El uno, próximo a superar al régimen que martiriza a Venezuela, no solo en querer atrincherarse en el partido, que era del pueblo; y el otro por su imperdonable claudicación ante el chavismo para apoderarse de los símbolos, sellos y propiedades de la vieja e histórica organización que fundaron los verdaderos padres de la democracia en Venezuela; ambos por imponer, además, su particular estilo de hacer política creyendo que de este modo avanzarían, logrando por su gigantesca megalomanía, que Acción Democrática se estacionara en el tiempo, perdiendo dos décadas por culpa de los dos que se empeñan en creerse sus exclusivos dueños.
El otro, por su también cuestionado accionar que a nada llevó al partido que tuvo, durante muchos años, después del Apra peruano, la mayor militancia en Latinoamérica. Buen organizador, se le reconoce, pero su avaricia, lo condujo por el camino equivocado y, por supuesto, tan grave error hizo que mucha, pero mucha gente dejara de lado la bandera blanca.
El uno, porque según lo acusan varios expedientes, -que guarda en sus alforjas el oficialismo-, convertido en uno de los hombres más poderosos de los últimos gobiernos, tanto de AD como de Copei, dicen que amasó una gran fortuna. Se mostraba feroz ante las cámaras y, con su verborrea destrozaba al adversario en público, pero era pura pantalla porque, en privado, el abrazo más que cordial era súper amistoso y conveniente.
El otro, con su voz imitando al recordado Carlos Andrés Pérez, dando pena con sus declaraciones, sin un solo señalamiento a la doctrina del partido, escaso conocimiento de la situación mundial y poco o casi nada sobre la crisis de nuestra economía y la realidad social. Pero avispadísimo, igual que el uno, para el negociado de toda clase de prebendas.
El uno, orgulloso, engreído y mirando siempre por arriba del hombro a todo el mundo, autoritario y prepotente, casi con un látigo en la mano, obligando a dirigentes y a militantes a cumplir y hacer cumplir sus particulares medidas, que no las consultaba al CEN sino que las imponía a sus rodilla en tierra, fue el caporal, con fuete y todo, durante años, cerrándole las puertas a la democracia interna mientras lanzaba bolas de fuego en catapultas defendiéndola hacia afuera hasta la muerte.
El otro, porque al fin pensó llegada su hora, dada que al uno su sueño de ser presidente se le esfumó, prefirió dividir, creyendo de este modo se facilitaría el camino, por lo que se lanzó. Pero hizo mucho daño, mayor que el cometido por el Inefable uno porque, es la verdad, y lo único que logró fue alzarse con el santo y la limosna, desalentando a los adecos que se fueron con él, hasta irse dejándolo solo. Igual que al uno.
En fin, uno y otro, creyéndose amos y señores del partido de todos, lo dividieron en dos toletes. Una decisión que la historia de AD jamás les perdonará y que removió de sus tumbas a los fundadores y al sin número de muertos y desaparecidos que cobró la Resistencia ante la dictadura perezjimenista,
Por eso AD, tan venida a menos dadas las pantagruélicas ambiciones del uno y del otro, lamentablemente sigue palo abajo. Después del vergonzoso protagonismo de su descolorido, malcriado, voluble, atolondrado, extraviado y despistado candidato –qué vergüenza ante los señores candidatos que AD siempre presentó en cualquiera de sus muchas campañas- que, por ser abucheado en el centro donde acudió a votar ayer domingo, sabiéndose rechazado intentó, al estilo Jalisco de su jefe, el uno de este cuento, darle una patada a la mesa y se negó a reconocer el triunfo de Marìa Corina Machado. Pataletas de ahogado resultó su burda maniobra.
Si les queda algo de honor, es lo que dice la gente, Henry Ramos Allup, el uno y Bernabé Gutiérrez, el otro, están obligados a pedirle perdón a los adecos por todo lo malo que le han hecho a la pobre AD. Y deben hacerlo pronto, antes que una revolución interna los saque por la puerta de atrás para evitarles la vergüenza de que salgan a empujones por la puerta delantera. Es muy crudo, pero por la verdad murió Cristo.
Lo cierto es que, sin el uno y sin el otro, la reconciliación de AD es posible. La nueva AD, entonces, vendrá rejuvenecida. Sus tesis de defensa a ultranza de los Juan Bimbas, su objetivo de luchar “Por una Venezuela libre y de los venezolanos” regresarán a la escena política nacional y los hombres y mujeres de AD dispersos por toda Venezuela, al llamado de la gloriosa consigna de “! Adelante, a luchar milicianos, a la voz de la revolución…!” se juntarán para “seguir haciendo historia”. Nota de prensa.
23-10-2023



