Reconstruir la confianza para reconstruir a Venezuela

Se ha cumplido el primer mes desde que ocurrieron los fatídicos terremotos de magnitud 7,2 Mw y 7,5 Mw, que afectaron de manera trágica al estado La Guaria, parte de Caracas y, en menor medida, a otros estados de la región central. Este evento, no solo implicó la pérdida irreparable de vidas humanas, la caída de cientos de infraestructuras o el sufrimiento de miles de personas, sino que además conllevó al colapso de la confianza hacia las instituciones públicas en Venezuela.

Aunque suele considerarse como una palabra de uso común, ¿qué entendemos por confianza? Sobre esto, la investigadora Cecilia Güemes, en el capítulo “Marco conceptual: confianza y cohesión social” del libro Tejiendo confianza para la cohesión social: una mirada a la confianza en América Latina, publicado en 2019 por el Programa EUROsociAL, señala que “la confianza enfatiza en las expectativas positivas que tienen los sujetos sobre las intenciones y los comportamientos de otro(s) sujeto(s). Quien confía tiene la expectativa de no ser defraudado por el destinatario de su confianza”.

En otras palabras, la confianza es ese valor fundamental que nos conduce a esperar el mejor comportamiento posible del otro, sin temor a ser decepcionados o engañados, entendiendo por “el otro” tanto a los particulares como a las instituciones. En el caso de lo ocurrido en Venezuela tras el doble sismo del 24 de junio, se pudo observar una admirable activación de la sociedad civil, las familias, los vecinos, los amigos o simplemente los ciudadanos que, en función de sus capacidades, pusieron a disposición sus manos, sus recursos y su voluntad para atender la primera etapa de la crisis, que era rescatar y salvaguardar a los sobrevivientes.

Sin embargo, ese notable esfuerzo ciudadano, se vio altamente comprometido y limitado, por la ausencia de una respuesta coordinada y rápida por parte de quienes representan a los órganos y entes que conforman al Estado venezolano, que es el responsable de garantizar la protección de todo ciudadano, la seguridad de la Nación, así como de propiciar las acciones que reduzcan las vulnerabilidades existentes en el país y mitiguen los efectos de un evento generador de daños, tal como lo establece la Constitución de 1999 y la Ley de Gestión Integral de Riesgos Socionaturales y Tecnológicos de 2009.

Esta tragedia nacional puso a prueba nuevamente la capacidad de resiliencia de los venezolanos, que pese a ser una de las palabras clave con las que frecuentemente se describe su carácter para afrontar las continuas adversidades que se les han presentado a lo largo de su historia reciente, no impide que en esta ocasión les lleve a confrontar de manera ineludible su propia vulnerabilidad, que no es solo existencial, en tanto que no se puede evitar eventos como un terremoto o la muerte misma, sino que además está condicionada por la marcada desconfianza hacia un Estado que no atiende a sus obligaciones de velar por la seguridad, supervivencia y calidad de vida de sus ciudadanos.

En este contexto, pese a ser la confianza un factor clave para el fortalecimiento de la cohesión social, la solidaridad y en definitiva para construir capital social, fundamental en la consolidación de la democracia y el crecimiento económico, en Venezuela, ya era un activo que se encontraba altamente comprometido y debilitado, en gran medida como resultado de años marcados por la corrupción y la ineficiencia en la gestión pública. Respecto a esto La Encuesta Psicodata Venezuela, aplicada por la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) entre diciembre de 2022 y enero de 2023, encontró que el 81% de la población (8 de cada 10 habitantes) no confían en la mayoría de las personas.

Ahora bien, si ya no es posible hablar de recuperación, como lo hacían hasta hace pocas semanas analistas y expertos en distintas áreas para referirse al devenir de Venezuela, sino de reconstrucción, que con base en las estimaciones realizadas y publicadas en días pasados por el Banco Mundial, aplicando la metodología de la Estimación Global Rápida de Daños, requeriría unos 19.600 millones de dólares, cabe preguntarse ¿qué se necesita para reconstruir?, ¿qué es lo primero que debemos reconstruir? Sin lugar a dudas, la confianza, una que, entre otras cosas, asegure el óptimo y adecuado uso de los recursos, así como la oportuna rendición de cuentas.

Pero para reconstruir la confianza se requiere de basamentos firmes, y aquí es donde radica la importancia de contar con ciertas condiciones: la existencia de información pública, transparente y auditable, comunicada por organismos que cuenten con credibilidad nacional e internacional; reformas normativas adecuadas a la dinámica actual; el cumplimiento irrestricto de la Constitución y las leyes – lo que en principio pasa por garantizar el ejercicio legítimo del poder-, y, finalmente; la coordinación de los diversos actores públicos y privados, internos y externos que acuerden una agenda de trabajo cuyo cumplimiento y estabilidad sea certificado.

De esta manera, si bien la participación y la ayuda de los particulares son importantes y necesarias, no se debe caer en la tentación de creer que esta crisis se puede superar solo con la autoorganización social, ya que esta es insuficiente (y eventualmente agotable), si no se cuenta con el liderazgo de un Estado que, soportado en los cimientos de la confianza, ofrezca una institucionalidad y gobernanza capaz de diseñar políticas públicas que coordinen los esfuerzos y los recursos de la ayuda nacional e internacional para la atención de la crisis y la posterior reconstrucción del país.  

Yibeli Emilia Briceño Carrero

Politólogo y Licda. En Estadística

yibelib@gmail.com

26-07-2026