Una joven de cabello largo y ojos vivaces, llegó al mostrador de una tienda queriendo comprar una agenda para el año 2020.
-¿Ya le llegaron agendas? preguntó ilusionada
–Todavía no, y ya a estas alturas, en otros tiempos teníamos muchas y de varios modelos, le contestó la encargada del negocio.
-Bueno- dijo la muchacha-con el mismo entusiasmo- la necesito porque siempre la uso para escribir mis metas y mis sueños.
Las agendas, son según el diccionario:”Libros o cuadernos donde se apuntan, para no olvidarlas, las cosas que se han de hacer en determinadas fechas; generalmente sus hojas llevan impresos los días del año ordenados por meses y por semanas con un espacio para escribir”. Al que le gusta usarlas no pude prescindir de ellas porque terminan siendo parte de la estructura de la vida diaria.
Por los vientos que soplan, las tan ansiadas agendas no llegarán, porque también son parte de tantos materiales, libros, revistas, calendarios, que son imposibles de adquirir en un país con la economía destrozada y con una hiperinflación que no deja áreas para la creación, el esparcimiento, la lectura, en fin nos hemos convertido en la tierra del sobrevivir, donde fantasear sale caro y alimentarse es la consigna.
Antes, cuando los sucesos transcurrían según un orden normal podíamos planificar nuestro tiempo de acuerdo a lo que requeríamos o aspirábamos: Cita con el odontólogo. Almuerzo con los amigos. Paseo a la finca de los abuelos a montar caballo. Comprar unos zapatos deportivos que vi en la tienda, en oferta. Ira la Casa Hogar, con Ana, a llevar los donativos. Entregar el trabajo terminado para su corrección. Comprar el chocolate para hacerle la torta a mi hermano. Escribirle un poema a ese ser que amo, y decirle cuánto lo extraño. Y así, como recita la poetisaMaría Luisa Lazzaro “cuando comienzan a morir todas las partes del ovillo de las horas”, lo que está escrito en nuestra agenda, nos recuerda que hay que aprovechar cada minuto porque no sabemos cuánto dura la existencia.
Pero, si en este momento tan difícil para Venezuela, lleváramos una agenda, la misma prácticamente estaría vacía de situaciones hermosas, entrañables; actividades por hacer para sentirnos vivos, con sueños y metas qué cumplir. La agenda diaria sería algo así: Hacer cola para la gasolina, 4 días aproximadamente. Intentar sacar dinero del cajero. Ir al mercadito de la Dos Lora para conseguir las verduras, porque me dijeron que están más económicas. Cancelar la cita con mis amigos, porque no tengo nada que llevar al compartir. Hacer la transferencia bancaria urgentemente, si internet me lo permite y si no se va la electricidad cuando llegue a la casa. Buscar velas porque seguro hay un apagón en la noche. Hablar con los vecinos, para saber si por fin viene el gas. Evaluar la invitación de mi tía, para mudarme a Alemania, porque aquí todo se está complicando más y más; entre muchas otras situaciones, penosas y degradantes, que usted y yo conocemos porque las sentimos en carne propia, con cada día que pasa. Venezuela se ha convertido en tierra de despedidas, de renuncias, de soledades, de ilusiones rotas.
Definitivamente,dentro del Socialismo del siglo XXI, no hay lugar para planificar los pasos de una existencia digna, donde los problemas de toda índole, no nos acosen como en estos tiempos de limitaciones, escasez, e incertidumbre. No hay derecho a vivir sin esperanzas, acostumbrándonos a lo malo, y aceptando las injusticias y las mentiras que con tanto descaro observamos a todo nivel, y que provienen de quienes deberían velar por el bienestar de la población.
Las fiestas y celebraciones, no se pueden decretar, se hacen si hay motivos reales para el festejo, de lo contrario es una soberana burla pretender que un pueblo con hambre, con precaria salud, sin transporte, sin dinero que alcance, tenga ganas de “montar un parranda”; bueno, tal vez los indolentes, los sin oficio, o los que tienen su vida asegurada, gracias a prácticas poco dignas, puedan tener razones paraalegrarse, pero estamos seguros que solamente haciendo un gran esfuerzo el resto de la población podrá, al menos, colocar en su casa o en su trabajo, un símbolo navideños, de esos llenos de colores. Lo que sí no faltará en Mérida, serán los pesebres y las ceremonias religiosas porque al menos, esas, nos llenan el alma de fe, y , al igual que la joven que quería una agenda para escribir sus sueños, podamos escribir nuestros deseos de libertad, paz y un cambio significativo que nos traiga la reconstrucción de nuestra querida Venezuela.
A.E.L.L.C.C.


