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martes, septiembre 22, 2026

Razones y pasiones: preocupación generalizada

Por Eleazar Ontiveros Paolini…

Algunos analistas consideran el problema de Bolivia como un hecho aislado. Nosotros creemos, por el contrario, que lo sucedido en Bolivia es un fenómeno con visos de similitud en la mayoría de los países latinoamericanos, donde el gusano del populismo se ha hecho predominante, debiéndose tener en cuenta que el mismo no es de derecha ni de izquierda, sino que se manifiesta, tenga la calificación que tenga el gobierno correspondiente, como una categórica falta de planificación, predominado la actitud mesiánica que como tal no puede tener una normativa equilibrada, a lo que se suman las precarias e imprecisas formas de distribución de la o las dádivas, cayendo inevitablemente en la discriminación y facilitando sustanciosos  negocios ilegales. En el populismo, que cetra su discurso en la igualdad social y la movilización popular, predomina lo emocional sobre lo racional, con lo cual todo se sustenta en eventualidades.  Eso lo sabemos perfectamente los venezolanos, causa por la cual se llega a extrañar ▬ parece que nadie logra explicaciones satisfactorias y convincentes ▬ , que siendo la situación de Bolivia desde el punto de vista económico y social, mejor que la nuestra y la de Nicaragua, en estos países no se hayan dado reacciones similares.

Un problema adicional y que genera diferentes grados de rechazo excepto en los irremediablemente incondicionales por efecto de las prebendas, es que el populismo al surgir de líderes carismáticos, estos terminan por querer perpetuarse en el poder, aunque para ello sea necesario modificar constituciones  y leyes que se lo impiden. Eso fue un factor determinante en la reacción de los bolivianos, a lo que se sumó no tomar en cuenta la contundente opinión de la OEA sobre inconsistencias en el proceso electoral, lo cual debió haber inducido a Evo a aceptar ir   a una segunda vuelta, pero, y es lo que hemos dicho, no  quiso correr el riesgo de perder el poder democráticamente, pues se sentía insustituible en cuanto a seguir calentando  la silla presidencial como lo había hecho desde el 2006.

Lo que si resulta cierto es que países como Colombia, Honduras, Venezuela, Chile y Brasil tienen un común descontento con sus supuestas democracias de derecha o de izquierda, causa por la cual, más ahora estimuladas por el fermento boliviano, quieren un cambio abrupto de sus gobiernos, con la debilidad histórica de que en muchos sectores se sigue pensando en el arribo proverbial de una persona capaz de solucionar los problemas.

Creemos que ni siquiera cambios de gobierno que resultan de elecciones libérrimas, va a lograr en los países latinoamericanos una verdadera paz y un desarrollo económico sostenido. Si ser augures y menos adivinos, esa situación  la va a vivir en poco tiempo Argentina. Los gobernantes deben entender, así ha sido invariablemente en el transcurso de la historia, que la satisfacción de necesidades genera a su vez nuevas necesidades, lo que implica administraciones con visión futurista.

Sin pretender que estamos sacando el conejo de la chistera del mago, nos atrevemos a pensar  que una posibilidad viable en nuestra América Latina, es que haya en cada país un pacto “puntofijista”, es decir, que todos los sectores organizados políticamente en partidos, después de los resultados electorales, con base a un programa elaborado por todos, ganador y perdedores, se de participación a nivel ministerial y en otros cargos gubernamentales a miembros de todas las organizaciones que tendrán la obligación de administrar a nivel central y en los estados o departamentos, en  función del programa suscrito, sin desviación de  sus lineamientos. Así, y lo decimos pecando de ingenuos, pero tomémoslo como posibilidad, las derechas no protestarían porque forman parte del gobierno, las izquierdas no protestarían por ser parte del gobierno, igual los independientes y grupos minoritarios. Así tendremos carreteras que no son de izquierda o de derecha sino carreteras; no tendremos escuelas de derecha o de izquierda sino escuelas; no tendremos hospitales de derecha o de izquierda sino hospitales; no tendremos comida socialista o de derecha en las escuelas, sino comida; los periódicos no serán de derecha o de izquierda, sin periódicos, en lo que se incluye, lógicamente,  poner en juego los principios técnicos y las planificaciones acordadas, que se promoverán como logros de un gobierno de coalición y no de un partido determinado. También las relaciones internacionales tendrán otro cariz, pues sea cual sea el  gobierno con el que nos relacionamos, no habrá razones para tratos preferenciales en cuanto a la apreciación y respeto a su soberanía, aunque si los haya desde lo económico, comercial y otros tipos de intercambios.

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