Por: Eleazar Ontiveros Paolini…
Desde su fundación el 18 de agosto de 1978 el diario “FRONTERA” no había dejado de circular. Es decir, que se mantuvo informando al público ininterrumpidamente durante 40 años, siendo considerado en algún momento como uno de los mejores periódicos del interior del país.
Ahora, al parecer por una supuesta carencia de papel tiene unas dos semanas sin circular. No hay papel para su publicación, pero si para muchos periódicos manejados por el régimen e incluso para algunos que se reparten gratuitamente. Tal situación no nos extraña. Invariablemente el régimen destruye y no construye, no resuelve pero crea problemas, no satisface sus responsabilidades fundamentales: educación, seguridad y salud, pero entorpece y deteriora su funcionamiento. Y tales situaciones devienen de la obcecada torpeza de tratar de controlarlo todo; de que hombres e instituciones se dobleguen ante “su majestad el Estado”, por lo cual se requiere abolir aun el más mínimo olor a disidencia; y ese olor, sin la menor duda, lo tienen los periódicos que como resulta su deber, mantienen páginas de opinión sin ningún tipo de censura.
En mi caso, he mantenido una columna semanal durante 38 años, sin que en ningún momento se me haya siquiera insinuado la inconveniencia sobre alguna aspecto de lo analizado en ella, sea cual sea el razonamiento utilizado.
Pero ajeno a ese particular privilegio, autorizado por el primer Presidente del periódico, nuestro recordado Benedicto Monsalve, lo importante es entender que un periódico, desde su aparición, aun teniendo propietarios es, sin la menor duda, un bien, un algo que le pertenece a toda la sociedad que democráticamente tiene derecho a la información. En otras palabras, cuando un diario desaparece, en especial por intereses subalternos, se le roba a la sociedad indiferenciadamente parte de su haber, de su propiedad. Y a los intelectuales en particular, se les obliga a dejar de escribir como han venido haciéndolo en el medio que desparece, privándolos de una actividad que sin la menor duda es parte de sus posibilidades de poner en juego los fundamentos que posee para representar, encarnar y articular ideas, conceptos, principios filosóficos, posiciones políticas, ideologías y, en fin, para analizar el quehacer social visto integralmente.



