Pido la palabra: Viviendo bajo una tiranía

Por: Antonio José Monagas…

Lo que está viéndose en Venezuela, no escapa de esta apreciación por lo que no es equivocado calificar la realidad política nacional de “tiranía” al mejor estilo de las que permitieron épocas crudas e implacables.

Muchas veces los conceptos confunden dado que hay acepciones que tienden a solapar consideraciones asignadas a realidades diferentes. La dinámica lingüística, infundida por la movilidad social y la velocidad de circunstancias políticas a instancia de necesidades de todo orden, obliga a que ocurran permutaciones del lenguaje. Pero no siempre, coincidencias de esta naturaleza se suscitan con la premura que marcan los problemas que se dan en el marco de una situación en particular, como en efecto puede calificarse lo que vive Venezuela políticamente, a consecuencia del caos político-administrativo y político-ideológico que tiene aturdida a su población y abismada al resto del mundo. Especialmente, aquella de pensamiento y actitud consustanciada con la democracia.

A decir por las precisiones que toca la teoría política de cara a las nuevas realidades, no deben verse sinónimos los términos: dictadura y tiranía. Posiblemente, la interferencia con el concepto “despotismo”, pudiera devenir en lo que la jerga, equivocadamente, tiende a comprender. Sin embargo, cabe hacer varias aclaraciones para evitar que siga repitiéndose que Venezuela padece una dictadura, cuando lo que la atosiga es una tiranía. Por ejemplo, la dictadura es una situación de fuerza, al igual que lo que sucede en el ámbito de una tiranía. Pero existen variables que separan dichos conceptos que marcan la diferencia entre ambas situaciones.

Entre otras consideraciones, debe reconocerse que debajo de una tiranía no se esconden ni tampoco se disfrazan argumentos con los cuales se vale un régimen político para ejercer la represión como recurso de su acción o gestión gubernamental. No obstante, la dictadura, pudiera no contenerlos como elementos de razón política. Pero aún así, de tenerlos, sería mediante trazados de leyes o alguna normativa dirigida a reivindicar condiciones de presunta seguridad. O mejor dicho, para algunos pocos pues el valor “igualdad” no encaja con realidades de este tenor.

En medio de una tiranía, el régimen no se toma molestia alguna para encubrirlos con la justificación legal que arguye según la coyuntura o intereses en manejo. Y de tomarse tan hipócrita medida, lo hace sin recato o consideración alguna pues sus medidas son frontales. O mejor dicho, viscerales toda vez que en tiranía el régimen político no escatima el uso de la represión y la violencia mediante la fuerza de las bayonetas para alcanzar lo que a primera vista encuentre con su socarrona mirada de depredador o carroñero de la política.

Lo que está viéndose en Venezuela, no escapa de esta apreciación por lo que no es equivocado calificar la realidad política nacional de “tiranía” al mejor estilo de las que permitieron épocas crudas e implacables. Lo que hoy define al régimen venezolano, superó cualquier evento político cometido a la distancia histórica. Sólo podría compararse con el salvajismo de regímenes despiadados que con horror y perversión, azotaban sin medir consecuencias la institucionalidad que ha buscado razonarse con base en objetivos delineados por postulados democráticos. Además, construidos a merced de necesidades que sólo son activadas por las pautas ideológicas aducidas por el desarrollo económico y social del cual se ha valido la democracia para garantizar políticas de libertad. Y en tiranía, realidades que se planteen alrededor de dichas consideraciones democráticas, son asumidas como parte del cuento que le sirve a cada discurso del tirano para engañar voluntades y angustiar sentimientos. De manera que esta explicación tiene cabida en estos momentos afrentosos que vive Venezuela. Por todo lo referido arriba, puede decirse, aunque con profunda pena y dolor que el país está viviendo bajo una tiranía.

“Vivir bajo una tiranía es vivir forzado, bajo presión, a merced de la incertidumbre y sometido por las inclemencias de la opresión que castiga sin contemplación y continuadamente”

AJMonagas