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martes, enero 13, 2026

Por la calle real: Feria del libro universitario 2015

Por: Fortunato González Cruz…

Organizar la Feria Internacional del Libro en medio del desastre nacional es un acto heroico y así, como héroes, deben calificarse a los integrantes del equipo que lidera José Antonio Rivas Leone. Toda la Universidad debe acompañar este esfuerzo que coloca la palabra escrita y el conocimiento en primer lugar, como corresponde a la institución emblema de la ciudad y albacea de su herencia cultural y científica.

No habrá muchos stand, ni grandes novedades editoriales, ni contará con la presencia de escritores internacionales, ni estarán los libros de los últimos premios Nobel, ni Cervantes, ni Leonardo Paduras podrá salir de Cuba y venir a Mérida. No habrá libros editados fuera de las fronteras venezolanas ni escritores extranjeros porque el país apenas tiene dólares para medio dotar a sus mercales y la sus neoburgueses. La ruina empieza por el conocimiento, la ciencia y la cultura porque los protagonistas, populistas rabiosos, hacen alarde justamente de su ignorancia.

Pero allí estarán los libros de nuestras editoriales, de las de Mérida y Venezuela que comparten méritos de resistencia, y de las diversas dependencias académicas que ayudan a nuestros investigadores y escritores a publicar sus producciones. Los frutos de un esfuerzo colectivo intelectual que es la razón de ser de la Universidad, alimentado por el ansia de saber de sus estudiantes y el empeño de sus profesores.

Estará allí el espíritu ecuménico de la Universidad Venezolana, porque tendrá espacio la literatura oficial como muestra de la universalidad de la FILU, que abre sus espacios a quienes lo cierran al pluralismo, y también como ejemplo de una literatura gobiernera y trasnochada que no termina de curar con dólares el sarampión de su izquierdismo, otrora de cafetín y hoy de los bares de Andorra y otros paraísos fiscales donde ya no leen sino estados de cuenta.

La FILU es un homenaje a la dignidad académica y un casi postrero esfuerzo de sobrevivencia de un país que se nos hunde en el estercolero. Apoyar la FILU, ir allá a pasear por sus pasillos flanqueados de sabiduría, participar de sus tertulias, encontrarse con amigos, compartir la palabra, apostar por un país que tiene derecho al conocimiento y que sabe que la mejor forma de construir futuro está en el uso del cerebro y en la exacta expresión por la palabra.

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