Por: Antonio José Monagas….
Luce contradictorio advertir el curso de las decisiones a partir de las cuales se ha deparado el manejo de la educación de cara a lo expuesto por la Constitución de la República.
El descontento está colándose por cada uno de los poros de la piel social del país político. Las decisiones gubernamentales, han atizado el fuego que hierve la violencia en todas sus manifestaciones. Las medidas tomadas, asumidas con resentimiento y marcada represión, trancaron el juego necesario de la política. De la política entendida como el arte de dispensar el mayor bienestar posible que determine las circunstancias bajo las cuales la vida adquiere sentido y dirección. Sin embargo, el Ejecutivo Nacional venezolano siguió errando en su visión de política. Optó por constreñir las posibilidades propias de la praxis democrática utilizadas para compensar los flujos de críticas y demandas cuando estos exceden los límites del control social asumidos para mediar entre las distintas posturas que rechazan el estilo coercitivo aplicado por el gobierno central en momentos de efervescencia.
La educación, al igual que otros objetivos de desarrollo económico y social como el crecimiento, la distribución del ingreso, el ordenamiento urbano o la conservación del ambiente, se han visto desplazados por coyunturas asediadas por intereses focales. Ya decía Bolívar que “un ser sin estudios es un ser incompleto”. Tanta importancia le concedió al proceso educativo y fue tal su influencia sobre los valores morales, que también expresó que “la educación y la instrucción pública son el principio más seguro de la felicidad general y la más sólida base de las libertades de los pueblos”.
Sin embargo, las realidades políticas impulsadas por el gobierno nacional dan cuenta de la grotesca mentira que ha significado el hecho de invocar el ejemplo histórico de Simón Bolívar a manera de referencia constitucional. Es así como a pesar de haberse declarado al país como República Bolivariana, o de aludir a la gestión pública como el resultado de lo que puede alcanzarse de una “revolución bolivariana”, poco ha servido haber apostado al ideal bolivariano. O más aún, nada se ha comprendido la enseñanza de Bolívar en cuanto a la importancia que le otorgó al concepto de “Educación”, Concepto éste que inspiró su verbo y determinó sus actuaciones ciudadanas.
Por otra parte, luce contradictorio advertir el curso de las decisiones a partir de las cuales se ha deparado el manejo de la educación de cara a lo expuesto por la Constitución de la República. Particularmente, cuando explica que para establecer una sociedad democrática, las determinaciones gubernamentales deben pasa por “la construcción de una sociedad justa y amante de la paz” lo cual indefectiblemente compromete a la educación.
No obstante, la educación viene siendo objeto de un franco debilitamiento que si bien no se observa a instancia de la promoción que adelanta el gobierno con el auxilio de medios de comunicación manipulados, censurados o conminados, puede aprehenderse de la dinámica que viven las instituciones educacionales. No sólo la universidad autónoma se ve apaleada por un presupuesto menguado que además la tiene confinada entre los resquicios de una democracia abreviada por un militarismo atorrante. La escuela está igual o peor. Los anuncios providenciales de nuevas creaciones escolares, programas educacionales, promesas que enmarañan índices cuantitativos y cualitativos, anuncios sobre nuevos ingresos docentes y de incrementadas matrículas, empeoran las acusaciones de las cuales busca descargarse el propio Ejecutivo Nacional a consecuencia del mal aspecto que presenta el sistema educativo escolar. O como dice el refranero, “el tiro le salió por la culata” a propósito de pretender al arreglo de procesos administrativos con la impertinente excusa de una alevosa “unión cívico-militar”.
Si a esta situación se agrega la racha de una crisis financiera, exaltada por los efectos de una aguda recesión económica, no hay duda de que los resultados serán aún más adversos a despecho de quienes viven el sueño de una Venezuela no sólo libre de analfabetismo. También, un país con conciencia de desarrollo, afán de crecimiento y ávido de conocimientos. Más no, apocado en el tránsito de un socialismo que no va más allá del propósito solapado de animar una educación deslucida. O simplemente de convertirla en una educación extenuada.
“Cuando un gobierno no entiende a la educación como objetivo puntal de desarrollo, está apostando a la involución de la nación bajo su responsabilidad”
AJMonagas


