Razones y pasiones: Sentencia aleccionadora

Por: Eleazar Ontiveros Paolini…

i Del discurso, o mejor digamos de la excelente clase magistral dictada por el padre Luis Ugalde en el Aula Magna de la Universidad de los Andes el pasado 29 de marzo, en el acto central de celebración de los 232 años de fundada la casa de estudios que dio origen a la universidad,  nos  llamó poderosamente la atención,  dada su contundencia, dirímalos que lapidaria,  sentencia que  al texto dice: “Dime que sociedad quieres y te diré que universidad eres”. Y es que no puede existir la menor duda en cuanto a asegurar que si los universitarios llegáramos a querer o defender  una sociedad como la que pretende el gobierno actual, sometida al  predominio de una ideología única basada en  que todos  los derechos son derechos de Estado, a lo que se suma la inaceptabilidad de los disensos que por irreverentes deben ser castigados sin contemplaciones; que privilegia la corrupción, las incondicionalidades acríticas y los estudios sustentados en un manual de orientación inflexible; y que tratar de igualar colectivizando la pobreza, es indiscutible que no veríamos problema en que la universidad  fuera un centro de enseñanza dogmática,  con programas orientados políticamente, sin libertad, sin autonomía, sin enfrentar la investigación con la formulación autónoma de  hipótesis, sin discernir por efecto de las comparaciones razonadas, sin tomar en cuenta  para actuar apropiadamente la consideración intelectual y filosófica de que  lo que existe no agota las posibilidades de existencia, causa por la cual el estudio solo es aceptable cuando la lección diaria es la de que se debe ir mucho más allá de lo evidente.

Conformaríamos una universidad de pobreza tal  que  los estudiantes serían orientados a  ayudar dogmáticamente a mantener un consenso ideológico y un proceso de socialización deseado por la autoridad que maneja la batuta,  sustentado en un espectro preexistente e inflexible de normas y valores. Es  decir, que los esfuerzos se centrarían el formar “el hombre nuevo y deseado”, cuyo valor y reconocimiento fundamental estaría dado por el esfuerzo que despliegue en la relegitimación del poder existente, sin importar que lo trascendente es una formación que le permita una interpretación crítica de la historia; que de ninguna manera se conforme ni se sienta satisfecho con acoplarse a la evolución, lo que resulta inevitable de recibir una educación con base a la simple racionalidad instrumental.