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sábado, enero 17, 2026

Razones y pasiones: Poder y opresión

Por: Eleazar Ontiveros Paolini…

La sociedad, por efecto del voto, le confiere a los mandatarios determinados poderes, tipificados en las leyes, pero no un cheque en blanco para que hagan lo que les venga en gana. El poder que se le confiere debe ser utilizado para lograr un orden social justo y asegurarle a la comunidad una vida en paz, productiva, libre, sin pobreza, sin sometimiento ni sumisión de ninguna especie, obedeciendo cada cual al dictado de la propia conciencia. El poder se confiere  para que  la multiplicidad de intereses y tendencias positivas que se dan en la sociedad, puedan ordenarse orientando las tareas comunes o subordinarse a ellas, mediante disposiciones  establecidas para tales fines y cuya alteración es penada.

Lo malo es que muchos mandatarios que han sido electos, hacen caso omiso de esos límites y terminan haciendo todo lo que sea posible, no importa la irregularidad, el desconocimiento de lo legalmente establecido o la violación de los derechos ciudadanos, para darle vida a esa perturbación anímica  denominada obsesión por el poder, que traduce ideas fijas, inflexibles.

Usufructuar el poder  y tenerlo para gozar de sus privilegios, hace que los procedimientos, decisiones y búsqueda de incondicionalidades, esté por encima de la estabilidad del país. El corolario es que invariablemente tal obsesión conduce a la opresión, directa o indirectamente, y a  apoderarse  a discreción  los recursos existentes, utilizándolos para mantener el poder, aunque en muchos casos lo programado aparente o tenga  un algo diferente.

Por eso, es necesario entender, incluyendo lo universitario, que al Gobierno le importan poco las protestas, los paros, las huelgas, mientras estas no lo afectan desde el punto de vista electoral, ya que  poseer por esta vía el poder deseado es sustento para seguir actuado a voluntad, como en efecto lo viene haciendo. Ser favorecido por las elecciones, es lo único que importa. A la par, internacionalmente, muchos países apoyan al Gobierno, arguyendo la legalidad democrática, sin percatarse de que  el poder conferido es utilizado para el ventajismo descarado, puesto en vigencia, entre otros aspectos, por el grosero monopolio de los medios de comunicación social y la paulatina disminución de los de oposición, al de impedirles el acceso a los insumos, eliminar las promociones pagas, la autocensura a que obligada la supervivencia, el temor y la amenaza.

La tardanza del Consejo Nacional Electoral de las elecciones legislativas, se inscribe  en lo considerado. No se trata de problemas técnicos o falta de recursos económicos, sino de dejar correr el tiempo en procura de que el Gobierno logre alguna recuperación, dada su caída estrepitosa en la opinión pública. Y es que  si el proceso electoral se hiciera  ahora, su derrota  sería contundente.

Entonces, no se trata de que nadie renuncie. De que el Presidente se vaya para que ejerza la magistratura otro de igual o peor obcecación, por ejemplo el sargentón que preside la Asamblea Nacional, sino de ganar las elecciones, derrotar la justificación que con ellas se hace de todo un hacer gubernamental, que a diferencia de lo que muchos creen, no es resultado de  improvisaciones o de incapacidades, sino de pasos sostenidos pretendiendo el poder férreo del Estado, para que este tenga la propiedad y administración de los medios de producción, distribución y cambio y ejerza las regulaciones  mediante la definición y aplicación de leyes que le permitan orientar las actividades económicas y sociales, al igual que la distribución de bienes.

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