Por: Antonio José Monagas….
El régimen convirtió a Venezuela en un laboratorio de ocasión para ensayar patrones de ignorancia y rutinas de barbarie medieval.
El gobierno venezolano insiste en hacer política al peor estilo chapucero. Quizás está creyendo que esa manera de manifestarse, lo acerca más al pueblo. ¡Craso error! Si algo se ha logrado con el tiempo, ha sido concienciar al venezolano de la burla de la cual ha sido objeto por parte de altos funcionarios que no entendieron que gobernar es cada vez un problema más complejo. Y en democracia, aún más.
La Teoría Política, en ninguno de sus postulados o fundamentos, habla de “sacudón”. No forma parte de su léxico. Menos, para validarlo como instrumento de política de Estado. Por lo contrario, tal expresión luce como razón de ordinariez. O de todo evento dominado por la intrascendencia o la insignificancia que puede caracterizar lo chocarrero o vulgar de una situación. O la carencia de la vergüenza necesaria que signa la cultura política y la ética pública. Sin embrago, el régimen convirtió a Venezuela en un laboratorio de ocasión para ensayar patrones de ignorancia y rutinas de barbarie medieval.
Pretender la transformación del Estado venezolano, no resulta de arreglos que toquen el discurrir del alto gobierno. De reacomodos exiguos o vacíos de contenido significativo que comprometa más que un simple discurso. Además, de verbosidad incapaz de demostrar hilaridad en propuestas estratégicas. Cualquier intención de reformar al Estado, debe pasar primeramente por un proceso de educación política que pulse la conciencia y sentimientos del empleado público, Más, cuando se ha comprobado que el nivel de conocimientos sobre ciencias y técnicas de gobierno de este personal que supera los dos millones y medio de venezolanos, es realmente patético. Luego, por un proceso de sensibilización y motivación al logro que modifique conductas que rayan en el sectarismo, el revanchismo y la intolerancia.
Suponer un “sacudón” a manera de adelantar “una revolución dentro de la revolución”, es por una parte revolver más aún el desorden que viene horadando la democracia, cual plaga de carcoma en estado de larva. Por otra parte, es decretar la anulación de toda posibilidad de desarrollo al obstruirse libertades y derechos fundamentales sobre las cuales se erige una economía transformadora, una política constructora y una sociedad creadora.
Remozar, reformar o renovar el Estado venezolano, no es cuestión de enunciados. Ni tampoco, de jugar al gobernante majadero que sólo busca endilgar aforismos de vieja data, además infructuosos de cara a las exigentes realidades actuales. Más allá de mitos y dogmas fútiles, una reforma del Estado, como se requiere, no puede ser producto de ningún “sacudón”. Menos aún de corte bobalicón o socarrón, como en efecto resultó ser el emplasto decretado con base en remociones, nombramientos, fusiones y creaciones que a ningún lado llevarían al país. Salvo, dejarlo más atrás que antes. Tanta improvisación gubernamental, ha conducido al debilitamiento profundo de la democracia. Particularmente, debido al interés de que la crisis política que se padece lleve a posturas fáciles de solapar con presencia militar. Presencia ésta incapaz de comprender los avatares de la política. Sobre todo, las necesidades del desarrollo económico y social que confronta el país.
Un Estado sin capacidad para otear la incertidumbre y sin fuerza para gestionar un loable devenir, tropezará con crudos obstáculos que reducirán drásticamente sus posibilidades de encarar propuestas de crecimiento y bienestar. Mientras la necesidad de actuar a favor de una mesurado reforma del Estado no encuentre una respuesta cónsona con las exigencias en pendientes, toda solicitud en esa dirección terminará dificultando la democracia necesaria tanto como sus procesos de soberanía, consenso y legitimidad. Más aún, si los problemas que surgen del desencuentro político pretenden desconocerse, como en efecto sucedió de un sacudón que no fue.
“Cuando un país enfila su destino hacia un abismal desastre, es porque sus gobernantes están sometidos por la ruindad de espíritu. La pobreza mental, la inmoralidad y la indolencia, allanan sus sentimientos. Sobre todo, la visión que tienen del futuro”
AJMonagas


