Razones y pasiones: Otras notas importantes

Por Eleazar Ontiveros Paolini…

En la entrega anterior hicimos algunas consideraciones respecto de la autonomía y el socialismo, dando a conocer realidades ideológicas que están escondidas en el fondo del problema y que por lo tanto pueden pasar desapercibidas, limitando la comprensión de la incompatibilidad entre el valor de lo autonómico y lo inaceptable de la idea socialista de hacerse con las universidades, eliminándolas como lo que son: bastiones del cuestionamiento y propugnadoras de la libertad de pensamiento, para convertirlas en laboratorios ideológicos, cuyo objetivo sea el de  formar grupos de sumisos incondicionales.

Insistimos en aclarar las incompatibilidades, pues nos dimos cuenta en la Asamblea Realizada el pasado jueves en el Aula Magna, que la mayoría de los que tomaron la palabra lo hicieron refiriéndose casi exclusivamente a lo que representa adelantar elecciones de autoridades universitarias de acuerdo a lo que pauta la Ley Orgánica de Educación y no en función de lo establecido en la Constitución, en cuanto a los que tendrían derecho a votar.

Pero hubo una participación a mi entender determinante. Se trata de lo asegurado por el ex Rector Dr. José Mendoza Angulo, quien acentuó que el problema no era electoral sino político y en consecuencia ideológico, causa por la cual se requiere visualizar la problemática no en la limitación de las particularidades, sino en el todo contemplado en la autonomía, si esta es vista en su integralidad democrática.

Y es que en una democracia la educación es un proceso educativo— crítico, es decir, activo, dialógico, opuesto al autoritarismo, hecho en libertad,  basado en la participación e impulsadora de la variedad epistemológica, política y social, sustento, a su vez, de la erradicación de despotismos de cualquier tipo. En otras palabras, la educación crítica solo puede darse braceando en las aguas de la autonomía, lo que impide que haya acomodaciones masificadoras sociales, económicas y políticas del quehacer humano e impidiendo que el hombre esté al servicio del sistema, ya que, al contrario, este debe estar  al servicio del hombre.

Hay otro aspecto relacionado con la dicotomía autonomía-socialismo, cuando sabemos que este rechaza “el origen naturalista de los derechos humanos y se niega a derivar estos de la naturaleza del hombre o de la mente humana”. Entonces, es la apreciación, los derechos humanos no reflejan la relación del hombre con la sociedad o “del hombre abstracto con el Estado”, asegurando que lo que resulta apropiado es la organización social como Estado. Quiere decir que tales derechos  deben reflejar  la relación entre el Estado y los ciudadanos, de acuerdo a las disposiciones que este imponga. Ahora bien, que el Estado posea el monopolio de la organización social y de la economía,  implica que los derechos son derechos de Estado de manera uniforme. Por tales razones, el socialismo arguye que el Estado representa, en forma equitativa, los intereses del pueblo, causa por  la cual los ciudadanos no tienen derechos frente a él, lo que evita, es la justificación, que  entre ellos haya conflictos.

En esto último está el meollo del problema: si todos los derechos son derechos de Estado, la educación es también sería un  derecho de Estado, lo que hace inaceptable que en cualquiera de sus niveles sea autónoma. Es la misma pretensión de las monarquías cuando sostenían que  “El rey no podía equivocarse”.

Entonces, aproximémonos a una conclusión ¿Pueden los que tratan de implantar el sistema “socialista” aceptar que haya universidades autónomas cuando en estas inevitablemente se forjan modelos culturales disimiles por efecto del estudio y la investigación, es decir, normas, valores e ideologías que se opongan a lo que se trata de imponer? Pero también hagámonos una pregunta consoladora ¿Podría un Estado socialista evitar, eliminando la autonomía, y marginando las élites intelectuales, que se niegue una y otra vez la utópica igualdad que pregona? ¿Lo pudo evitar Rusia? ¿Lo evita Cuba? Por todo lo dicho la lucha debe ser frontal.

La universidad debe tener plena libertad e independencia. Cualquier régimen que se considere poseedor de verdades incontrovertibles, requiere de una sociedad que se lo permita y por ello no puede procurar otra cosa que poseer instituciones, la universidad entre ellas, que se sometan. ¡En todos está evitar tal desvarío!