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lunes, agosto 24, 2026

Razones y pasiones: Dignidad

Por: Eleazar Ontiveros Paolini…

Los hombres públicos y en especial lo que asumen cargos de conducción social, deben tener entre sus méritos los de ser apreciados por la comunidad como hombres dignos, es decir, merecedores de reconocimiento público, porque ello implica un nivel satisfactorio de su calidad humana.

Ahora bien, el hombre es indigno dado su comportamiento personal o lo es por premiar por intereses de cualquier tipo, a quienes lo han adversado sistemáticamente y con la mayor crudeza, ridiculizado públicamente y hasta manifestado menosprecio. Eso de premiarlos es la definición significativa de una dualidad abrazada en la indignidad.

En el campo de nuestra la política, esa indignidad encuentra manifestaciones objetivas en algunos que sin mediar razones válidas, “saltan la talanquera” aunque hayan sido opositores obstinados, que justifican con banalidades la razón de sus cambios, cuando todos saben que se trata de la búsqueda de prebendas de la más diferente índole. Por otra parte, individuos de la misma tolda arremeten, no con razones, sino con expresiones tendentes a la ridiculez, contra los líderes fundamentales de la misma, y éstos de inmediato, indignamente, los perdonan, a la vez que les abren los para que regresen al redil, luego los promueven en cargos de importancia, procurando que dejen de estar tomando posiciones inconvenientes al proceso.

En la primera camada hay tres casos emblemáticos: William Ojeda, Didalco Bolívar y ahora, la nueva estrella de la miseria, Ricardo Sánchez, quien no dejó de burlarse de Chávez al cual decía abominar, y que ahora aparece como chavista, lo que resulta difícil de creer en quien desde la Federación de Centros vilipendio hasta la saciedad al que ahora considera su inspiración ideológica y política. Esa indignidad es premiada por indignos que lo incluyeron como candidato a la Asamblea por el Chavismo. En la otra camada dos ejemplos: Arias Cárdenas comparando a Chávez con una Gallina y Aristóbulo Istúriz considerando que por lo que este decía y proponía parecía que se hubiera fumando una lumpia. Y luego, por indignidad superior, aparecieron ocupando cargos de importancia y hoy son gobernadores.

 

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