Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen (Salmo 65)
En la Hechos 8, 26-40, en el diálogo entre el apóstol Felipe y el alto funcionario de Candaces, reina de Etiopía, luego de oír Felipe lo que aquel leía, (un pasaje del profeta Isaías 53, 7-8), formula la siguiente pregunta, «“¿entiendes lo que estás leyendo?”» A la que el funcionario responde con otro interrogante, «“¿cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica?”». Aparecen dos verbos, entender y explicar, que, englobados a este mensaje del Salmo 65, «cuantos temen a Dios, vengan y escuchen, y les diré lo que ha hecho por mí», introducen la meditación en la intención propuesta para el segundo día de la novena (jueves 22 de abril de 2021), «“Beato José Gregorio ruega por los jóvenes venezolanos, dentro y fuera del país”».
Terminados sus estudios en el Colegio Villegas, José Gregorio ingresa a la Universidad Central de Caracas. ¿Cómo entiende este nuevo adelanto en su vida? Con aplicación y entereza; con erudita fidelidad a sus estudios, al genuino fervor religioso, y su íntegra estima al catolicismo. ¿Cómo explica este fervor en un ambiente estudiantil, intelectual, impregnado por las nuevas conquistas de la ciencia, en jóvenes inquietos por profundizar en los aspectos más agudos del saber humano? Mostrando lealmente su talante humano y cristiano. En estos aspectos, ampliamente plantados en su familia, permaneció siendo él mismo, manteniendo la firmeza de su identidad, aunque a su alrededor hubiese innovadoras modas que intentasen alterarla. Al respecto, acentúa el salmista, «[…] él (Dios) […] no dejó que tropezaran nuestros pies».
Esa armonía personal del muchacho José Gregorio, afín al estudio y al sensato recogimiento, no permitió convertirla en presa de una sucesión de sensacionalismos. Al contrario, supo distribuir y administrar el tiempo. Tocaba el piano, tanto en la casa que alquiló, ubicada entre Madrices e Ibarra, como en el hogar de la familia Dominici, los domingos por la tarde. Ante los escasos recursos que podía enviarle su papá, Benigno Hernández, el joven José Gregorio aprendió sastrería, y sus trajes los elaboraba en la noche según un patrón que le facilitaban. Se aprecia de este modo la augusta máxima de san Benito Abad, ora et labora; y una ilustrativa justificación por la cual este joven lleva el nombre de San José.
En realidad, José Gregorio como San José, custodió en su vida la amistad con el Altísimo. Aunque residieron en épocas distintas, en las adversidades, (José y María advierten la masacre de los inocentes, huyen con el niño Jesús a Egipto; José Gregorio en el tercer año de medicina enfermó gravemente, al punto de pedir la asistencia espiritual del entonces Rector de la Escuela Episcopal, Pbro. Dr. Juan B. Castro), no abandonaron el respaldo de aquella fidedigna alianza. Estos ilustres amigos de Dios, amigos del hombre, desentrañaron su virtud no cual protocolo ético, porque ella les hubiese sido un puro prescribir para que se hagan las cosas. Al contrario, su persona desplegó un sincero saber hacer; un elocuente testimonio que asimismo confecciona una sólida respuesta a la pregunta del etíope, «“¿cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica?”».
Jesús subraya en el evangelio, «“todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí”» (Jn 6, 45). El ejercicio de escuchar y aprender, implica que moldear el espíritu según un equilibrado criterio humano, científico, fiel, no es forjar una decisión por un tipo de vida extraño, anormal; sino que cada personalidad, en especial los jóvenes venezolanos, dentro y fuera de la patria, aprueban encarnar libremente en su original proceder un práctico comportamiento no como escueta lógica de adjetivos, sino de un ser humano que ha de realizarse con sacrificio, con renuncias cuando son imprescindibles, con dedicación, con perseverancia y, sobre todo, con el ingenioso brío de la esperanza.
Los jóvenes que han optado quedarse como aquellos que han optado emigrar, —y muchos ya lo han experimentado—, han de percibir la indefinible satisfacción, aunque no sea en el mismo campo que el de José Gregorio, al escuchar estas palabras de su profesor y amigo, rector para el entonces de la Universidad Central, Dr. Aníbal Dominici, (abogado), es decir, «“Venezuela y la medicina esperan mucho del doctor José Gregorio Hernández”». Él, como todos los jóvenes, gustó la prueba ingrata de las dificultades, y no obstante creyó en sí mismo, para acceder en su misma persona a algo mejor; «“¿hay alguna dificultad para que me bautices?”», preguntó el diplomático etíope; «“ninguna, si crees de todo corazón”», resaltó Felipe.
María, Inmaculada Concepción, san José, Beato Dr. José Gregorio Hernández Cisneros, en los jóvenes no debe esfumarse el ideal de buscar lo bueno, lo óptimo; en sus vidas están preparándose, y toda formación, sea de quienes están en el país o fuera de él, contribuye a vencer las cegueras tanto individuales como aquellas emergidas en la sociedad. El Señor bendiga a nuestros jóvenes, y los ilumine; Él los apoya, pero no les hace lo que han de realizar con su innegable empeño. Beato José Gregorio ruega por los jóvenes venezolanos, dentro y fuera del país. Amén.
19-10-24
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com



