Por: Eleazar Ontiveros Paolini…
Las opiniones encontradas en cuanto a si el diálogo tendría algún efecto benéfico o no surgieron desde un principio. Unos sostienen que los resultados han sido positivos y tienen la esperanza de que mejoren a medida que se profundice, si es que sigue. Otros consideran que todo se ha reducido a un artimaña del Gobierno para darle largas al conflicto, lo que ha determinado, como se aprecia sin mucha dificultad, que las manifestaciones públicas de la oposición que como tales empezaban a hacer tambalear al régimen por su contundencia numérica y cualitativa, hayan entrado en mengua.
En cuanto los primeros, no se puede entender que con un Gobierno que arrecia las arbitrariedades, es impasible ante una inflación que se agiganta día a día y ante el drama de una cesta familiar que sobrepasa los 4000.000Bs.; que sigue señalando que la AN es responsable de la desestabilización económica y política; que se niega a asumir su responsabilidad en la escasez; que no autoriza la ayuda internacional; y que advierte que no habrá elecciones habrá 1918, tengan un estado de ánimo que les dice que los acuerdos son posibles y por tal esperan con fe que se conseguirá lo deseado. De todas maneras, es un juego: la esperanza lleva al éxito, a la decepción o a la frustración.
Los otros han considerado que lo apropiado es el retiro de las mesas de diálogo, centrando todos los esfuerzos en “mover y calentar la calle”, para que haya elecciones. No creen que algo diferente pueda determinar la salida del Gobierno.
Pero sorpresivamente quien amenaza con retirarse es el Gobierno. Lo hace utilizando la absurda justificación de que la Asamblea se atrevió ▬ siguen creyendo que son los dueños de los valores y estimaciones de los demás▬ a debatir sobre el narcotráfico y para tratar determinar si la autopista gubernamental fue utilizada para perpetrar delitos relacionados y para la emisión de pasaportes diplomáticos a traficantes, familiares de la cúpula.
Es manera de sacarle el cuerpo al incumplimiento de los compromisos adquiridos ante los organismos internacionales y el Vaticano, pues de antemano sabían que no iban a ceder respecto a exigencias de la oposición, a todas luces justificadas constitucional y socialmente.
De todas maneras, se tiene la seguridad de que la oposición no se sentó en la mesa de diálogo persuadida de que se resolverían los problemas, sino para satisfacer a los organismos internacionales y al Vaticano, quienes de buena fe , suponemos, vieron en el diálogo una posibilidad resolutiva.


