¿Qué hacer?

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

El artículo de hoy no será una revisión del tratado político escrito por Lenin en 1901, que lleva por título “¿Qué hacer?”, y en el cual se esbozan propuestas concretas sobre la organización y las estrategias que debe seguir un partido revolucionario. Los venezolanos en estos últimos tiempos nos confrontamos con la necesidad imperiosa de construir una ruta concertada para buscar una salida, no para fundar un partido, sino para elaborar un nuevo pacto social que facilite la superación de las calamidades que vivimos a diario.

Es inminente el agotamiento del sistema político imperante en estos últimos diecisiete años; sin embargo, la incertidumbre nos arropa, limitando nuestra capacidad de poder anticipar los hechos que preceden a la ruptura. Supongo que esto es lo que estimula la precaución de algunos líderes y por ende de los partidos políticos. La actuación del régimen en los últimos días son una expresión de la cercanía del quiebre del modelo, represiones brutales a los reclamos realizados por los ciudadanos: por abastecimiento de alimentos y medicamentos, reivindicaciones laborales incumplidas, calidad de los servicios y en general por el holocausto planificado por la élite gobernante. La utilización de grupos parapoliciales, con el cobijo de las estructuras formales para el control del orden público, son la manifestación de la debilidad del régimen, derivada de su incapacidad de gestión para atender las necesidades de los venezolanos.

En algunos grupos y sectores de la cúpula socialista se reconoce la existencia de una situación inusual y grave, que requiere una respuesta distinta a la que han usado, ya que las políticas adoptadas hasta el momento han profundizado el problema. En este sentido se alerta sobre una bomba atómica económica que prácticamente ya ha estallado debido a las políticas económicas inadecuadas del equipo técnico del régimen.

En este marco la posibilidad de un gobierno de transición parece necesaria, debe elaborarse un acuerdo político que permita el restablecimiento pleno de las instituciones democráticas consagradas en nuestra Constitución. De igual manera realizar investigaciones objetivas para determinar la gravedad de la crisis, con la finalidad de contar con diagnósticos y a partir de ellos poder diseñar e instrumentar las políticas requeridas para atender los problemas presentes.
La autonomía de los poderes es fundamental para la recuperación de la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, el BCV no puede continuar con la máquina de hacer billetes, algo éticamente cuestionable, cuando esto implica un alto impuesto inflacionario que golpea principalmente a las mismas clases pobres, y medias, a quienes se pretende ayudar, e implican igualmente efectos perversos para la recuperación de largo plazo del aparato productivo interno, agrícola y manufacturero.

Recuperación de la capacidad productiva manufacturera y agrícola en la estructura de la producción total, para disminuir la dependencia productiva y fiscal del petróleo; para ello es impostergable la revisión operativa y financiera del tejido empresarial público con el objetivo de buscar espacios para la negociación sincera y explorar así nuevas formas asociativas.
Incrementar la productividad del Estado para mejorar la provisión de bienes y servicios, atacando las desviaciones de recursos y otras formas de corrupción con un marco regulatorio ajustado a las novedosas formas delictivas.

Ajustar el gasto público para hacerle frente a los compromisos de gasto ordinario, incluyendo el gasto social, entendiendo que la conversión del Estado Benefactor al Estado Productivo requiere de compensaciones en el corto plazo.

Revisión y desmontaje gradual del sistema cambiario y de control de precios, sosteniendo subsidios temporales a alimentos básicos y medicamentos mientras el aparato productivo logra mejorar sus niveles competitivos, evitando así la asignación de precios especulativos derivados de un mercado negro.

Disminuir los grados de incertidumbre, con un clima adecuado en lo macroeconómico, jurídico y de reglas de juego políticas y de política económica, incluyendo las de desarrollo de largo plazo, para que las inversiones puedan realizarse.

La reconstrucción de Venezuela exige un sacrificio en el que debe participar la mayor cantidad de compatriotas, sin discriminaciones de ningún tipo. Construir un movimiento de recuperación del país, partiendo de la realidad social, con propuestas claras para solventar los problemas económicos, sociales y finalmente los políticos, y ello pasa por incorporar a las personas más capacitadas en cada área particular, sin importar su afiliación partidista. Esto es lo que humildemente creo que debe de hacer un gobierno de transición.

ULA – FACES
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