Universidad + estudiante + profesor= aprendizaje, saber, triunfo

Este 2020, atípico en todos los sentidos. Signado por la pandemia de una virus que vino de china y que rápidamente y sin pedir permiso comenzó a contagiar a los terrícolas sin hacer diferencias de ninguna clase. Este virus, al que llamaron coronavirus porque hasta corona tiene y ahora reina en el planeta, como dueño y señor,  trastocó las economías mundiales, trastocó la manera de estar juntos como seres gregarios que somos. Nos separó físicamente y nos tapó la boca, nos metió en un túnel oscuro de incertidumbre, en el cual muchas metas, proyectos y objetivos personales, se quedaron en pausa, hasta saber qué es lo que realmente sucederá.

Y los estudiantes venezolanos ¿cómo están? Pues están muy afectados. Sus sueños de asistir a clases, compartir con sus profesores, saludar a sus amigos, sentir esa experiencia maravillosa que ofrece el entrar a un aula para aprender, lo que esa persona que está allí, frente a ellos , de carne y hueso, de alma , vida y corazón, que se llama profesor, tiene para decirles, eso, por los momentos, no es posible.. El contacto importantísimos entre el maestro y el alumno se ha perdido en medio de una cuarentena que se hace muy, muy larga, y en medio también de muchos de los problemas que afectan nuestras universidades que no son un secreto para nadie y que han influido negativamente, en el normal desenvolvimiento de la relación: Universidad + estudiante + profesor = aprendizaje, saber, triunfo.

 Las universidades venezolanas en su mayoría están en un quiebre técnico. No tienen un presupuesto que alcance ni siquiera para mantener sus infraestructuras que, como el caso de la UCV, hasta el techo se les está cayendo encima. Los profesores devengan sueldos miserables que no les alcanza ni siquiera para alimentarse bien. Los estudiantes, los que aún están aquí, se quedaron con sus deseos de continuar o terminar sus carreras y deambulan por las calles de Mérida intentando reunirse y buscar soluciones que les permitan, al menos seguir, pero todas las iniciativas se estrellan contra el gran problema que significa ser estudiante, en un país lleno de conflictos, arbitrariedades, injusticias y  desigualdades.

Con la grave situación inflacionaria nuestros estudiantes no pueden comprar libros, cuadernos, y ni un bolígrafo. Nuestros estudiantes, a veces no tienen qué comer, ni cómo transportarse, y mucho menos pueden aprender por la modalidad online, porque en el país las comunicaciones están cercenadas, la telefonía no funciona y mucho, muchísimo menos, internet. Aun así debemos confiar en el espíritu rebelde, entusiasta, creativo y decidido de nuestros estudiantes. Jóvenes que  buscan soluciones, que intentan acciones para no dejarse vencer por las tormentas que los azotan sin piedad. Ellos y ellas, tienen sueños y los quieren cumplir. Muchos dedican parte de este tiempo “libre” para repasar sus materias. Otros leen y estudian por su cuenta, esperando la hora de poder volver a sentir la emoción de un salón de clases donde compartir la sagrada experiencia de ser estudiantes, en la verdadera dimensión de la palabra porque la principal función de los alumnos es aprender siempre cosas nuevas sobre distintas materias o ramas de la ciencia y arte, o cualquier otra área que les interese porque “el conocimiento no ocupa lugar”. Como decía el maestro Gandhi: “Vive como si fueras a morir mañana… aprende como si fueras a vivir siempre”.

Ejemplo de valentía y coraje.

Los estudiantes venezolanos están dando un ejemplo de valentía y coraje para enfrentar las vicisitudes, no solamente las causadas por una pandemia que es mundial, sino las muy particulares de un país que, lamentablemente, no ofrece un panorama promisorio para alcanzar las metas. Pero, no todo está perdido porque las dificultades hacen que nuestros estudiantes formados, en su mayoría,  con valores y principios morales puedan vencer la oscuridad reinante y puedan,  ellos mismos, convertirse en faros de luz, que cuando todo este suplicio haya pasado, iluminen el futuro de las nuevas generaciones que necesitarán de su guía. Ellos y ellas, que hoy sienten el peso de la incertidumbre pero que tienen fe y confían en Dios, y en sus propias capacidades,  crecerán en sabiduría como árboles frondosos y darán sus frutos de los que todos los venezolanos nos sentiremos orgullosos.

¡Ánimo, estudiantes venezolanos, muchachos y muchachas de la Universidad de Los Andes, Ánimo, porque el camino que les toca recorrer no es fácil, pero nadie dijo que sería imposible, y ustedes, con su empeño y dedicación verán, en algún momento, sus objetivos cumplidos, mientras tanto no pierdan el tiempo: lean, estudien aunque sea solos, practiquen deportes al aire libre, y sobre todo sean muy buenas personas, sean ejemplo, sean rayos de sol que alumbren las tinieblas, que tarde o temprano habrán de disiparse.

Venezuela los necesita a todos con su espíritu libre, con su rebeldía natural con sus ganas triunfar profesionalmente.

Redacción C.C. 

21-11-2020