Por: Eleazar Ontiveros Paolini…
Nuestro desgobierno sabe a ciencia cierta que el país se precipita día a día hacia una inestabilidad social insoportable y que solo se detendrá olvidándose de su obcecada quimera en cuanto a que todo se resolverá pues Marx no pudo equivocarse al sostener que las fuerzas impersonales de la historia, actuando por si solas, conducirán a la humanidad a un futuro mejor de igualdad, fraternidad y justicia. Pero, ¿Cómo se puede privar a los individuos de la posibilidad de incidir en la historia, acelerarla e impedirle que con libertad y voluntad actúen sobre el desarrollo?
Esa instabilidad y sus efectos la conoce el ciudadano común, el que día a día ve con estupefacción que nada mejora; que en el país no se diseñan soluciones sino se crean problemas, trabas y deficiencias que lo afectan en lo económico, social, cultural y psíquico. Por eso rogamos que no suceda como con la chicha que en la superficie se ve tranquila, pero que por dentro está fermentando hasta que emerge impetuosa. No se trata de alarmar. Se trata de dar a entender que a pesar de la indiferencia que nos caracteriza y que lo que sucede se soporta estoicamente, como si de una penitencia se tratara, se deben generar de inmediato soluciones aceptables o corremos con el peligro de la impetuosidad a la que hacíamos referencia con la chicha.
Ante tal situación, en especial neurálgica por el crecimiento diario de los costos, lo único que ofrece el gobierno con la venia de la oposición, más que golpeada por las elecciones regionales, es seguir con el ritornelo de sentarse a dialogar o negociar, alegando la oposición qué ahora se puede llegar a algo concreto dada la participación de gobiernos amigos con los que se tomará café en la mesa de negociaciones.
Surgen entonces, preguntas obligadas ¿Se podrá acordar la eliminación de la ilegal Asamblea Constituyente? ¿Se aceptara la conformación de un CNE con rectores idóneos, imparciales y dispuestos a respetar a cabalidad la Constitución y las leyes, cuando el gurú mayor, Maduro, ha asegurado que las elecciones serán con las mismas máquinas, el mismo CNE y la misma Tibisay? ¿Se liberará a los presos políticos a plenitud, sin condicionar su libertad? ¿Se estudiará con la debida sindéresis y el respeto que se merecen los análisis y exigencias de los organismos internacionales y de otros países en cuando a la restitución de la democracia? ¿Aceptará el gobierno la ayuda humanitaria renunciando al sagrado principio comunista de que todo debe depender del Estado? ¿Rehabilitarán a plenitud la Asamblea nacional ahora que le es indispensable, como lo exigen los organismos financieros internacionales, para el otorgamiento de préstamos y otras negociaciones? Llegó el momento de reconocer nuestros errores y no solo los del adversario. Solo juzgándonos a nosotros mismos podemos conseguir los caminos del triunfo.



