No hay adjetivos en nuestro idioma para calificar a esos seres miserables que son capaces de robar un centro asistencial, y salir de allí tan campantes, llevándose consigo lo poco, pero necesario que hubiera en las instalaciones, más aun cuando del buen funcionamiento de las mismas depende la salud de muchos pacientes.
Aunque a las personas honestas y de buena voluntad nos cueste creerlo, sí hay un tipo de delincuentes, que en su afán de hacerse con un “botín”, se atreven a profanar un recinto que es para darle protección y cuidados a quienes lo necesitan: los hospitales.
La madrugada de este 5 de enero facinerosos ingresaron al área de la Unidad de Diálisis del Iahula. Lograron robar la laptop y tablet del médico de guardia, residente de Nefrología. Asimismo cargaron con la cocina eléctrica del área de enfermería. De igual manera, lanzaron al piso líneas de hemodiálisis y dializadores. Los antisociales se llevaron también las llaves del servicio. Actuaron con premeditación, alevosía y mucho ensañamiento con el único objetivo de destruir y hacer el mayor daño posible.
Cuánta maldad puede haber en quienes sin ningún tipo de consideración, atacan a los bienes de las personas que hacen un gran esfuerzo por permanecer cumpliendo su labor en un centro de salud. Dejar a un médico sin sus instrumentos de trabajo, quitarle al personal, la cocinita con la cual preparan o calientan su alimento, no tiene nombre, es detestable, siniestro, reprobable.
Al conocerse los hechos, la policía fue informada de lo sucedido y esta vez se espera que las investigaciones arrojen resultados que esclarezcan la situación. Cabe mencionar que hace un año se robaron también el laringoscopio de este lugar.
Los cuerpos de seguridad del Estado Mérida deben dedicarse a dar con estos delincuentes para que enfrenten las consecuencias de sus actos. En este sentido, el personal médico y de enfermeras exige, tanto a la dirección del Iahual como a los funcionarios policiales que se dé con los responsables de estos hechos que afectan constantemente el principal centro de salud de la entidad. Es imperativo que sobre estos antisociales, caiga todo el peso de la ley. Preocupa ver cómo personas sin escrúpulos sean venezolanos o no, puedan comete actos tan infames y que la policía, tan diligente para atormentar a los ciudadanos en las alcabalas y puntos de control, no sea capaz de poner tras las rejas a quienes causan un veredero perjuicio a la comunidad.
El silencio cómplice también es un delito, y todo aquel que tenga información debe hacer las denuncias respectivas. Actos de esta naturaleza no deben quedar impunes.
Esperamos poder dar la noticia de que estos malhechores ya fueron detenidos y que se hará justicia.
Redacción C.C.
09-01-2021




