Quién va a reparar el dolor de la separación forzada

La Organización Internacional para las Migraciones define la migración forzada aquella cuando las personas que emigran lo hacen para escapar de la persecución, el conflicto, la represión, los desastres naturales y provocados por el hombre, la degradación ecológica u otras situaciones que ponen en peligro su existencia, su libertad o su forma de vida.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), más de 6.5 millones de venezolanos han salido del país de manera forzada, una cifra muy alta para un país que no está en guerra.

En efecto, durante los últimos veinte años, debido a la Crisis Humanitaria Compleja por la que atraviesa el país, millones de venezolanos han tenido que huir a países muy alejados de sus hogares, esperanzados en buscar mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.

Personas de todas las edades continúan saliendo de Venezuela para huir de la violencia, la inseguridad, amenazas a su libertad por pensar distinto, así como la falta de alimentos, medicinas y servicios esenciales, sueldos de miseria. Con tantos venezolanos que se encuentran viviendo en el exterior, la gran mayoría en países de América Latina y el Caribe, esta se ha convertido en una de las principales crisis de desplazamiento del mundo.

Por el camino, muchos de estos venezolanos se han visto obligados a pedir ayuda, el agotamiento físico y espiritual es inmenso, sin embargo, ni la pandemia, ni los cierres de frontera, ni los riesgos por los que se pasa en esa travesía,  han podido detener a padres, madres, jóvenes, abuelos de huir del país.

Familias enteras separadas, en muchos casos varios integrantes de una misma familia están en países diferentes, y que con el pasar de los meses el sentimiento de tristeza crece más.

Todos nos preguntamos quién va a reparar el dolor causado por estas separaciones de millones de familias venezolanas, y no tenemos respuesta. Un dolor que se espera que el tiempo lo sane, pero se está viendo, con cada historia, que no es así.

Tanto los que se fueron, como los que se quedaron, sufren un gran impacto emocional. Los que se fueron sufren la necesidad de adaptarse a una nueva vida, quizá temporalmente, a cambios de hábitos, de cultura, hasta la manera de hablar y nombrar algunas cosas que varían dependiendo del país donde se encuentren, lo que genera cierta incomodidad, algunos especialistas lo definen como duelo migratorio, porque son muchas las acciones que deben enfrentar para sentirse medianamente mejor en tierras ajenas.

Los que se quedaron no tienen otra opción que esperar que se produzca un cambio en el país, en todos los sentidos, para poder volverse a reencontrar con sus seres queridos. Algunos soportan en silencio, otros acuden a ayudas de psicólogos que les enseñen a cómo sobrellevar el dolor que les puede causar enfermedades.

Es una gran impotencia que se convierte en una profunda tristeza por estar separados de la familia y amigos.

Padres que se perderán de disfrutar los mejores momentos de la vida de sus hijos; hijos que extrañan a su mamá o a su papá y están sin ellos cuando más lo necesitan y lo peor del caso es que hay quienes critican o dicen que los que se fueron tomaron la decisión más fácil, salir huyendo, cuando la realidad es que la desesperación por no tener ni para comer los hizo tomar la decisión de partir.

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20-05-2021 (45)