Semblanza: Mario Briceño Iragorry

Por Ramsés Uribe…

Doña Beatriz Briceño Picón, periodista de la UCV, su hija, dama ejemplar promotora de la cultura nacional señaló en una agradable entrevista con el periodista Leo León, que nuestro homenajeado era un trujillano merideño. Sus 2 amores sin celos, su esposa y Venezuela. Fue el mejor estudiante de la ULA en su época y rector honorario. Presidió el Congreso Nacional. No manejaba dinero pues lo administraba su mujer. Son unas pocas características biográficas para comenzar que ya dicen bastante. Tener dos nacionalidades regionales es vivir entre dos pasiones geográficas. También Don Mario tuvo otros dos amores fabulosos que siempre conservó hasta el final… como grita con insistencia democrática la ingeniero industrial y otrora extraordinaria diputada, María Corina Machado.

 Pensamiento Briceño-iragorryano. Conocer las grandes figuras que han hecho grande al país otrora potencia petrolera, es un deber y un  placer estético. El eslogan del podcast canal virtual “La palabra compartida” a cargo de Andrés Della Chiesa, filólogo y Francisco Pérez Alviárez, periodista (2022): la historia de lo que nadie te contó de Venezuela, es sencillamente magnífica. En el 2023 ya nadie o pocos, como los historiadores, cuentan acerca de nuestra historia que no es simple palabra, mera ciencia para los entendidos. Tampoco se habla mucho de los pesos pesados de nuestra historia. Don Mario Briceño Iragorry nació en Trujillo en 1897 y murió en 1958. Fue un escritor inquieto y preocupado por el país; ciudadano ejemplar, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua, además fue profesor, político, historiador, diplomático, abogado, aparte de esposo y padre de 8 hijos. Es nacionalista en un sentido elevado; amando al país, ve siempre el potencial para un mejor futuro. Hoy, estando cerca del retorno de la auténtica democracia, si Dios quiere, se necesitarán muchos más buenos ciudadanos,  Marios Briceños Iragorrys, Marianos Picón Salas, Tulios Febres Corderos, Martín Morales, Juan Félix Sánchez, Teresas Carreños, Jacintos Convites…para reconstruir la hecatombe nacional sin parangón.   

Otro poco de biografía. Della Chiesa y Pérez Alvíarez, siguen explicando que nuestro célebre escritor, hace lecturas tempranas de Nietzsche. A los 23 años comienza a dar clases en el Liceo Libertador de Mérida, Venezuela, iniciando así su labor pedagógica. Luego inicia su etapa positivista (filosofía inaugurada por el pensador francés Augusto Comte en el siglo XIX, basada en el exagerado enfoque cuantitativo de la ciencia) el abogado Mario, ocupó diversos cargos en el gobierno. En su libro: “Tapices de historia patria”, está la idea de venezolanidad; ¿qué es el venezolano?. Es un ser perfectible y puede progresar en la medida que conozca y comprenda su propia historia; esa es una idea platónica que atraviesa  todas sus obras; y no por platónica es idealista e inalcanzable. Se habla del amor platónico como inalcanzable, cuando es algo ajeno a esa idea. En Platón el amor es el impulso a la belleza pura, que no es solamente física sino espiritual; es la que produce contemplación y admiración. En Briceño Iragorry lo platónico sería la comprensión, el conocimiento y el análisis de nuestra historia y a través de eso conseguir amarnos a nosotros mismos. Sentir orgullo por lo que somos en realidad, desde el punto de vista ético, de los valores.  Venezuela no puede mejorar, ni perfeccionarse ni corregirse si antes no se conoce a sí misma. Al conocerse tiene que ver sus vicios para cambiarlos y sus virtudes para defenderlas. La belleza real de los venezolanos está en esa comprensión no en el Salto Ángel ni a sus youtubers. Briceño Iragorry y otros positivistas venezolanos creían que el progreso no era inevitable, sino posible, eso sí, trabajando, construyendo, sacrificando, estudiando, no era algo que se daba por generación espontánea. La posmodernidad trajo consigo la idea de lo relativo y subjetivo cayendo en el extremo de que no hay una totalidad, pues todo está fragmentado; lo que hizo fue crear una desconfianza generalizada en el progreso o en la posibilidad del progreso. Alberto Adriani, Arturo Uslar Pietri y hasta Renny Ottolina, siguen la defensa que hace Don Mario Briceño de la agricultura y la relación que ésta presenta con la educación. Hay una metáfora del educador que planta una semilla. El tema de la agricultura como una verdadera solución, no sólo económica sino espiritual por la relación que el hombre establece con su trabajo, con la tierra, con el fruto de la tierra es hasta poética. Es espiritual pues es una convicción cristiana. Hoy en día tendría que ser más asequible, la posibilidad de volver a valorar la educación y la agricultura, quizás el turismo también como pilares donde puede sostenerse y debe desarrollarse económicamente este país.

Lo dicho por los autores citados, Andrés Y Francisco, es muy importante además de su indudable valor histórico, sobre el legado de Briceño Iragorry, así como de otros grandes criollos como Mariano Picón Salas y muchos más, es primordial para entender y actuar en nuestro difícil presente. El positivismo que tanto abrazó hoy está superado. La filosofía actual es ecléctica, compleja y multicolor. Para entender a Venezuela se necesita luego de reflexionar mucho y considerar los resultados de los estudios académicos ya efectuados, reaprender a quererla con apasionamiento como lo hacían nuestros antepasados antiguos y del siglo XX. Regresar a esos orígenes es más que necesario. La metáfora del intelectual sembrador es algo bello para vivenciar en cada acto de vida nacional. Padres y madres o responsables de los menores de edad se esfuerzan por cuidar la vida y cultivar los valores en ellos. Los trabajadores aran la tierra del trabajo para satisfacer algunas  necesidades personales y familiares. Los estudiantes y curiosos ponen su empeño en aprender a sembrar las competencias que están en potencia todavía. Todo el que practica algún deporte le rinde honor al cuerpo humano y sus capacidades, habilidades y destrezas maravillosas. El artista siembra con sus obras de arte fabulosas el mundo para que brote la alegría. El emprendedor y el tecnólogo cultivan con sus inventos y técnicas que florecen con utilidad. El filósofo y el educador plantan la semilla de la idea fundamental para pensar, modelar y existir con el conocimiento. El teólogo riega el espíritu del creyente para servir al prójimo y entender a Dios. El científico emplea un método científico holístico (integral) para solucionar la problemática concreta de la sociedad y la naturaleza.          

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07-11-23