Razones y pasiones: Un logro revolucionario más

Por: Eleazar Ontiveros Paolini…

La lectura es para muchos una necesidad existencial. Lo es en especial para los intelectuales siempre en la búsqueda de fortalecer los fundamentos que le permitan con la actualización requerida, representar, encarnar y articular  conocimientos, mensajes visiones, ficciones, premoniciones, opiniones, actitudes, principios filosóficos y doctrinas, intentado con ello llegar a un conocimiento racional del universo.

En esa búsqueda los libros han sido fundamentales, insustituibles, al permitirnos conocer y analizar las propuestas interpretativas de quienes a través de la historia han aportado conocimientos trascendentes, dando con ello el apoyo requerido para acercarnos a ese conocimiento racional, aceptando o no sus proposiciones, manteniendo  así el juego dialéctico de la contraposición de los “legos” o razones.

En otras palabras, los libros han sido y seguirán siendo determinantes en la expansión del saber y, en consecuencia, en la reafirmación de la libertad y de la auténtica  democracia que es la democracia del saber.

Pues bien, en este juego tiránico, arbitrario que no termina por creer  lo que es, saber a ciencia cierta lo que hace y vivir sus cabecillas en contradicción con lo que ofrece, los libros se han convertido el algo que día a día se va haciendo muy dificultoso adquirir y producir, en especial porque la inflación, que sea cual sea lo que la determina siempre será responsabilidad de quien gobierna, ha llevado los precios a magnitudes de tal naturaleza que a veces vemos con asombro, llenándonos de frustración, que un libro que es de nuestro mayor interés, adquirirlo implicaría disponer para ello de un altísimo porcentaje de nuestros ingresos que ni siquiera alcanzan para satisfacer las necesidades básicas.

Y si bien,  algunos alegan que mucho de lo que nos interesa se puede conseguir por internet, leer en este no tiene ni tendrá nunca el sabor del libro impreso tal como lo conocemos. Es tanto que en el mundo las publicaciones aumentan día a día de manera sorprendente, desmintiendo la conjetura, a veces interesada, de su desaparición.

Además de los precios, los libreros tienen dificultades antes no existentes, para la importación de la producción bibliográfica del extranjero y para mantener los empleaos que atienen al público, dados los aumentos constantes de los sueldos.

Estas razones, brevemente expuestas, están obligando a que las “posadas de los libros”, así llamaron los egipcios a las librerías, estén bajando la santamaría, hundiendo cada día más al país y a sus ciudadanos en un mundo que se achica para homogenizarlo en las aguas de la ignorancia, haciéndolo pasto en el cual fijar la bota del poder. También resulta importante apreciar lo que pasa con los periódicos. Muchos desaparecen por falta de insumos y lo inaudito de sus precios, otros disminuyen al máximo sus páginas y los que superviven tienen que vender a precios que impiden la lectura diaria de uno o dos de ellos.

A pesar de todo, en la espera de los cambios ansiados, muchos seguiremos diciendo con Rubén Dario: “El libro es fuerza, es valor/ es poder, es alimento/ antorcha del pensamiento/ y manantial del amor.