¿Será desconocida?

Por: Fernando Luis Egaña…

Los medios oficialistas destacaron unas recientes declaraciones de Aristóbulo Isturiz, según las cuales “el gobierno de Nicolás Maduro Moros no reconocerá la Asamblea Nacional  (AN) presidida por Henry Ramón Allup hasta tanto no acaten los dictámenes del Tribunal Supremo de Justicia”… El titular de la declaración fue el siguiente: “Asamblea Nacional será desconocida si persisten ataques contra el TSJ”.

Las referidas declaraciones no tienen desperdicio. Primero porque los tiempos verbales están mal utilizados. El desconocimiento político de la Asamblea por parte de la hegemonía no es una eventualidad del futuro, sino una constante que lleva ya tanto tiempo como esa misma Asamblea. Segundo porque la manera para formalizar el desconocimiento político de la Asamblea, ha sido, precisamente el TSJ. Y tercero, porque lo único que le falta “dictaminar” al TSJ en relación con la Asamblea es su disolución oficial y definitiva. ¿Cómo se puede acatar eso?

En realidad no hay nada nuevo bajo el sol de la hegemonía roja. Porque ésta, antes con el predecesor y después con el sucesor, llega a reconocer algunos resultados comiciales que le son adversos, pero en cambio no reconoce el efecto y las consecuencias de esos resultados, que es el derecho a ejercer los poderes constitucionales de gobernadores, alcaldes y en el caso que nos ocupa, nada menos que la Asamblea Nacional, el poder público más importante según la propia Constitución de 1999.

Desde antes que la Asamblea se constituyera, ya empezó la hegemonía a buscar neutralizarla. El instrumento más operativo ha sido el TSJ, pero no el único. El desgobierno de Maduro sigue sin rendir cuentas y la bancada oficialista no hace otra cosa que boicotear lo que la Asamblea trata de hacer, es decir cumplir las responsabilidades que le confiere la Constitución. El tipo de régimen que impera en Venezuela no concibe y no tolera el compartir el poder del Estado.

Por eso es una hegemonía despótica y además depredadora, sinrazón adicional para que no rindan cuentas veraces de nada, traten de ocultar la información estatal de cualquier índole, y se nieguen a dialogar con la mayoría de la Asamblea, con amenazas, chantajes y descalificaciones. Por eso resulta absurdo que Isturiz declare que la “Asamblea será desconocida”. Ya lo ha sido a lo largo del 2016 y es notorio el empeño de seguir desconociéndola hacia adelante, incluso cerrando sus puertas. ¿O me equivoco?

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