencia, sumada a la picardía que heredó de su primera juventud, evidenciaba del mundo que cultivó su pensamiento. Entre otros, su libro publicado por Talleres Gráficos Universitarios con el auspicio del Vicerrectorado Administrativo de la Universidad de Los Andes, Crónicas y Anécdotas, (2012) es la evidencia palpable de que tan lúbrica era su imaginación. Especialmente, cuando de remembrar la naturaleza variable de la vida humana, se trataba.

En la investigación académica

Y qué no decir de su vida académica. Más, cuando lució sus habilidades académicas como profesor-investigador en la Escuela de Ingeniería Forestal y Escuela Técnica Superior Forestal, adscritas a la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales de la Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela. En ella, alcanzó el mayor escalafón académico que la institución otorga a sus docentes más destacados.

Particularmente, actuó como jefe de la Cátedra de Botánica. Asimismo, del Laboratorio de Fitomorfología, Editor Asociado de la Revista Forestal Venezolana. En fin, Rondón Rangel asistió como profesor de Pre y Postgrado en distintas instituciones dedicadas a estudios e investigaciones propias del mundo botánico.  

Y tal como escribió Porfirio Barba Jacob en su poema: “Canción de la Vida Profunda” la vida del Profesor José Armando Rondón Rangel, fue la emulación del primer verso cuando canta: “hay días en que somos tan móviles, tan móviles, como las leves briznas al viento y al azar (…)”. Sin embargo, hay otros en los que “(…) el alma gime bajo el dolor del mundo, y acaso ni Dios nos puede consolar (…)” Pero más adelante, declama el poeta colombiano, que hay también “(…) un día en que ya nadie nos puede retener”.  Es decir, la auténtica estampa de la representación de la vida.

A modo de epílogo

Sin duda, la vida humana es variable a lo cual nadie puede modificarla a gusto propio. Solamente, es la naturaleza ordenada desde el Cielo. Aunque a decir de lo que fue la vida de Armando, el tránsito que vivió el apreciado y recordado Profesor-Ingeniero, sobrepasó caminos del arte, exquisitos conversatorios que denotaban su gusto por la tierra que lo vio nacer.

El duelo no es olvidar. Tampoco dejar de nombrar a quien partió de esta vida. Es aprender a recordar a esa persona, aunque el tiempo transcurra lento o rápido al ritmo de una normalidad que a veces luce cruel e indolente.  

De manera que recordar a Armando, tal cual mostraba su espiritualidad. Tanto como la visión del mundo que sus afectos y razones le hacían comprender, sabrán endulzar el alma para así amainar la nostalgia. Ciertamente, los trazos que dibujan a José Armando Rondón Rangel, dejan ver quesupo disfrutar su tiempo de vida.

“Mientras más presuroso se percibe el tiempo, su aprovechamiento

comprende más fructuosa la vida”.

 AJMonagas

23-08-2026

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