¿Siente un robot de inteligencia artificial mantenerse en reposo y guardar silencio?

Uno de los mayores bienes del hombre es sentir inteligiendo de una lo inteligido. En esto experimenta o demasiada impaciencia, y, entonces adelantándose a un entendimiento más alto se llamará sabio, aunque no lo sea; o teniendo un tanto más de paciencia no se conforma con los eventos que han de pasar así, sino que “espera” que pasen de un mejor modo.

Ciertamente, el hombre no puede adivinar cómo sucederán los eventos futuros, no obstante, puede conversar con el mayor gusto con eruditos al respecto (campesinos, agricultores, científicos, comunicadores, filósofos, teólogos, etc.), que prestándose recíproca atención —guardar silencio—, sin duda se dan este tiempo, y juntos abordarán la cuestión, ¿qué pueden significar los acontecimientos recientes?

Frente a este tipo de interpelaciones al hombre le ajusta “mantenerse en reposo”, que no es un sueño pacífico imperturbable, sino un guardar silencio interrogando y examinando “estos avatares (presentes)”, para distinguir lo que es verdaderamente distinguible y comunicable de los mismos, de lo que no lo es y quizá de lo que, aun con la casualidad, es completamente improbable que suceda. Así que, ante estas tesis pregunto: ¿siente un robot de IA mantenerse en reposo y guardar silencio?

Esta pregunta coloca, por ejemplo, ante el “dolor sentido”. Al hombre le duele el estómago, y al revelarlo no dice que le duele la cabeza. Si del mismo se queja, ésta no es una actividad abstracta; aun quejándose está aprehendiendo intelectivamente síntomas específicos: ardor, punzadas, etc.

Ahora bien, en este aspecto de sentir intelectivamente la especificidad del dolor, ¿quién lleva la mejor parte? ¿El hombre o el robot de IA? Supongamos que alguien, incluso bromeando diga: “el robot de IA”. En realidad, lo está presentando como un mistificador, pues, él no “se da cuenta”; “se da cuenta” el que sí posee una sabiduría estructural e intrínseca (originariamente humana), el inventor del robot.

De verás, al avance tecnológico no se trata de operarlo con una hostilidad cercana al resentimiento, pero antes de inmoderadamente presentarlo como el que sabe hacer y hablar de todo y dar la impresión de saber todo —véase al respecto la definición de El Capitán, el cual procesa 1,742 exaflops por segundo—, preferible mostrarlo moderadamente, puesto que, en todo el orbe una gran mayoría de hombres y mujeres posiblemente no sean interlocutores capaces de intervenir en argumentaciones relativas sobre ingeniería robótica, genética, IA, etc.; no están familiarizados con lo que están denominando “alfabetización digital”.

Sin embargo, esa gran mayoría de hombres y mujeres, una vez cuestionados por alguna noción de Dios y, aun en sencillas pero convencidas respuestas, puede decir qué es y qué no es, y de qué naturaleza es. Pueden, inclusive, comparársele y afirmar que tienen más afinidad con ÉL que con un robot, comprendido el mejor émulo de algunas características del viviente humano.

Tampoco esa gran mayoría considera que un robot elaborado con una mezcla de elementos sintéticos, al cual le introducen chips de variadísima información, dentro de los que está el encargado de procesar fórmulas químicas y diagnósticos médicos, vale muchísimo más que la ciencia y el arte alcanzadas por la inteligencia biológicamente cerebral de cualquier individuo de hueso, carne, estómago, cerebro y espíritu.

13-02-25

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com