Señor, déjala todavía este año
(Lucas 13, 8)
El versículo tomado como título de esta reflexión aparece en el evangelio (Lc 13, 1-9), leído este III domingo de Cuaresma. El asequible significado eclesiástico y pastoral comunicado por Jesús en él, compagina con el lema del Papa Francisco de este año jubilar: Peregrinos de la esperanza.
Después de los dos relatos, la matanza de los galileos por parte de Pilato, y el de la caída de la torre de Siloé sobre las 18 personas, el Maestro esboza la comparación de la higuera improductiva.
Cada parangón, y metáfora de Jesús, evidencia un genuino quehacer pedagógico, porque antes de reivindicar profesionales expertos en ellas, de interpretarlas como órdenes difíciles o mecanismos complicados, más bien en ellas alienta, como la del texto sagrado de este domingo, el empeño de salir de la miseria de mentalidades encapsuladas en incongruencias, sostenedoras de medidas y procederes de sumisión, escasas en proyecciones realmente espirituales, tocadas sustancialmente de la savia del Evangelio.
Antes acotamos, el asequible significado eclesiástico y pastoral, pues, en la comparación el propietario de la higuera plantada en su viñedo, (oriundamente era símbolo de prosperidad), y de cara a su infecundidad, previene al viñador, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado.
El grupo de términos, durante tres años seguidos, ilustra los tres años de vida pública de Jesús recorriendo el territorio israelita de un lado a otro, éste representado en la higuera, y aún notar al final de tal período la exigua receptividad a la luz de su persona y su enseñanza.
Indudablemente, la rutina, —repetición automática de comportamientos con los que disimulamos el propio entorpecimiento y el del otro—, crea hábitos que amortiguan el deseo de adelanto, es decir, de conversión.
Sin embargo, el Hijo de Dios, el Maestro Jesús de Nazaret, no deja su actividad a resultados áridos, impredecibles y dudosos; de hecho, al asegurarle el viñador, Señor, déjala todavía este año, éste encarna el tiempo de la Iglesia a la que incorpora al rendimiento del valor pastoral transferido por Él mismo en la imperecedera y fecunda sabiduría del Evangelio.
Esta imperecedera y fecunda sabiduría, soporte del trabajo en el mundo de todo discípulo de Cristo y de su Iglesia, simultáneamente cuenta con un YoSoy, manifestado tres veces en la primera lectura (Ex 3, 1-8. 13-15), del cual fielmente escucha, con este nombre me han de recordar de generación en generación.
Por eso, la Iglesia, amparada en el YoSoy siempre y sin interrupciones, forma hombres y mujeres, de hecho, el significado pastoral, no solamente colmados de teorías, sino asimismo de factibles destrezas, con las que acoplan el enlazamiento eclesiástico de la concordia, cuyo trabajo es en función del progreso de la enseñanza para el servicio.
Cuando ponemos trabas al servicio, es porque el principal obstáculo se lo hemos plantado a la conversión. Jesús invita a una conversión efectiva; en consecuencia, enfatiza a quienes le describieron la matanza de los galileos por parte de Pilato, y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante.
A Él lo llamaban despectivamente galileo; y los galileos del momento, exceptuándolo, eran revoltosos y violentos; por ende, les esclarece que esa conducta obstinada, sin corrección, los llevaría a desenlaces fatales.
En efecto, cuando es aprehendido, y alguno con la espada que llevaba atada a la cintura, la desenvaina y corta la oreja al criado del sumo sacerdote, inmediatamente le amonesta, vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán (Mt 26, 52).
23-03-25
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
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