Razones y pasiones: Hayacas con sabor socialista

Por: Eleazar Ontiveros Paolini…        

Nos han robado todo: la seguridad, la buena educación, el sosiego, el poder adquisitivo del bolívar, los sueldos adecuados, la posibilidad de adquirir lo que nos es necesario de inmediato y a  precios justos ( gas, cauchos, repuestos, alimentos, medicinas etc.); la posibilidad constante y sin traumas de viajar en avión por la rutas nacionales; el tránsito por carreteras en buen estado; la posibilidad de informarnos en los periódicos nacionales y regionales, algunos desparecidos y otros reducidos a su mínima expresión por problemas para adquirir el papel y otros elementos necesario como las tintas;  el derecho a sintonizar  canales televisivos, hoy suspendidos,  tales  como CNN, NTEN 24 de Colombia, nacionales como RCTV  y algunos regionales como ULAtv; el intercambio expedito en nuestras fronteras con Colombia, en especial las del Táchira, etc., etc.

Pero lo enumerado y algunas otras arbitrariedades pueden ser calificadas de secundarias, si nos detenemos a considerar como se vienen desintegrando las familias venezolanas, en especial al considerar lo referente al alejamiento forzado a otros países, muchos de ellos distantes, de los hijos, los cuales desde su nacimiento se consideraron como la razón del hogar y  si bien por necesidades de trabajo se iban como adultos a otras ciudades del país, se tenía la proximidad y los encuentros se hacían sistemáticamente, en especial en los periodos vacacionales y, de ellos , las navidades, en las cuales sustentados en la fe, se reforzaban los lazos familiares y se gozaba, en la mayoría de los casos, de preparar las hayacas en la mancomunidad  familiar.

Los testimonios son muchos y conmovedores. Padres que si bien entienden que sus hijos deben procurar una vida adecuada en otras latitudes, también  están conscientes de que la diáspora es debida a un Gobierno que ha resquebrajado todas las posibilidades y lamentan que un gran porcentaje con formaciones de maestría y doctorado, sirvan a otro país y no al suyo, pues el desprecio por o intelectual en este llamado socialismo es proverbial.

El síndrome del “nido vacío” destruye la vida de matrimonios de edad, que lloran día a día sentirse solos, sin el calor de los hijos y de los posibles nietos, y  sin posibilidades de compartir con ellos como desde que nacieron lo pensaron. Conocemos de algunos que habiendo construido sus casas pensando en los hijos que vendrían, quieren venderlas pues las sienten vacías, insustanciales, donde los recuerdos torturan y afectan anímicamente. Quieren vender para comprar en un pequeño apartamento un refugio en el cual tratarán de no estar cerca del  dormitorio, el comedor del encuentro diario, la sala de estudio y el solar por donde corrían día a día detrás de un balón. Y algo significativo, de lo que si nunca se desprenderán serán las fotografías que cuentan de la vida y en especial aquellas enmarcadas con marcos de sustancial cariño, que recogieron el inigualable momento de sus graduaciones, y que acarician día a día.      

Algunos no podrán hacer hayacas. A otros a duras penas por el precio de los ingredientes les será posible. Los primeros tendrán el sabor socialista de una injusta carencia, los segundos el sabor revolucionario de la incertidumbre. Pero en ambos, el abrazo familiar debe ser como nunca el más caluroso, aderezado con el sentido inalienable de la esperanza.