¡Pura Vida!

La agente de migración esbozó una sonrisa contagiosa y cándida, mientras la adrenalina del viajero se disparaba a niveles estratosféricos; porque arribar a la tierra del ¡Pura Vida!, por fin se hizo realidad.

Tras varios países visitados, por primera vez sintió que pisaba un territorio que no le era ajeno. Difícil de explicar la sensación, pero lo que sí era evidente, es que el aeropuerto tiene una atmósfera plácida, con el colorido y frescor de la tierra tica y que convida a vivencias auténticas que solo el costarricense puede obsequiar.

Luego de recoger la mochila en la cinta transportadora, consultó a un policía sobre la parada de autobuses más cercana y que lo trasladase al centro de la capital. No estaba distante de la salida y a los pocos minutos un colectivo Alajuela-San José apareció.

El conductor saludó con un espontáneo y genuino ¡Bienvenido a Costa Rica!; su mostacho apenas dejaba asomar una sonrisa de comercial de dentífrico y que a partir de ese momento sería común en cada rincón del país.

Por el bulevar transitaban cientos de personas, algunas aprovechando la quincena para ir de compras al mercado central y disfrutar una taza de café en los locales que ofrecían productos 100% orgánicos y cultivados bajo sombra en bosques.

A un costado de la Plaza Morazán se ubicaba el bed & breakfast recomendado por ser bueno, bonito y barato. En su interior un jardín modesto y acogedor invitaba a deleitarse con ejemplares de la literatura universal y costarricense; mientras la fuente de agua hacía las veces de piscina a una pareja de ruidosos colibríes.

Durante las exploraciones de la segunda jornada y regresando de la estación de ferrocarril al Atlántico; un cartel publicitario llamó poderosamente la atención del viajero, pues se anunciaba para esa tarde un festival de bandas noveles.

En las postrimerías de la tarde, un caudal de jóvenes se agolpaba en la entrada del Centro Nacional de Cultura para escuchar a sus artistas. El concierto fue todo un acontecimiento en la ciudad y las agrupaciones más aclamadas consiguieron sus primeros contratos en los centros nocturnos de moda.

El despertador empezó a retumbar en la mesita de noche a las 5:45 de la mañana, menos mal que la terminal quedaba a pocas cuadras para tomar el bus de las 6:30 rumbo a Cartago y desde allí otro al Volcán Irazú.

Frente a la Basílica de Nuestra Señora de Los Ángeles en Cartago, a diario se reúnen los señores mayores, para comentar los acontecimientos recientes y los resultados del fútbol nacional. Entre anécdotas, risas y muchas expresiones coloquiales brota la espontaneidad y nobleza del provinciano.

Costa Rica es cuna de gente emprendedora y orgullosa de su identidad, por eso no hay duda que esta singularidad es clave para atraer viajeros de todas las latitudes y que antes de regresar a sus países, ya piensan en cuándo volver.

El volcán Irazú ese día estaba reacio a mostrar su faz más fotogénica, pues una densa neblina cubría el cráter y no dejaba nada a la imaginación. De repente, un inusual sonido entre la hojarasca llamó la atención del viajero, tras varios minutos de silencio e incertidumbre una pequeña musaraña emergió con una rechoncha lombriz de tierra entre sus afilados dientes, ya estaba resuelta la comida de ese día.

A falta de 6 minutos para el mediodía, el sol proyectó sus rayos más sublimes y una pertinaz brisa despejó la cima del volcán; para beneplácito de los visitantes que no se dieron por vencidos y colmaron las memorias de sus cámaras fotográficas con cientos de imágenes. Fue el justo momento para dibujar una gran sonrisa en el rostro y atesorar paisajes que evidencian la imponente naturaleza tica.

La fonda Nuestra Tierra, descubierta el primer día detrás del Teatro Nacional, permitió degustar la gastronomía local. En el menú figuraban platos mencionados por los señores de Cartago y el escogido fue el “Gallo Pinto”; que consiste en arroz y frijoles aderezado con cebolla, chile dulce y cilantro. La lista era larga, muchos los deseos de probar al menos la mitad, pero había que dejar algo para el próximo viaje; pues sería la excusa perfecta para regresar a la agraciada tierra centroamericana.

Costa Rica desde hace décadas ha sido modelo de gestión de su patrimonio natural y sociocultural; la base principal es su gente y la manera que han encontrado para convivir en sana fraternidad con sus vecinos. Por esta razón, es la única nación que no posee ejército y destina gran parte del presupuesto nacional a la educación, la cultura y la preservación de su naturaleza.

Con la salida estampada en el pasaporte y antes de abordar el avión, quedó tiempo para experimentar otro café tico y prometerse que antes de 2 años, el próximo destino sería las costas del Caribe costarricense.

Antonio Rivas

Especialista en Desarrollo Sostenible y Turismo comunitario y rural.

28 de octubre 2025

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