Los meses avanzan a una velocidad inusitada ¿es una sensación o una realidad? Ya estamos en septiembre y pronto llegará diciembre, y este 2019 se terminará. Lo más lamentable, es que en este año que transcurre la incertidumbre ha hecho su aparición con más fuerza. Los venezolanos hemos pasado tantas circunstancias difíciles, sumamente complicadas. Desde un gran apagón que dejó a casi toda Venezuela a oscuras, con todos los daños colaterales que causó y sigue causando, pasando por la falta de suministro de combustible, agua potable, gas, que acusan casi todas las regiones, hasta presenciar esta especie de maremágnum donde los actores políticos sea de la tolda que sea, no atinan con soluciones que mitiguen el hambre y la miseria en la que está sumida la mayoría de la población.
Lamentable y repudiables es que, en un país, la diatriba política, prive sobre los asuntos sociales y un afán avieso, para unos de perpetuarse en el poder, para otros de arrebatárselo sin planes ni mapas de ruta, que por coherentes y bien estructurados convenzan a los ciudadanos de que la oferta es la adecuada.
La realidad es que nuestro país, está destruido. Las calles desoladas de Mérida, están llenas de mal vivientes porque ya las personas de bien, se refugian en sus hogares lo más temprano posible y si salen, al centro, lo hacen por la obligación de realizar alguna diligencia importante, de lo contrario, prefieren no enfrentar la crisis del transporte, mirar cómo las colas de la gasolina siguen en aumento, sentir la frustración al no poder acceder a los alimentos o bienes de aseo personal, o medicinas, porque el dinero simplemente no alcanza, ver los negocios otrora florecientes, cerrados o sin mercancías que ofertar.
La subida vertiginosa del dólar que no tiene explicación o al menos nadie la da, y ni el por qué no se le pone un alto, tiene a la gente en ascuas, porque inmediatamente cualquier artículo duplica o triplica su precio, y la excusa, cierta o no, es “la subirá del dólar”, mientras con el equivalente a un dólar de salario mínimo, ¿quién puede aspirar a una vida digna y decorosa donde las necesidades básicas estén cubiertas, gracias lo que percibimos por nuestro trabajo?
El clamor es general, y proviene de cualquier estrato social o tendencia política porque todos, rojos, amarillos, azules o blancos, estamos siendo afectados por igual. Algunos logran subsistir gracias a las remesas procedentes del exterior, porque la mayoría de los que abandonaron el país, cuando consiguen estabilizarse, ayudan a los familiares que se quedaron, pero como dice un joven “la mega inflación que existe, devalúa incluso al dólar porque apenas los cambiamos en bolívares, ya se vuelven sal y agua”.
Venezuela requiere una salida airosa a esta crisis ignominiosa, pero con gente consciente y decidida a poner los intereses de la nación por encima de los personalismos e ínfulas de grandeza. Es muy poco favorable para la oposición que, por ejemplo, el equipo de seguridad de Juan Gerardo Guaidó, tenga como práctica agredir a los comunicadores sociales que están cumpliendo con su deber. Varias denuncias se han formulado al respecto y ahora “nada queda oculto, todo sale a la luz pública”, con desmanes y mal tratos a los que trabajamos informando, no se gana nada, al contrario deja un mal sabor y siembra desconfianza. Es oportuno recordar que rectificar es de sabios, y persistir en los errores es de necios.
En todo caso, bienvenido mes de septiembre, y con fe y esperanza seguiremos desde nuestras trincheras, apostando porque las buenas noticias lleguen. Ser positivos, pero objetivos, ser resilientes, orar, bendecir y agradecer son conductas que nos ayudarán a mantener el ánimo a pesar de las adversidades.
Redacción CC-AE


