Ramón Sosa y Arnulfo Yzarra
El sur de Mérida es una inagotable cantera de hacedores de bien. De sus entrañas han salido hombres y mujeres útiles al país, desde educadores insignes, militares de bizarría y esclarecidos sacerdotes hasta músicos y diplomáticos de renombre, sin dejar de lado la copiosa lista de destacados hacedores del bien común que casi en el anonimato de la mayoría, su fuste es cardinal para el desarrollo del lar nutricio.  
 
A este grupo pertenece Ranulfo Yzarra, nacido en Mucutuy el 26 de mayo de 1932 en el modesto hogar de Adelina Yzarra, la mujer humilde y afanosa que le inculcó la honradez por norma y el trabajo por deber para ganarse el diario sustento con dignidad siempre. Del padre Jobino Carrero heredó el designio de “mirar siempre hacia arriba”, procurando saber, conocer y aprender para servir luego con mejor disposición. 
 
Criado entre penurias y aprietos, sin mayores holguras económicas, Ranulfo supo de niño la condición de la pobreza pero llevada con estoicismo en un hogar que se levantaba bajo la premisa de hacer el bien al vecindario y de ayudarse en la reciprocidad de comunes necesidades. La Divina Providencia guiaba las peticiones de Adelina y con privaciones que nunca faltaban, el niño comenzó a frecuentar la escuela.
 
Distante del pueblo, pero no tanto como para esquivar el deber mientras Jobino ayudaba en lo que podía porque no era desahogada su situación de vida. El matrimonio de Don Pedro Antonio Sosa y Doña Emilia, tía paterna de Ranulfo, sería pronto su lugar de formación. Esa casona, que fue hogar de 18 hermanos de crianza que allí recibimos el faro de luz, alegría y abrigo incondicional, se convirtió en su eterno referente. 
 
Era una suerte de escudero familiar pendiente de los deberes y ocupado en la confianza de la casa para seguir al pie de la letra las disposiciones del cuido de los animales, disponibilidad de potreros para el mejor pastizal, control de cercas y atención a la compraventa que mantenía Don Pedro Antonio en Mucutuy. Más tarde y recibidas las clases de manejo de su padre adoptivo, se empleó en las nuevas tareas. 
 
Ranulfo Yzarra se hizo hombre ducho en el comercio juntando habilidad para la ganadería, por lo que Don Pedro descargó en él mayor compromiso, sin que obviara las tareas públicas que cumplía, dada su condición de hombre responsable, celoso guardián del desarrollo y atento servidor de la comunidad. Intransigente ante la injusticia, se plantó muchas veces desafiando la autoridad y el muchacho lo secundaba. 
 
El lunes 23 de marzo de 1962, año bisiesto, Ranulfo y su padre de crianza salieron de la cárcel de Mérida, acusados de facciosos por un Jefe Civil atrabiliario que los imputó porque Don Pedro lo forzaba a perennes enmiendas públicas cuando se ensañaba contra humildes paisanos persiguiéndolos por bagatelas. Menos de una semana duró el presidio que le valió el despido súbito a Oscar Berríos, el gendarme perezjimenista.  
 
Cuando se trocaron los papeles políticos, Don Pedro, que estuvo entre quienes derrocaron la represión de la dictadura en Mucutuy, fue nombrado Prefecto Civil, su cuñado Jobino Carrero de Secretario y Ranulfo Yzarra como funcionario policial. Gentilhombre como era, al Prefecto se le atribuían más de 100 cauciones en un año procurando que su gente se aviniera bajo la premisa: “es mejor un mal arreglo que un buen pleito”.
 
Aún no llegaba a los 28 años de edad cuando arribó el primer automotor a Mucutuy en mayo de 1960 con el Padre Crescencio Parra. Como Don Pedro Antonio adquirió pronto un carro, se anotó entre los aprendices del manejo, Ranulfo complementó con creces el trabajo de sus padres y luego sería chofer con notable desempeño desde el inicio mismo de las carreteras y ramales de interconexión sureña.
 
Aprendió mecánica en la diaria práctica y su habilidad se extendió tan pronto como la necesidad urgía su presencia, al igual que su pericia de conductor era evaluada en compromiso. La Aventura de los Picos, como se llamó la apertura de caminos en el sur lo citó a Aricagua y Campo Elías, sin que escatimara tiempo en apoyar a los vecinos de Mucuchachí o La Providencia, más recientemente. 
 
Fue pionero junto a Alcades Gómez, Elisaúl Carreño y Homero Gómez en la apertura de caminos para los primeros camperos que comunicaron a Mucutuy con Aricagua y arrimó su aporte a la obra del largo desvío El Trompillo, La Mucusán y Tierra Negra, conocido como el tramo de San Pablo. Su mano franca y tendida fue concluyente en grandes logros comunales de San Antonio de Campo Elías.  
 
De mente abierta y perspicaz, Ranulfo Yzarra iba a la par de los destinos públicos y un golpe de timón en la política lo situó como Prefecto Civil de Mucutuy entre 1978 y1983. Más tarde, afincado en un macizo liderazgo socialcristiano ocupó selectos cargos políticos de representación popular y de gerencia como listero, Fiscal de Obras Públicas y Comisionado de Gobernación en sucesivos gobiernos.
 
Su palabra fue respetada como cabecilla de grandes cruzadas de provecho social. A su numerosa familia le inculcó los valores y principios heredados de la casa que le sirvió protectorado y formación ciudadana. Hoy, en el merecido descanso del guerrero. Ranulfo hace gala de una memoria prodigiosa que evoca fechas y episodios menudos de su tierra o relata anécdotas con humor sorprendente. 
 
Quienes nos hemos nutrido de su experiencia por la cercanía en venturosa parentela, agradecemos al Altísimo la satisfacción de tenerlo con sus 93 años de omnisciencia, en la certeza de contar con un roble que conoce nuestra historia menuda porque la ayudó a labrar con la fe del carbonero. Ranulfo Yzarra es un orgullo surmerideño que está entre nosotros para que la historia no se olvide de sus hacedores.
 
Ramón Sosa Pérez
01-06-2025