Es tan triste y deprimente la historia que estamos escribiendo en este momento oscuro de nuestro país. Son tantos los dolores morales y materiales que nos aquejan que, en verdad, provoca ponerse a llorar, y si esto resolviera en algo la terrible situación, serían ríos de lágrimas los que bañarían nuestra tierra. Nos preocupa el gravísimo problema de las universidades y centros educativos en general.
La falta de transporte público es una calamidad, una tragedia que sufren todos los merideños, día a día, peronuestros estudiantes la pasan muy mal porque deben llegar a sus casas de estudio para asistir a sus clases, presentar sus trabajo y exámenes. Afortunadamente, la ULA con un gran esfuerzo puso a funcionar algunas de sus antiguos autobuses, blanco-azules, aliviando en algo el viacrucis de los muchachos. Las rutas, bien establecidas, dan el mejor servicio que las limitaciones y la obsolescencia de las unidades, les permiten. Y cuando por fin, después de sortear muchos obstáculos, los alumnos logran llegar a su salón, el profesor, no está, tampoco, comunicó su ausencia y todo el esfuerzo está perdido. Es por esa razón, que una bella joven estudiante de Arquitectura dijo: Yo les pediría a los profesores que, si por algún motivo no van a poder llegar a clases, nos avisen. Ahora hay tantas redes sociales, que no se justifica,la falta de notificación y tengamos que perder el tiempo y las energías tratando de llegar a una clase, que no veremos.
Entonces,” Profe, si no va a poder venir, por favor, avise.
La estudiante tiene toda la razón, un profesor se debe a sus alumnos. Sabemos que nadie escapa de esta crisis, pero el respeto a la labor, y más a una tan noble como la enseñanza, debe prevalecer, aun en circunstancias adversas. Se impone la solidaridad en cada una de nuestras acciones.
Los jóvenes que se están quedando en Venezuela para continuar con sus estudios, son heroínas y héroes y merecen toda la consideración que su decisión de permanecer, acredita, Están siendo sometidos a privaciones inimaginables en un país que lo tenía todo. Ahora comprar un cuaderno, un lápiz o algún libro es una misión imposible por los altos costos de los mismo. Renovar su vestuario, o comprar productos de aseo personal, no puede ni pensarse. Comer… ¡es que ni una empanada!, y en el caso de la ULA, el comedor sufre de los mismos problemas del país: falta de recursos, escasez de alimentos, y robos descarados de los pocos productos que adquieren. Sin embargo, algún alimento recibe los muchachos que atiendenallí.
Los que conocieron la Mérida estudiantil en épocas doradas, sienten nostalgia al recordad los muchachos y muchachas que, por miles, colmados de alegría, entusiasmo y sueños en sus morrales, acudían a escuchar las clases de profesores, quienes orgullosos de sus saberes, impartían sus conocimientos con excelencia. Hoy la soledad, la tristeza, el temor, la inseguridad se han adueñado de los espacios que antes estuvieron repletos de luz, color y risas. La deserción del personal, el “yo me voy”, de algunos estudiantes” los salones casi vacíos carentes de los anhelos de nuestros jóvenes por procurarse un futuro promisorio, eso se acabó.
Y todo esto sucede ante la mirada indolente de un gobierno, que empeñado en una revolución que ya no se comprende, envuelto en una diatriba política y querellas internacionales, no se ocupa de solucionar la ingente cantidad de dificultades que están destruyendo a la nación.
Como dice el escritor Leonardo Padrón “Patria o muerte, dijeron, y perdió la patria.” Porque una nación sin colegios, universidades, liceos, difícilmente crecerá y dará frutos.
Arinda Engelke.


