Por: Ramses Uribe…
Aporte originario. La gente inculta o quizás desinformada, cree que la universidad poco ha dado a la comunidad, especialmente en estos tiempos difíciles; consideran algunos que el alma mater debería aportarle a la nación, como si en más de dos siglos, nada hubiera hecho en pro del desarrollo nacional. La universidad viene contribuyendo al país con grandes beneficios de todo tipo: filosóficos, educativos, científicos, tecnológicos, artísticos, sociales, económicos, culturales, deportivos, a lo largo de toda su historia. Lo primero que aporta la Universidad de los Andes al estar recién fundada un 29 de marzo de 1795, es la feliz ruptura con el oscurantismo cultural de la época colonial. Esta es una actitud institucional de la iglesia junto a la academia. Se marca una clara diferencia entre dos épocas: la barbarie colonial, con su régimen esclavista y la cultura de una república balbuciente, en incipiente gestación. Aunado a esto, que ya es bastante aporte fundacional, se muestra una contundente rebeldía contra el gobierno de la época, signo distintivo que marcará la actuación universitaria en adelante y que llega a nuestros aciagos días.
Diagnóstico. Las instituciones universitarias están tan deprimidas como se encuentra el país nacional. Los datos son desalentadores y muy preocupantes: deserción educativa, diáspora masiva de miembros de la comunidad universitaria, deterioro de la planta física, apatía laboral, dificultades para cumplir con la elevada misión encomendada, ataques de delincuentes, salarios miserables, empobrecimiento de sus distinguidos miembros, enormes dificultades para hacer investigación, extensión, cultura y deportes, retraso científico y tecnológico, pérdida del raiting de excelencia, imposibilidad de intercambios científicos internacionales, entre otras calamidades.
Reingeniería de la academia. En este contexto problemático, ¿Puede pensarse o plantearse en serio la refundación universitaria?. A lo que sigue otra pregunta, ¿Tiene sentido hoy en día hacer reingeniería gerencial, académica y filosófica de las instituciones de educación superior?. Y ¿Se puede hacer borrón y cuenta nueva en la academia emeritense bicentenaria?. Además de soltar y dejar bajo la mesa la posibilidad de otras dudas e inquietudes del mismo asunto, ciertamente hay que hacer algo urgentemente para salvar la universidad. La amenaza de su destrucción ya no es virtual ni lejana en el tiempo, ya entró en la institución. Comenzó hace varios años y fue invadiendo todo rápidamente hasta llegar al punto actual de su debacle indeseable. Esta Llega con la brusquedad de la crisis que sin ninguna autorización irrumpe en todos los espacios de la sociedad venezolana, incluyendo sus instituciones como la emblemática e indispensable universidad.
Propuesta de reinvención. La academia debe continuar exigiendo sus derechos pisoteados, luchar y rescatar una democracia venida a menos y clamar por una mayor libertad, convertida en anomia libertina. A lo interno la universidad está obligada a reinventarse para estar a la altura de los tiempos malos del momento actual y elevar el nivel histórico, parafraseando al filósofo Ortega y Gasset. Se ha discutido y debatido por años acerca de la brutal y severa situación del país y de la universidad, hasta plantear recientemente algunas posturas institucionales en varias universidades para defender la nación y la universidad venezolana.
A grandes penurias, mejores superesfuerzos, puede ser el lema del momento. En esta hora compleja y delicada se requiere el concurso de todos los universitarios, el pueblo y el resto de las fuerzas vivas de la sociedad, en aras de un mejor porvenir para la nación incluyendo sus instituciones académicas.
Hoy ampliando ese abanico tentativo de soluciones universitarias, que ya habíamos planteado en Apula en el 2015, conviene considerar los siguientes aspectos claves: a) continuar lo mejor posible las principales misiones de docencia de pregrado y postgrado, extensión para todas las comunidades sufrientes, investigación científica, tecnológica, humanística y de las artes, cultura universitaria, deporte, educación física y recreación académica y para el pueblo, y administración eficiente, a pesar de la precaria situación financiera y social que padece. b) desplegar una auténtica solidaridad entre los mismos universitarios y con el resto de la colectividad. c) alianzas estratégicas con entes financieros multilaterales, embajadas y fundaciones internacionales que logren mejorar las finanzas de las instituciones y eleven el nivel científico-tecnológico, el nivel de vida material y social de los universitarios y sus familias. d) Apoyo extraordinario de los gremios universitarios y organizaciones no gubernamentales para defender los derechos de los miembros de la comunidad universitaria. e) Adopción de nuevos paradigmas posmodernos de la complejidad, abarcando la educación y gestión laboral por competencias, gestión de calidad y flexibilidad administrativa y académica, tal como lo han planteado autoridades en varios Consejos Universitarios, entre otras estrategias gerenciales, técnicas y principios filosóficos, que alejen la concepción y gestión medieval de la universidad y la ponga en sintonía con los nuevos retos del siglo XXI.
Todo esto permitiría con la ayuda de Dios, recuperar no sólo a la universidad sino al resto del país por efecto de irradiación social y cultural, contando con el apoyo de todo nuestro pueblo.
Ramsés Uribe, profesor de la ULA, Nuvm.
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