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sábado, junio 27, 2026

Por la calle real: Sobre el cuidado de la casa común

Por: Fortunato González Cruz

Con esta hermosa frase titula el papa Francisco su primera encíclica, y la primera frase “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba» pertenece a San Francisco de Asís. Luego de dos citas bíblicas, Francisco cita en su orden a Juan Pablo II, a Paulo VI, a Benedicto XVI y al patriarca ecuménico Bartolomé, arzobispo ortodoxo de Constantinopla. A partir de allí lo demás; es decir, se trata de un planteamiento integral, teológico y filosófico que desde allí llega a la política, a la ciencia y a la tecnología. El concepto de madre tierra está en el imaginario indígena que ve a la tierra como una madre, un ser que da vida y amor. Nada de complicados argumentos técnicos, es sencillamente amor a lo San Francisco: “El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.”

Vuelve el papa a San Francisco para ya no desprenderse de su discurso sencillo, hermoso, tan cargado de amor y tan profundo. Es por ello que el documento plantea una ecología integral como lo recuerda la frase siguiente: “En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.” Esto último: “paz interior” obliga a distinguir entre la ecología como actitud ética y el activismo político ecologista como negocio y también como tendencia a la humanización de los animales que tiene una expresión mucho más patológica en la animalización del ser humano.

Pese a cierto tono recriminatorio, la carta es optimista como lo revela esta frase: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar….La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común.” Destaco que se trata de un “desafío urgente” y este “aún” que acentuado es un adverbio de tiempo que equivale a “todavía” que revela angustia por el tiempo que transcurre y el creciente deterioro de la tierra.

El documento sigue el método jesuítico de “ver, juzgar y actuar” porque luego de los principios se divide en capítulos para constatar cómo está la casa, como se ve ésta y la responsabilidad de los seres humanos desde el Evangelio, para concluir con una propuesta de ecología integral que incluye lo ambiental, lo económico y lo social. El documento señala unas líneas de orientación y de acciones concretas y asigna un papel determinante a las instancias locales y a la educación. Concluye con una hermosa oración.

Apenas se avanza unos números se descubre un manantial en el que habrá que beber mucho tiempo. No es para apurar los tragos sino para degustar cada frase, el uso preciso de cada palabra, el mensaje global y los detalles de una de las más trascendentes lecciones de la Iglesia Católica en estos tiempos en que se demanda más profundidad y solidez. Volveremos sobre este tema. Por lo pronto una invitación a leerla y ya habrá tiempo para organizar lecturas dirigidas y asumir compromisos y tareas concretas.

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