Simón Bolívar sí comió mangos, bebió vino de Burdeos y le gustaba la Torta Melosa

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, nació el 24 de julio de 1783, cuando Venezuela era una Capitanía General del Reino de España.

Hoy celebramos su cumpleaños y lo recordamos porque entre otras virtudes fue un soldado inmortal. Tuvo el coraje de emancipar del yugo español a Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, un hecho histórico por el que sería reconocido luego con el título de El Libertador. Esta gesta fue difícil de realizar y costó muchos sacrificios tanto a quienes lo acompañaron en su lucha como a él mismo.

De él se han escrito extensos tratados: biografías, novelas. Se han hecho muchas películas sobre sus hazañas. A esta fecha han pasado 273 años desde su natalicio y hemos querido recordarlo como el hombre común y corriente, que pasó por una niñez y adolescencia como cualquier otro. No por restarles méritos a su dilatada labor como estadista, sino porque así lo sentimos más cerca de cada uno de los venezolanos en estos difíciles momentos que vive su patria. De esa forma – nos sentiremos – más cerca de él y de su personalidad, tan criolla, como la arepa y la cachapa que tanto le gustaban. Poseía muchas virtudes, pero también defectos como los de cada uno de nosotros.

Bolívar no o era buen mozo, ni musculoso. Tenía, según sus conocidos “una genio de mil demonios”. Según la descripción de Luis Perú de Lacroix, (Bucaramanga 1828) “Su estatura es mediana, el cuerpo delgado y flaco; los brazos, los muslos, y las piernas descarnados. El rostro moreno y tostado, y se oscurece más con el mal humor. Cuando está contento, todo esto desaparece; la cara es risueña y el espíritu del Libertador brilla sobre su fisonomía.

José Antonio Páez lo describe así: …“ El General es todo menudo y nervioso. Tiene la voz delgada pero vibrante. Y se mueve de un lado a otro, con la cabeza siempre alzada y alertas las grandes orejas”. … “El General es decididamente feo y detesta los españoles”…

Simón Bolívar fue un hombre normal, con rasgos muy criollos, y don Alfredo Boulton, en Los Retratos de Bolívar, asegura: “queremos dejar constancia de que en su rostro (el del Libertador) no se percibían características del negro o del indio”.

Bolívar sí comió mangos.

La incógnita sobre si Simón Bolívar comió mango o no lo hizo, fue aclarada suficientemente en un artículo de Patricia Smith el 24/09/2019, quien nos relata: “Cuando Gabriel García Márquez investigaba para escribir la novela «El general en su laberinto», consultó a varios historiadores venezolanos para no excederse en imaginaciones y apegarse a la realidad de la época de Bolívar.

García Márquez escribió que el Libertador había comido mangos en Angostura cuando vivió allí junto a su amada Josefina Machado entre 1817 y 1819.

Sin embargo, el historiador Vinicio Romero le dijo que borrara eso porque el mango llegó a Venezuela mucho después de la Batalla de Carabobo. De hecho hay quienes datan la llegada de esta fruta de la India al país en 1880.

Tan pronto como se divulgó esa anécdota, el investigador Pablo Ojer, aclaró en un artículo en «El Diario de Caracas», que Vinicio Romero había dado información errónea a Gabriel García Márquez, pues tenía pruebas de que el mango había llegado a Venezuela en 1789.

Entonces, y basándonos en hechos históricos comprobados, podríamos decir que nuestro Simón Bolívar no se perdió de la deliciosa experiencia de comer mangos jugosos, deliciosos, a la sombra de esos árboles frondosos que tantos hay en Venezuela. Tal vez, si dejamos volar la imaginación, lo podríamos ver en una patio solariego, meciéndose en su hamaca, y chupando mangos, dulcitos y cariñosos.

Vino de Burdeos y champaña

Perú de Lacroix, que dejó plasmada sus vivencias en el Diario de Bucaramanga, explicó: “Bolívar en el almuerzo no acostumbra tomar vino ni lo pone en la mesa, a menos que sea un caso extraordinario, pero “en la comida toma dos o tres copitas de vino tinto de Burdeos, sin agua, o de Madeira, y una o dos de champaña. Muchas veces no prueba el café. Come bastante en el almuerzo como en la comida…come de preferencia la arepa de maíz al mejor pan: come más legumbres que carne: casi nunca prueba los postres; pero sí muchas frutas”.

Cuentan también que a Bolívar le encantaba la “Torta Melosa” y que su nana, la negra Hipólita, solía consentirlo preparándole dulces de coco. Sus meriendas usualmente eran platos de frutas con miel, aunque también disfrutaba del arroz con leche, los suspiros y los bocadillos de guayaba.

Si en una entrevista imaginaria, al estilo del inolvidable escritor Francisco Herrera Luque, en su obra Bolívar en carne y hueso, le preguntáramos a Simón Bolívar:

-¿Simón ¿ qué quieres para tu cumpleaños?, seguramente nos contestaría.

-Quiero una patria libre, democrática, participativa, próspera. Deseo lo mismo que en mi lecho de muerte: “que cesen los partidos y se consolide la unión”, y quiero también una torta melosa y una jalea de mangos.

Arinda Engelke. C.C.