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Razones y pasiones: ¿Diálogo?

29 mayo, 2016
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    Eleazar Ontiveros

    Por: Eleazar Ontiveros Paolini…

    De nuevo, como evocación inevitable, se vuelve a hablar de la necesidad de diálogo entre posiciones que se repelen con marcada acentuación. Nos preguntamos: ¿Es posible que haya un diálogo entre Gobierno y oposición que al menos pueda lograr en algo paliar el enervamiento que se vive en nuestra sociedad?

    Ante todo, es necesario aclarar que en democracia el diálogo debe entenderse como un medio idóneo para alcanzar acuerdos mediante la exposición y análisis sincero de ideas, lo que implica que las partes deben escucharse con respeto para poder lograr los convenimientos deseados, siempre en el abrevadero de la cordialidad y el respeto mutuo. Es decir, que el diálogo en su esencialidad solo es posible entre interlocutores que recíprocamente se consideren, al encontrarse, como teniendo la misma importancia, que respetan el mundo cognitivo del otro y que se acercan dejando de lado posiciones dogmáticas e inflexibles, pues la persistencia de éstas, obviamente, hace imposible cualquier acuerdo.

    Desde estas perspectivas conceptuales, pensémoslo objetivamente ¿puede haber un diálogo entre Gobierno y oposición que se concrete respetando esos parámetros para así llegar a acuerdos satisfactorios? Creemos que no. Y lo creemos porque de parte y parte hay posiciones irreductibles, es decir, irreconciliables, sobre aspectos de determinante significación.

    Algunos ejemplos podrán servirnos de sustento para apreciar la situación con cierta precisión: ¿Podrá la oposición aceptar que el revocatorio no se realice en 2016, dado que se trata de un derecho constitucional? ¡No!, no lo aceptaría. A su vez, ¿Podría el Gobierno aceptarlo a sabiendas de que si se realiza en este año y de perderlo se iría a elecciones para elegir a un nuevo Presidente, mientras que hacerlo después de enero del 2017 solo determinaría subir a la presidencia al vicepresidente en funciones? ¿Podrá el Gobierno acceder a liberar los presos políticos que la oposición considera están detenidos ilegalmente? ¡No!, no accedería, pues tal decisión sería rechazada vehementemente con parte mayoritaria de su militancia y por considéralo un hecho juzgado e irreversible ¿Podría, a su vez, la oposición dialogar sobre otros aspectos sin que previamente sean liberados los presos políticos? Creemos que no. Eso sería echar por la borda todo principio de solidaridad, máxime cuando está demostrada la ilegalidad de los procesos que definieron el encarcelamiento ¿Podrá el Gobierno, tal como lo pide la oposición, la independencia del Poder Legislativo y del Electoral? ¡No!, pues son sus operadores políticos, sustento de sus arbitrariedades revestidas con un manto de legalidad.

    Siendo así ¿Qué agenda se pondría en la mesa del diálogo, si de antemano sobre aspectos fundamentales ya hay posiciones inmodificables? Es tanto que la oposición, lo han sostenido día a día los líderes de la MUD, solo considera posible algún diálogo si antes se ha autorizado la realización del revocatorio en el año en curso. Por eso, vengan de donde vengan las solicitudes de diálogo, solo son manifestaciones por un parte de buena fe y por la otra de manifiesta hipocresía.

    Leo León 1
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