Por: German Rodriguez Bustamante…
La recuperación económica de Venezuela, tras 27 años de colapso, implica una transición política y económica compleja centrada en la depuración política, de un modelo que ha llevado a una nación, otrora orgullo del continente, en la más grande frustración y desgracia económica. Sectores clave como el petrolero, turístico y logístico buscan activarse, mientras se gestiona una crisis humanitaria con sectores productivos desmantelados y una realidad de servicios que lo impiden. La apertura económica dirigida o facilitada para la participación de inversores extranjeros, se enfrenta a sectores en ruinas, como el eléctrico. Interrupciones y cortes no programados continúan afectando la calidad de vida, mostrando la magnitud del desafío. Las declaraciones, anuncios y designaciones de comisiones especiales, no son suficientes para calmar las preocupaciones de los potenciales inversionistas.
El llamado a superar la polarización y la confrontación, pidiendo perdón por los errores cometidos, requieren mucho más que el sencillo reconocimiento de culpas. Es imprescindible construir un proceso de transición política que permita la estabilización. La reconstrucción se estima no en meses, sino en un horizonte de décadas, enfocada en la reinstitucionalización y el desmantelamiento de políticas que causaron el colapso. La autonomía del BCV debe ser restituida, con la designación de un nuevo directorio profesional, técnico y alejado de la politiquería de colores, para que cumpla con su misión de estabilización de precios y de preservar el valor de la moneda. Las empresas que se encargan de las revisiones deben mostrar cifras concretas de lo encontrado, para recuperar la confianza en el ente emisor, tanto interno como internacionalmente, y que la estabilización pueda caminar por un sendero limpio.
La continuidad administrativa o la ausencia forzada del presidente dictada por el TSJ, requiere una cosmética jurídica mejor para que las decisiones tomadas cuenten con un respaldo de mayor legitimidad. Decretos de emergencia económica, designaciones de comisiones y acciones especiales pueden caer en el desconocimiento futuro, afectando su continuidad y en definitiva afectar a la cacareada estabilización. La paz no se declara, ni la soberanía se garantiza con la creación de órganos políticos, es necesario acciones concretas como la liberación total de los presos políticos que se encuentran detenidos injustamente, la eliminación de medidas cautelares para quienes fueron liberados y la determinación de responsabilidades por violación de derechos humanos, como la ocurrida con Víctor Hugo Quero y con su señora madre. Hechos dolorosos que necesitan con urgencia su esclarecimiento y la condena de los involucrados, incluyendo las cadenas de mando, desde los niveles altos hasta la base.
Es muy difícil hablar de una recuperación económica plena y sostenible en Venezuela, cuando los servicios básicos son precarios. En la actualidad existe una contradicción profunda entre las cifras macroeconómicas de crecimiento y la realidad operativa del país. Las potencialidades existen y al parecer la disponibilidad de inversión extranjera también, pero esto se enfrenta con una dura realidad: una infraestructura de soporte destruida. La coalición en el poder reporta que la industria ha recuperado el 52% de su capacidad instalada, economistas y organismos independientes advierten que la fragilidad del sistema eléctrico nacional, es el principal obstáculo para que este impulso se mantenga. Sin energía confiable, sectores estratégicos como el petrolero, minero, turismo e industrial no pueden operar a mayores capacidades.
Las interrupciones de servicios obligan a las empresas a invertir en redundancias como: plantas eléctricas, pozos de agua y seguridad propia. Esto genera una economía de burbujas donde solo las compañías con gran capital pueden crecer, mientras que las pequeñas y medianas empresas (PYMES) quedan rezagadas, ensanchando la brecha de desigualdad. Adicionalmente que el consumidor local termina cancelando los costos de la continuidad comercial, industria y servicios. En el caso del sistema eléctrico, ya empresas internacionales como Siemens y General Electric, realizaron los diagnósticos para el mantenimiento de plantas, pero esperan por los recursos para la ejecución de los trabajos. Se requieren cerca de 15.000 millones dólares para la estabilización del sistema. No se puede olvidar que cantidades similares fueron entregadas a ministros en ejercicio, y tristemente fueron triturados por la estructura corrupta.
En conclusión, lo que vive Venezuela en este momento es una reactivación comercial y petrolera puntual, pero no una recuperación estructural, ya que esta última requiere una infraestructura de soporte robusta que hoy sigue en el piso. El abismo de los servicios públicos es descomunal, el crecimiento del PIB no es problema luego de años de caída libre, sin embargo la recuperación total de lo perdido en el tamaño de la economía, exige superar mayores barreras. La cuantificación y certificación de la deuda actual del país es la principal barrera. Un proceso de reestructuración transparente, pulcro y ajustado a las normas constitucionales es fundamental, para obtener fondos nuevos en mejores condiciones financieras. Existen altos riesgos de litigios por parte de acreedores que no acepten las condiciones de renegociación, situación que puede afectar el proceso.
Sin financiamiento nuevo y la estabilización de la estructura de soporte la recuperación económica es una fantasía. La existencia de burbujas económicas en las cuales pocos sectores crecen y la gran mayoría no, mientras los trabajadores tienen ingresos de subsistencia, la recuperación anunciada producirá mayores niveles de desigualdades. Señales que no favorecen al retorno masivo de profesionales y técnicos que emigraron y que en estas condiciones no regresaran. Tristemente son realidades que dificultan una estabilidad ordenada, sostenible y un crecimiento con equidad e inclusivo.
@germanrodri
11-05-2026
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