Reinventando la escucha

Por: Rosalba Castillo…

En tiempos de tanta virtualidad, pareciera que sobran las palabras y las imágenes son capaces de sustituirlas, sin embargo, la necesidad de ser escuchados, se ha hecho viral, pero también el dialogar y atender, dentro del proceso comunicacional. Aunque no son suficientes para asegurarnos ese encuentro entre dos personas. Se piensa que lo más importante es hablar, si lo hacemos fuerte. Damos por entendido que el que escucha debe tener una acción pasiva. Ese dar oídos, suele verse como un asunto no problemático, aunque está emergiendo el que las personas escuchamos mal. Este fenómeno ocurre en todos los escenarios de la vida.

Por eso el escuchar se ha convertido en una inquietud importante en nuestros días. Ya sea en lo personal, en pareja, en familia y en contextos laborales. Sin embargo, se hace vital hacerlo con nosotros mismos. Cuando escuchamos esa incompatibilidad en las relaciones, la escucha está en el centro de la inquietud. Mientras nos mantengamos en el tradicional modo de comunicarnos, no seremos capaces para desarrollarnos en esa atención efectiva.

Las dinámicas de vida han cambiado, somos más proactivos dentro de los procesos, somos protagonistas de cada instante. Las relaciones cada vez cobran espacios. No solo se trata de emitir información, sino la manera de enviarla y como es recibida. Es el escuchar, quien dirige ese proceso de la comunicación. Es estar con las personas, hablarles, atenderles. Incluso ir más allá de las palabras, centrarnos en las actitudes, en los gestos y hasta en aquello que no decimos. Necesitamos un adecuado decir, por lo tanto, debemos obsesionarnos con a quien va dirigido

Esa escucha efectiva, implica comprensión, interpretación. Es otra dimensión del comunicar. Es hacernos cargo del otro, mientras habla y antes de que nos lo pida. Atender sus inquietudes haciéndolas nuestras. Solo así le brindamos mayor

calidad a nuestras relaciones. Si logramos comprender que hablar es actuar, estaremos modificando el mundo, el estado de las cosas. El hablar trae consecuencias, el escuchar también. Solo cuando atendemos a quien conversa, podemos ver cómo nos transformamos. Las conversaciones tienen su poder. Al hablar revelamos como somos y el que escucha conoce el ser que se construye cuando decimos.

Atender a quien dialoga, nos da la llave para llegar a su corazón, a su alma. Se trata de descubrir cómo mejorar nuestra escucha en tiempo de teléfonos inteligentes en mano. Escuchar es como el resurgimiento de una disposición humana fundamental. Se trata de respeto mutuo. Aceptar que los otros son diferentes de nosotros. Apertura hacia el otro, apertura mutua. Restringimos nuestra capacidad de atender a quien con todo su ser nos obsequia su sentir. Producimos la fantasía de estar agudizando nuestro oído, mientras no lo estamos haciendo, básicamente nos estamos escuchando a nosotros mismos. Nos estamos cerrando las posibilidades que el otro nos está ofreciendo.

Prestar oídos y corazón a los demás, nos saca de nuestra persona como individuos. Hoy tenemos la responsabilidad afectiva de saber atender a quien establece un contacto íntimo de hablarnos y abrirse a nosotros. La escucha no solo nos brinda una comunicación efectiva y el éxito personal sino una mejor convivencia, una vida en armonía

Escuchar se ha convertido en el verdadero reto donde esta en juego la propia sobrevivencia de la humanidad.

Rosalba Castillo

rosaltillo@yahoo.com

03 12 2022