Razones y pasiones: Una bofetada más

Por: Eleazar Ontiveros Poalini…

Este Gobierno, incapaz de resolver la desastrosa situación que se vive en el país y de tomar actitudes positivas para resolverla, en vez de  aplacar los ánimos de un pueblo en “alzada”, tomando  decisiones que puedan hacer pensar en la posibilidad de alcanzar la paz que tanto cacarean y que dicen es parte esencial de la propia esencia revolucionaria, lo que hace, sin importarle para nada las respuestas que cada acto arbitrario va indefectiblemente a determinar, es echarle gasolina al fuego  “cerrando a la macha”, por vía de uno de sus operadores políticos, Conatel, el canal televisivo de la Universidad: ULAtv, al incautarle dos módulos del transmisor ubicado en “La Aguada”.

Antes de llevarse de los módulos, hicieron inspección de 9 horas en la radio universitaria ULA-FM 107.7, lo cual quiere decir que debieron haber certificado hasta el funcionamiento adecuado de excusado, del teléfono y de la maquinita de hacer café. La emisora solo tiene une sala, una oficina administrativa, un estudio de grabación y una cabina de transmisión, lo que quiere decir que se trató de un atosigamiento pretendiendo causar terror (Fascismo puro).

Al parecer, lo que se hizo con ULAtv, fue para satisfacer a nuestro inefable gobernador que se quejaba constantemente ante sus jefes de las transmisiones que se hacían en vivo de situaciones reales que se daban en la ciudad, como parece ser lo apropiado a ese algo que llamamos periodismo, y porque día a día la inteligencia universitaria, analizaba a cabalidad la etiología de nuestros males sociales, dando a conocer las violaciones legales implicadas.

Recurramos de nuevo a Joseph Goebbels, director de la propaganda nazi, que en uno de sus once principios establece el de la “Silenciación”, consistente en acallar las cuestiones sobre las que no se tiene argumentos y evitar que dichas cuestiones sean difundidas, a lo que se suma la contraprogramación por medios de comunicación afines. ¿Quiénes serán los fascistas?

Queda el consuelo de asegurarnos a nosotros mismos que la universidad no será puesta de rodillas por el cierre, ni dejará de pregonar la libertad, el derecho a la vida, a la expresión y al emprendimiento individual. La institución no dejará de ser ahora ni en ningún otro Gobierno, la intérprete crítica de la realidad social, pues mucho de su razón de ser está contemplado en ese objetivo, el cual solo puede evitarse en su  concreción, haciéndole a todos los universitarios una extirpación cerebral. La conciencia universitaria seguirá, mande quien mande, oponiéndose a los mesianismos, aupando los cambios dada la falibilidad de las cosas, haciendo permanentes revisiones y desmitificando la autoridad sometiéndola  a constante cuestionamiento.