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viernes, junio 12, 2026

Pido la palabra: Una explicación política de la crisis económica

Por: Antonio José Monagas…

Venezuela constituye un interesante caso de estudio dado el grueso de contradicciones que han desvirtuado la naturaleza de la política en su concepción

La estrecha ligazón que se establece entre la economía y la política, dada la naturaleza social de ambas realidades, ofrece sobradas razones para explicar, en esta oportunidad, los intríngulis que condujeron a precipitar las efectos de la crisis de Estado que tiene atrapada a Venezuela. La disertación que versó sobre “Una explicación económica de la crisis política”, motiva ésta que, sin duda, deberá complementar el enfoque primeramente esbozado en aras de la importancia del problema, tanto como por la necesidad de transitar teoréticamente por el reverso de la delicada situación por la que, contradictoriamente, cruza el país.

En principio, cabe decir que todo problema social o económico tiene una explicación razonada en la teoría política. Ahora bien. Según la Teoría Económica, cualquier problema que acontezca alrededor de toda situación, no puede violar la Ley del Valor de acuerdo a la cual toda mercancía, sea un producto o servicio, adquiere la utilidad que la circunstancia le confiere en virtud del trabajo que ha requerido su preparación o elaboración. Sin embargo, según la Teoría Política el valor que ostenta la mercancía no es un problema de razón exclusivamente económica. La elaboración de cada producto o prestación de cualquier servicio susceptible de ser transado, compromete la formación de valores morales en la comunidad trabajadora lo cual deviene en un mayor o menor apoyo ciudadano al proceso de reconocimiento y afianzamiento de la identidad sociocultural propia de la región o país.

En este sentido, Venezuela constituye un interesante caso de estudio dado el grueso de contradicciones que han desvirtuado la naturaleza de la política en su concepción. Peor aún, el comportamiento de la economía en su utilización. De manera que los efectos de tan marcado entuerto, desdibujaron objetivos de crecimiento económico y de bienestar social del mapa trazado electoralmente, previo al arribo al poder de la opción liderada por el finado presidente de la República. Cuando la dirigencia política afecta al gobierno, alcanzó el máximo dominio al lograr la abolición de la autonomía de los poderes judicial y legislativo poniéndolos al servicio del Ejecutivo Nacional, comienza a desplomarse la institucionalidad democrática generándose de esa forma graves transformaciones en la correlación del poder y sus mecanismos de elaboración y toma de decisiones. Ello dio lugar a la formación de relaciones inmorales en los cuadros gerenciales de la administración del patrimonio nacional. Asimismo, de cambios en los esquemas de apuntalamiento político, que ante otras condiciones, son acogidos a instancia de reconocidos procesos de configuración del desarrollo económico y social de toda nación que presuma de democrática. Ello derivó en la preparación y aprobación del adefesio según el cual el régimen ha pretendido replantear el arreglo del país para lo cual se valió de la orientación del mentado socialismo del siglo XXI que presupuso la imposición del inaplicable “Plan de la Patria”. Además, basado en falacias.

La crisis económica que padece Venezuela, además de ser absoluta expresión de políticas públicas impropiamente elaboradas e improcedentemente concebidas, es un tanto consecuencia de razones relacionadas con la miopía que intereses políticos coyunturales han irradiado hacia decisiones económicas. Sobre todo, porque el régimen siguió focalizado en objetivos enteramente políticos: permanecer en el poder a costa de todo. Así ha jugado con un déficit público persistente, un forzado financiamiento crediticio que derivó en una inflación desproporcionada y su validación desde el lado monetario. Estos problemas limitaron al bolívar como función de “reserva de valor” en desviado favor de actividades especulativas que instaron la adquisición de bonos públicos y la fuga de capitales. El ejercicio de una política prisionera del populismo dominante, estimuló una “irracional exhuberancia fiscal” sostenida por el incremento de la deuda pública interna, que a su vez presionó el alza de las tasas de interés y el crecimiento del endeudamiento externo y su vinculación con el tipo de cambio. De manera que reordenar tanto desorden de la economía venezolana, terminaría por obligar al régimen a reconocer su talante de haragán, pero bajo una particular acepción de política. Que sin duda, le complicaría más aún la gestión de gobierno hasta ahora pretendida. De alguna forma, esta disertación se ha esbozado a manera de presentarse como una explicación política de la crisis económica.

“Si la política entiende los pormenores de la economía, ¿por qué los dirigentes políticos en funciones de gobierno se distancian tanto del propósito tantas veces aludido en torno a considerar sus implicaciones a fin de hacer del país un Estado democrático y social de Justicia y Derecho?” AJMonagas

 

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