Semblanza: Carmen Correa    

Biografía. Lo que escribo a continuación es subjetivo, parcializado con un gran interés y motivación por completo en lo personal, familiar y más allá. Se trata de rendirle tributo y muy emotivo homenaje a una persona supremamente especial igual que mi padre, un gran educador,  a quien ya le hicimos su semblanza en el 2018 (ver  https:/comunicacioncontinua.com/semblanza-nepomuceno-uribe-ardila/ ). Se trata de mi querida Madre. Ambos progenitores nuestros decidieron y apostaron por este hermoso país de Venezuela y aquí sembraron la semilla familiar, dejando hijos, nietos y hasta bisnietos, además de un legado social, cultural, educativo y axiológico (valores) a quienes conocieron y compartieron como vecinos, amigos, estudiantes, clientes o  compañeros laborales. Como tantos miles de migrantes que llegaron   para alejarse de la guerra u otra calamidad o buscando un porvenir mejor, mis padres vinieron al país, motivados por la promesa de un futuro próspero y feliz, como en efecto así fue, gracias a Dios. Doña Carmen al vivir y estudiar en el país hermano posee esa impronta especial de buena educación, cortesía y preparación para el trabajo y la vida familiar que es característica medular intrínseca de ese maravilloso pueblo. Como es lógico, sin los cuidados y amor prodigados por nuestra Madre a toda la familia no lo estaríamos contando. Valga esta conclusión familiar para extrapolarla a todo ser humano: sin una progenitora sensible y dedicada nadie puede sobrevivir. No vivimos en este mundo social y humano por simple generación espontánea, sin estrechos lazos familiares o al menos, sin el apoyo de cuidadores dedicados y amorosos.  

 20 años no es nada. Se dice alegremente que es poco tiempo de vida transcurrida. Así canta el poeta, el cantor o cantautor, cuya canción hace alusión sobre que un par de décadas es poco lapso temporal en relación a la sumatoria total de la vida. Sin embargo, cuando una persona llega a los 80 años no puede decirse lo mismo, ni cosa similar. Una dama que no solo contribuyó 20 años sino varias décadas más a su hermoso aporte existencial. Pocas personas quisieran darle tanto al mundo. La mayoría quiere jubilarse a los 50 años para sentarse a ver pantallas y comer cotufas (Pop corns, palomitas de maíz, dirían los norteamericanos;  y crispetas es lo que se dice en Colombia). Consideramos que es un hecho completamente extraordinario. Especialmente en tiempos de crisis o tiempos interesantes señalan otros en donde las calamidades sociales y desastres naturales están a la orden del día. Nuestros adultos mayores  de vida aparte de edad, llevan o llevaron a cuestas innumerables experiencias teñidas de alegrías o tristezas y dejaron un aporte también incalculable para los familiares, amigos, colegas y conocidos o por encontrarse. Así lo hizo y lo vivió Carmencita, como le decían cariñosamente muchos amigos o familiares.   

Pensamientos maternales. Sin lugar a dudas, la mayoría de las madrecitas tienen sus dichos, frases y retahílas que tanto nos gustaban de niños y también de adultos. Las abuelas y madres tienen una filosofía de la vida muy particular. Son las frases célebres familiares a cargo de las matriarcas, esas adorables señoras que rigen los hogares, al menos en le modelo de familia nuclear tradicional. En mi caso, ella ha repetido o reelaborado las sentencias de mi Abuelo materno y ha tenido una certeza sorprendente para emplearlas en el momento y situación justa y adecuada en pleno siglo XXI contrariando a la inteligencia artificial (IA).  Una de sus sabias frases cotidianas es:  “bueno, le dijo la mula al freno”. Es como decir, un permiso, ¿a dónde vamos?. También indica el momento de pararse, detener la marcha por alguna razón. “No deje tinguilingas”… Esta otra frase célebre que indica una clara noción ecológica porque evita el desperdicio de las cosas, especialmente de la comida, la emplea la jefa (así le dicen los mexicanos a las madres) para prohibir que se dejen restos de alimentos sobre los platos. Otra frase emblemática familiar es aquella de “dejó eso manga por hombro”. Esta hace alusión al abandono inconveniente de las tareas o las cosas. Es cuando se deja algo tirado por ahí quedando a la deriva o se deja la habitación desordenada… 

Estética y teología de la Madre: El gran escritor francés, Honore de Balzac, llegó a decir algo hermoso sobre la madre: “Jamás en la vida encontrarás ternura mejor, más profunda, más desinteresada o verdadera, que la de tu madre.” ¿Quién osaría contrariar tal afirmación? ¿Alguien podrá decir que el escritor se equivocó? Seguramente habrá algunos que no contaron con el amor maternal por alguna razón trágica del destino y tendrán el argumento opuesto, quizás habrá algún resentimiento si le correspondió una mala madre. Nos atrevemos a declarar con osadía que la inmensa mayoría de madres son buenas. Muy pocas serán desnaturalizadas. Tendrían que apoyar totalmente al escritor europeo pues comparando los distintos amores humanos, sin duda, el amor maternal cumple todas las cualidades que él ha señalado. Por fortuna, nuestra familia siempre contó y sigue apoyado en la eternidad por nuestra adorada Madre. No queda su presencia física sino espiritual, sus recuerdos donde privaba la ternura y la sabiduría tanto cotidiana y doméstica como aquella que solo brinda la persona experimentada en las vicisitudes de la vida. Teológicamente, se alaba y menciona a la madre reiteradamente de manera muy especial, como debe ser. Por ejemplo, en Jueces 5:7, se destaca como aquella mujer que atiende y cuida a los demás. El diseño del Padre Celestial fue más que perfecto cuando crea a la madre para bendición de la humanidad; un ser protector excepcional con amor ilimitado para prodigar incluso a los ingratos. Efectivamente, somos afortunados los que hemos contado con el amor incondicional maternal de nuestra amada Carmen, y siempre sentimos su mano tierna cuidadora durante toda nuestra vida. Si lo vemos bien, no cualquiera se encarga de velar toda la vida por el bienestar de unos niños que al crecer abandonarán a sus progenitores en busca del porvenir, como reza la biblia, y no siempre se ocupan de sus ancianos benefactores existenciales. Sin duda, los padres y en especial la madre, se dedica en cuerpo, alma y espíritu a levantar una familia para que algunas veces no le den ni las gracias. No hay derecho. Este mensaje es para recordar la enorme e incalculable importancia social y familiar de las madres. Por tal motivo ellas merecen todo lo mejor.

Por: Ramsés Uribe-profesor de la ULA                                                   

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05-11-2025